TEMPLO DE ESTUDIANTES

La nieve hundió La Nevera, el desbaratado gimnasio de mis sueños

Filomena destrozó el techo de La Nevera, icónico gimnasio del Ramiro de Maeztu por donde han pasado gran parte de los históricos del Estudiantes

Foto: El techo quedó fuertemente dañado durante las nevadas (Efe)
El techo quedó fuertemente dañado durante las nevadas (Efe)

Era el año 1955. El puñado de gente de Estudiantes sacaba pecho; campeones de Castilla. Nada menos. “Os agradará saber que Pío XII –decía D. Eduardo Granda, el padre espiritual del Ramiro de Maeztu de entonces- ha hablado de deporte y ha visto deporte. Recordad que no hace mucho su Santidad presencia (sic) la exhibición de baloncesto del equipo negro del Harlem. Le llama la atención la elegancia y el ingenio del juego. Es un deporte inteligente”.

Así empezábamos una Carta, en el año 2012, con motivo del descenso del primer equipo masculino a la Liga LEB, finalmente no consumado. Para los no iniciados, estos términos como “descenso”, “hundimiento”, “fracaso”… son muy del agrado del común aficionado al deporte en nuestro país. “Ya vendrán otros que nos harán buenos”, solía ser el mantra de un profesional de los despachos. “El futuro sólo puede ser peor, ¿acaso no te das cuenta?

¡A reconstruir ese puñetero gimnasio, que los chavales tienen derecho a su mejor partido!

De la bendecida victoria en aquel campeonato de Castilla, a esta última década de cierta agonía por los campos de España, y el Papa Francisco, que sepamos, sin haberse declarado fan de nuestro inteligente deporte. En total, cumpliremos 73 años de completas peripecias en 2021. Desde unos ingeniosos cánticos, hasta unas absurdas reclamaciones a los cuatro vientos; de estar a dos partidos de la conquista del cielo europeo subidos a La Demencia, a bordar el descenso a los infiernos a lomos del sinsentido; del estreno del flamante “Campo Nuevo” en 1957, aprovechando la primera edición de la que hoy es ya sin duda la mejor Liga de Baloncesto Nacional jamás construida en el continente, hasta el “hundimiento” de La Nevera, coincidiendo con la mayor nevada madrileña que se recuerde.

La instalación ha quedado inutilizada (IES Ramiro de Maeztu)
La instalación ha quedado inutilizada (IES Ramiro de Maeztu)

Permítanme, por un día, avanzar esta Carta entre hipérboles. Es una concesión que “¡me la merezco; me la merezco!” (los amantes del fútbol que ya no cumplan 45 años sabrán interpretar las comillas). Ese “Campo Nuevo”, techado nueve años más tarde, rebautizado como La Nevera casi desde entonces y hoy hundido sin remisión, no solamente ha sido durante esta siete décadas el gimnasio de la escuela de mis tíos, padre, hermanos, primos y sobrinos, sino que un día, una mañana fría de domingo, parecida en temperatura, supongo, a la de este 10 de enero de 2021, me permitió interpretar el partido soñado de cualquier adolescencia que se precie, tan llena de hormonas como vacía de reflexión.

Más de 30 puntos, y ni una sola asistencia de canasta a un compañero -que recuerde-, fue mi regalo a Virginia, la niña “más guapa de segundo de BUP que he visto en mi vida”, según me atreví a importunarla dos días antes para que me dejase invitarla al partido. “¡Ni un puñetero pase dentro, macho, ya te vale!” fue la manera en que Alfonso Reyes me importunó apenas un minuto después de la hazaña. Mi partidazo no le duró a Virginia ni dos meses, pero la amenaza de Alfonso me sigue acompañando de vez en cuando en las noches oscuras del alma.

Martínez-Arroyo, durante su época como jugador estudiantil (Efe)
Martínez-Arroyo, durante su época como jugador estudiantil (Efe)

Se ha hundido La Nevera, queridos lectores. Mi campo soñado. Mi desvencijado y desapacible gimnasio del colegio. Y, como ya hice en 2012, me atrevo a enviar dos propuestas para una inmediata reconstrucción: “Aprended que la derrota nunca es definitiva cuando se cuenta con un cuerpo sano y un alma noble”, para la comunidad del Ramiro de Maeztu a la que le vaya más el estilo del Padre Granda.

O “los dedos de las manos, los dedos de los pies, la polla y los cojones suman siempre 23”, para todos aquellos que prefieran el Ramiro del Gavioto. Y ya que mañana va a ser el primer día del “Nuevo Campo”, que volverá a crecer como un viejo gimnasio, propongo que invitemos a la Reina de España y al Presidente del Gobierno para que nos pongan la primera piedra juntos, que algo tendrán que algo tendrán que aportar al gimnasio de su cole, digo yo. Si se niegan, se lo chivaré a Alfonso Reyes, o a su hermano Felipe, todavía en activo y en perfecto estado de revista. “¡A reconstruir ese puñetero y desvencijado gimnasio, ramireños, que los chavales tienen derecho a seguir planificando su mejor partido de todos los tiempos!

Cartas Deportivas