Imanol cierra el círculo y la Real se saca la espina 33 años después de la gran traición
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Kike Marín

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Imanol cierra el círculo y la Real se saca la espina 33 años después de la gran traición

El equipo donostiarra, liderado por un técnico que siente el escudo como el que más, vuelve a ganar un título y lo hace para confirmar que el cambio fue inevitable y también sostenible

placeholder Foto: Mikel Oyarzabal, con la Copa del Rey ganada en Sevilla. (REUTERS)
Mikel Oyarzabal, con la Copa del Rey ganada en Sevilla. (REUTERS)

Casualmente, pues sabido es que esta final debería haberse jugado en 2020, la Real Sociedad ha vuelto a ser campeona el año en el que se cumplen 40 de su primer título de Liga, con el histórico gol de Zamora en Gijón. La última vez que el equipo donostiarra celebró un título, al margen, claro está, de la Copa de la Reina conquistada en 2019 por el equipo femenino, fue hace 34 años, en la final de Copa contra el Atlético de Madrid disputada en Zaragoza.

Sin embargo, fue un año después cuando la Real disputó su anterior final de Copa. Concretamente, el 30 de marzo de 1988, contra el FC Barcelona en Madrid. Aquel equipo, que también acabaría siendo subcampeón de Liga, cayó en el Santiago Bernabéu ante un Barça que necesitaba ganar el título copero para estar la siguiente temporada en Europa. Dirigido por Luis Aragonés, el equipo catalán tan solo estuvo acompañado por 4.000 aficionados, mientras que la Real movilizó a cerca de 30.000.

Foto: Imanol, técnico de la Real, entre el director deportivo, Roberto Olabe, y el presidente, Jokin Aperribay. (EFE)

Los donostiarras, con Jonh Toshack en su banquillo e históricos como Arconada, Gorriz, Gajate, Larrañaga o Zamora aún en activo, eran los claros favoritos, pero el partido resultó un fiasco y se decidió con un solitario gol de Alexanco. Aunque aún a día de hoy siga resultando difícil de creer, la cuestión fue que tres de los puntales del equipo como eran Luis Mari López Rekarte, Txiki Begiristain y José Mari Bakero tenían cerrado un acuerdo para jugar la siguiente temporada en el Barcelona, de ahí su bajo rendimiento en la final. Normal que en los días previos a la gran cita de Sevilla, los tres fueran ignorados. No, la Real tampoco debe pagar a traidores.

Toshack nunca ha tenido ningún reparo en confesar que "después del partido les dije que había sido un partido de 14 contra 8 porque algunos estaban pensando en otra cosa". Lo cierto es que, efectivamente, ese mismo verano, Rekarte, Txiki y Bakero fueron presentados por José Luis Núñez en el Camp Nou y la Real tuvo que ingeniárselas para recomponer una plantilla que, una temporada después, perdió a los míticos Arconada y Zamora, el alfa y omega del equipo campeón, y vio cómo Loren se marchaba a Bilbao tras pagar el Athletic su cláusula de rescisión.

placeholder Los jugadores de la Real celebran el título de Copa. (EFE)
Los jugadores de la Real celebran el título de Copa. (EFE)

12.057 días después del fiasco de Madrid

Han pasado exactamente 12.057 días después de aquella noche aciaga en Madrid, en la que, para rematar, la Policía Nacional cargó indiscriminadamente a la salida del Santiago Bernabéu contra los aficionados de la Real y más de un autobús tuvo que hacer el viaje de regreso a Gipuzkoa con las lunas rotas. Sí, encima de cornudos, apaleados. Aquella triple traición, unida a otras posteriores como la mencionada de Loren y otra más sonora como la de Joseba Etxeberria, reafirmaron la necesidad de cambiar la política del club y salir al mercado. En cierto modo, puede decirse que la Real tuvo que modificar su filosofía para que otros pudieran mantener la suya.

