Por qué la selección femenina es el mejor equipo de la historia del baloncesto español

Ha ganado ocho medallas europeas, han subido al podio mundialista dos veces y ha ganado una plata olímpica. Todo eso en los últimos 17 años

Foto: Es oro del bueno, ¿no?. (EFE)
"Es oro del bueno, ¿no?". (EFE)

Que nadie se lleve las manos a la cabeza todavía. En un país (y en un mundo) donde la mujer vale menos que el hombre en el deporte, puede parecer un sacrilegio afirmar que hay un equipo mejor que una selección masculina campeona del mundo que ha puesto dos veces contra las cuerdas a Estados Unidos en la final olímpica y domina en Europa con mano de hierro. También puede parecer una idea nacida de la euforia, sin que haya transcurrido el tiempo necesario para un análisis más frío. No lo niego. Pero les aseguro que hay razones para que, como mínimo, haya debate.

Con el oro europeo ganado este domingo, la selección femenina ya suma once medallas en lo que va de siglo. Once. Las mismas que el equipo masculino, que en septiembre puede ganar la duodécima. Las primeras llegaron en los últimos coletazos de la generación que había ganado el oro europeo 1993, las siguientes en el esplendor del grupo que lideraban Amaya Valdemoro y Elisa Aguilar y las últimas ya con un equipo que ha superado muchos de los análisis que se hicieron tras el subcampeonato mundial de 2014. Si alguien pensó entonces que la selección había tocado techo, estaba muy equivocado. Lo mejor estaba por llegar.

Dice Laia Palau, capitana de la selección, que ella y sus compañeras son bajitas, jugonas y con mala leche. Es una idea en la que ha incidido en muchas ocasiones. "Recuerdo que veíamos a esas rusas esbeltas y larguísimas y decíamos: 'Madre mía, ¿qué vamos a hacer contra estas tías?'. Pero lo suplimos con carácter, con agresividad. No podemos jugar de otra manera, España tiene que ser así. Y en chicos es lo mismo. Dentro ya tienen a un Pau o a un Marc, pero por fuera son unos canijos. Y ganan todo. Eso nos ha hecho desarrollar otras habilidades. Si salto y no la cojo, pues habrá que hacer una montañita entre todas y cogerla", explicó el año pasado en este periódico.

El problema de destacar eso una y otra vez es que, sin ser mentira, se convierte en cliché y acaba por ocultar otras virtudes que son igual o más importantes. Las jugadoras españolas son bajitas (aunque un repaso a la altura media de todos los equipos del EuroBasket revela que no tanto como creen), tienen mala leche, van sobradas de capacidad de sacrificio y son guerrilleras y luchadoras, adjetivos que usan ellas mismas. Todo eso es cierto y ayuda a explicar sus éxitos, no solo en la selección, también en sus clubes. Pero por encima de todo son muy, muy buenas.

Las 12 jugadoras de la selección española campeona de Europa en Praga (República Checa) este domingo. (EFE)
Las 12 jugadoras de la selección española campeona de Europa en Praga (República Checa) este domingo. (EFE)

"No vamos sobradas de nada", repiten. Y se equivocan. No hay un equipo con la inteligencia táctica del español. "Lo relevante es la capacidad defensiva que hemos tenido en los tres partidos directos", apuntó el seleccionador, Lucas Mondelo, tras la final contra Francia. "Ayer, Bélgica parecía que eran malas, y no lo eran. Hoy han arrollado a Grecia en la lucha por el bronce. Y hoy en la final las chicas lo han bordado, han interpretado perfectamente lo que habíamos previsto, y han hecho más, porque tienen una capacidad de sacrificio y de lectura de juego brutal".

Esta selección lleva ya unos años bordando su baloncesto, un baloncesto de guerra de guerrillas, pero tremendamente efectivo. Este equipo no tiene un Pau Gasol. Y no, Sancho Lyttle no lo es, por mucho que su presencia en el equipo sea fundamental. Quizá sí tenga un Juan Carlos Navarro en la figura de Alba Torrens, una estrella cuyo nombre debería aparecer cada vez que se hable de lo mejor de la historia del baloncesto español, si algún día alguien se digna a hacer una lista que no distinga entre géneros. Y por supuesto tiene un grupo de jugadoras (Marta Xargay, Silvia Domínguez, Laura Nicholls) que no son estrellas, pero sí elite de su deporte.

"Tenemos que buscar una palabra nueva para definir a este equipo porque leyenda ya se queda corta. Estoy muy feliz porque tengo mucha suerte de estar con este cuerpo técnico y con estas jugadoras", declaró Mondelo, el entrenador que ha convertido un equipo que ya era muy bueno cuando él llego en 2012 en el segundo mejor del mundo.

El deporte femenino está tan maltratado (entono el 'mea culpa'), que solo pretender comparar a una selección femenina con una masculina parece una osadía. Son mundos diferentes, pero eso no debe llevarnos a infravalorar los éxitos de ellas, que se merecen el mismo reconocimiento. En todo caso, su mérito es mayor porque en el camino para alcanzar sus éxitos (que no andan muy lejos de los masculinos) han encontrado más obsctáculos: sueldos mucho más bajos, competiciones peor organizadas, menos oportunidades, emigración casi forzosa... Lo han tenido más difícil, y sin embargo han convertido a España en la gran potencia europea del baloncesto femenino en el siglo XXI.

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