'Shock' nacional: iremos a la Eurocopa con la Selección menos ilusionante que se recuerda
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Alfredo Pascual

Agresión sin balón

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'Shock' nacional: iremos a la Eurocopa con la Selección menos ilusionante que se recuerda

Los constantes cambios en las convocatorias han terminado por desorientar al aficionado

placeholder Foto: Luis Enrique conversa en un entrenamiento con Sergio Ramos. (Reuters)
Luis Enrique conversa en un entrenamiento con Sergio Ramos. (Reuters)

Decía José Emilio Santamaría, uno de los seleccionadores más maltratados que ha tenido este país, y ya es decir, que en España hay 40 millones de entrenadores, cada uno con una idea nítida acerca de cómo ganar un Mundial, pero que al final el puesto de trabajo solo se lo jugaba él.

Las convocatorias para grandes torneos siempre vienen con su polémica bajo el brazo y a lo largo de los años hemos aprendido que el tono de la bronca no tiene relación con el desenlace final. Recuerde que aquel estruendo tras el Mundial de 2006, cuando Luis Aragonés dejó en tierra a Raúl, fue el arranque de la edad de oro del fútbol español, o las dudas que había con Marcos Senna para de la Euro 2008, donde se dedicó a dar clases de fútbol a italianos y alemanes. Por supuesto, también están las interpretaciones a toro pasado, que adaptan los hechos a un relato preconcebido: así, para unos el empeño de Luis Suárez en alinear a toda Quinta del Buitre fue responsable del batacazo del Mundial 90, y para otros su ausencia nos privó de llegar más lejos en Estados Unidos con Clemente.

Foto: Ramos y Luis Enrique, en una rueda de prensa de 2018. (Reuters)

No obstante, ninguna de estas decisiones tiene la magnitud de la que ayer tomó Luis Enrique. El asturiano no solo ha prescindido de Sergio Ramos, capitán y parroquiano en la Roja desde tiempos de Zapatero, sino que ha liquidado todo rastro del Real Madrid en la Selección en un torneo internacional. Es la primera vez que sucede en los cien años del equipo nacional y lo hace en un año en el que los blancos han tenido opciones de ganar Liga y Champions hasta el último momento.

El problema no es que los aficionados se quejen de tu alineación, sino que dejen de verte

No podemos saber si Luis Enrique tenía razón, pero incluso dándosela, admitiendo que Ramos a medio gas y en pleno 'egotrip' no era la mejor opción y que Nacho, con toda su buena actitud, no encaja en el perfil de central que busca el entrenador, la decisión de no contar con ellos supone un 'shock' emocional para los aficionados. Y llega en un momento delicado para la Selección, después de una fase clasificatoria con mucha rotación de jugadores y no tanto fútbol, en la que no se ha conseguido enganchar al espectador. Durante el último año la Selección ha entrado en mínimos de audiencia por televisión, perdiendo hasta un 20% de público con respecto a los clasificatorios de 2015.

Y ya sabe que el gran problema en la economía de la atención no es que el cliente se queje, sino que deje de comprarte.

La Selección no ilusiona, pero no toda la culpa es de Luis Enrique. Existe un tic coyuntural en el aficionado, propio de los viejos imperios, que nos lleva a identificar al nuevo Iniesta en cualquier chaval con maneras, lo que sume en la melancolía a ambas partes, pero también hay una desconexión popular con el proyecto que tiene que ver con el técnico y su revolución apresurada. "¿Está jugando España? ¡No conozco a casi ninguno!", suelen decir los compañeros del periódico al pasar por delante del televisor de Deportes. Pesa, claro, que muchos jueguen fuera de LaLiga, pero también el constante trasiego de jugadores por la Selección que ha terminado por desdibujar el grupo en el imaginario colectivo.

Luis Enrique deja fuera de la Eurocopa a Sergio Ramos: ''No ha sido una decisión fácil''

Quizá, como aquel Estrella Roja de 1991, la Selección esté llena de estrellas, solo que aún no sabemos que lo serán, pero hoy son un grupo de jóvenes, más o menos prometedores, con los que los españoles todavía no han conseguido identificarse, y conviene saber a quién le tienes que rezar. Pero Luis Enrique no ha hecho la menor concesión emocional, ya sea negándole a Iago Aspas, eterno genio entre la niebla, la posibilidad de un último baile en el centro de la pista, o arrancando de cuajo al capitán que, pese a estar tieso, sin ritmo y descentrado, deja un vacío de liderazgo imposible de tapar en tres semanas. Si a esto se suma la desazón del madridismo por no verse representados, que a la sazón son prácticamente la mitad de los españoles, nos encontramos con que la decisión del seleccionador, por audaz, le ha dejado solo.

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