Cuando todos somos Camacho (y Carlos Boyero)
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Carlos Prieto

Agresión sin balón

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Cuando todos somos Camacho (y Carlos Boyero)

Contracrónica psicodélica del España-Italia

placeholder Foto: Morata, tras marcar el gol. (EFE)
Morata, tras marcar el gol. (EFE)

Resultado: España 1 - Italia 1. Sinopsis: España jugó a la española e Italia a la italiana. Ganó Italia en los penaltis. Humor del español medio: infartado. Estado mental de Camacho: en paz/en sintonía con el español medio.

La bolita

Pregunta del millón antes del partido: ¿quién tendrá la bolita? España era el equipo con mayor posesión de la Eurocopa, con un 73%, e Italia el tercero, con el 57%. España lleva siendo la yonqui mundial de la posesión desde 2008, con grandes subidones, cuando la mandanga circuló rápido y vertical, y grandes depresiones, cuando lo hizo lenta y horizontal. La Italia de la Eurocopa había sido (hasta anoche) lo que la España de Luis Enrique quería ser: posesión, verticalidad, intensidad y juego vibrante, lo que tiene mérito viniendo Italia de donde viene, del 'catenaccio' del 1-0 y defender a muerte. Italia había pasado del ‘amarrategui’ al ‘ataquealoloqui’, que es como si Rocío Monasterio se convirtiera de pronto en militante lesbiana comunista: un viaje complejo y digno de estudio.

placeholder Dani Olmo, en el partido contra Italia. (Reuters)
Dani Olmo, en el partido contra Italia. (Reuters)

No obstante, pronto quedó claro que disputarle el balón a España es más complicado que decir '¡weah!' mejor que Julio Iglesias, y que Italia iba a ser más la Italia tradicional que la Italia contracultural. España controló el juego y tuvo oportunidades, pero le faltó pegada. La Italia chispeante permaneció agazapada, pero golpeó primero en una contra vertiginosa...

Lars von Trier

Quizá conozcan ustedes una película espantosa de Lars von Trier llamada 'Bailando en la oscuridad', en la que el epatante director danés sometía a una pobre ciega (Bjork) a todas las penalidades posibles. Pues bien: la España de la Eurocopa ha sido la pobre ciega, puro gafe, un 'remake' tragicómico de 'Bailando en la oscuridad'. Luis Enrique cabreó a muchos por no llevar a ningún jugador del Real Madrid, Morata fue increpado en un amistoso por sus propios aficionados, el jugador con más galones (Busquets) pilló el covid, empataron los dos primeros partidos de la competición, la prensa montó la de dios, Morata fue linchado (otra vez), el equipo combinó los dos peores vicios posibles: que te cueste mucho marcar y que a tu rival no le cueste marcarte, fallaron dos penaltis, el portero hizo una cantada histórica, etc., etc., etc.

Disputarle el balón a España es más complicado que decir '¡weah!' mejor que Julio Iglesias

Se daban todas las condiciones para que España muriera tras pisar una cáscara de plátano (y para que Lars von Trier rodara una película llamada 'Luis Enrique ha sacado una escopeta'), pero España rozó la final, porque nadie contó con la capacidad de una Selección imberbe de reponerse a las fatalidades, como empatar al final a Italia. Eso sí, ganar dos partidos seguidos con penaltis igual era mucho pedir...

'Celebrities'

He soñado con Carlos Boyero en Cannes cubriendo el estreno de ‘Insolación y muermo’, aclamada película de un cineasta lituano llamado Plomov Densidovski. Tras verla (o algo), Boyero escribió: "Bodrio. Insultante. Gilipollez absoluta del gurú de los modernos cretinos. Me salí a los cinco minutos del cine... De hecho, ni siquiera llegué a entrar, tengo mejores cosas que hacer, como ver 'El Padrino' en calzoncillos y comerme los hígados de Densidovski acompañados de habas y un buen Chianti".

Un periodista normal no puede permitirse presumir de no hacer su trabajo, como hace Boyero cuando se jacta de no acabar las películas, igual que un periodista normal debería poder enlazar más de dos frases seguidas con sentido, algo que no siempre logra Camacho en sus retransmisiones de la Eurocopa. Pero Camacho y Boyero juegan en otra liga, la de las 'celebrities' más grandes que la vida. Lo que los españoles esperan de ellos es que desparramen, que Boyero insulte al nuevo Godard y que Camacho se invente los nombres de los defensas rivales de España.

En esta Eurocopa de las sorpresas, solo ha habido una cosa inmutable: cada vez que Camacho abre la boca, sube el pan. Ha soltado todos los tópicos futbolísticos posibles, ha metido patadas al diccionario y a la lógica, ha gritado y ha puesto a España por las nubes contra viento y marea. Pero, ¡ay!, su figura se ha agigantado con el paso de los días porque... los españoles se han camachizado. En efecto, según avanzaba la Selección a trompicones, con aciertos gloriosos y errores catastróficos, la montaña rusa emocional se ha llevado por delante lo racional: los españoles han acabado berreando a la tele, diciendo frases entrecortadas absurdas y barriendo para casa, es decir, camachismo en estado puro. O cuando te da todo igual y estás en tu casa sin camiseta, ebrio, soplando una vuvuzela y abrazando histérico a tus hijos tras marcar Morata. O sollozando de rodillas tras ganar Italia en los penaltis. Durante un instante mágico de comunión con el caos, TODOS FUIMOS CAMACHO. Esto sí que no lo vimos venir.

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