Desde entonces el club donostiarra emprendió un nuevo camino en el que la cantera nunca dejó de ser su principal sustento, pero resultaba fundamental acertar con unos fichajes que, como le gustaba decir a Toshack, dieran tiempo a los jugadores de Zubieta. A punto estuvo la Real de ganar la Liga en 2003, pero en 2007 bajó a Segunda tras cuarenta años ininterrumpidamente en Primera. Fue un duro golpe, pues al descenso se unió una delicada situación económica y una peligrosa crispación social. Sin embargo, una vez más quedó claro que la Real es una de las pocas cosas que une transversalmente a una provincia tan compleja como Gipuzkoa.

placeholder Imanol es manteado por sus jugadores en La Cartuja. (EFE)
Imanol es manteado por sus jugadores en La Cartuja. (EFE)

Ningún canterano vio ganar a la Real

Sirva el dato de que solo tres jugadores de la plantilla que este sábado de Gloria conquistó la Copa habían nacido aquel lejano 1988. A saber, Miguel Ángel Moyá, Nacho Monreal y David Silva. Ni siquiera lo había hecho Asier Illarramendi, el más veterano de los 18 'potrillos' que completan esta temporada el equipo dirigido por otro canterano como Imanol Alguacil. A la gran gestión económica y social de Jokin Aperribay se ha unido estos dos últimos años la gestión deportiva de Roberto Olabe, quien, después de fallar con el fichaje de Asier Garitano, descubrió que el mejor entrenador posible lo tenía sin necesidad de salir de Zubieta.

Imanol es, sin duda, el principal culpable de que la Real volviera a tomarse en serio la Copa después de un montón de años en los que el despropósito era cada vez mayor. "También soy aficionado, un forofo del equipo", recordó el oriotarra la víspera de la final de Sevilla, donde confesó estar "muy ilusionado y orgulloso de lo que ha hecho este equipo en los dos últimos años. Hemos unido afición y equipo, algo muy grande. Ver, escuchar estos mensajes por parte de toda Gipuzkoa a uno le hace sentirse orgulloso tanto aficionado como entrenador. Hemos hecho algo grande, pero ahora podemos hacer historia". Y dicho y hecho.

"No hay nada más grande que entrar en la historia con tu club", aseguró el técnico txuri urdin en la sala de prensa de La Cartuja, de la que, bufanda en mano, no quiso irse sin antes dirigirse a la afición de la Real y animarles a responderle, aunque fuera en la distancia, al grito de "¡Erreala ale! ¡Irabazi arte! ¡Beti egongo gara zurekin!" —"Hala Real, hasta la victoria, siempre estaremos contigo"—. Ya es mala suerte que la maldita pandemia haya privado a una hinchada que alcanza los 33.950 socios en una provincia que apenas supera los 700.000 de vivir in situ la final, especialmente excitante al ser ante el eterno rival, a quien se confirma ha arrebatado la supremacía del fútbol vasco.

Y es que tampoco puede ser casualidad que el equipo donostiarra haya vuelto a ser campeón con una de las mejores remesas de su cantera, futbolistas como Monreal o Mikel Merino que antes hubieran acabado en Bilbao y ante su último gran traidor, Iñigo Martínez, quien también fue protagonista del partido al provocar el penalti que permitió el gol de Mikel Oyarzabal. Al central internacional le perdió la ambición económica, aunque pretendió venderla como deportiva. "Vengo a un grande, aquí no vale quedar en la mitad de la tabla", llegó a declarar el futbolista que lució el acertado eslogan de la Real "yo no tengo segundo equipo".

Los tiempos han cambiado y el club donostiarra ha crecido económicamente lo suficiente como para poder competir con sus depredadores habituales. Sirvan para ellos los ejemplos de Illarra, quien después de no triunfar en el Real Madrid no quiso ir a Bilbao y volvió a casa, o del mismísimo Oyarzabal, varias veces tentado, pero siempre con un no por respuesta. Además, la Real no ha renunciado a seguir siendo una institución que une y se expande y un sentimiento que no es excluyente, pues, como dijo Xabi Prieto, "cuando alguien se pone la camiseta de la Real, ya es de aquí".

Foto: Xabi Prieto, junto al presidente de la Real Sociedad, Jokin Aperribay, tras el anuncio de su retirada. (EFE) Opinión

"Me gustaría que, con la referencia de aquella Real campeona, la mejor Real todavía esté por llegar", aseguró Roberto Olabe hace unos meses. Y en ello están. De momento, con la tercera Copa del Rey, la que culmina un cambio que fue inevitable, aunque no por ello cambiara la esencia de lo que es un club de cantera, y sirve para reconocer a tantos que durante tanto tiempo tuvieron que esperar para ver a la Real ser campeona. Ya sea sobre el césped o en la grada, una doble condición que Imanol quizás representa mejor que nadie, y por ello le ha llevado a cerrar el círculo 33 años después.

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