Kobe Bryant, el mito destinado a unir los dos mejores baloncestos
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Pablo Martínez-Arroyo

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Kobe Bryant, el mito destinado a unir los dos mejores baloncestos

En el aniversario de la muerte del histórico jugador de los Angeles Lakers conviene recordar los orígenes europeos de su juego, cultura y hasta forma de ser

placeholder Foto: Kobe Bryan, en una fotografía de archivo. (Reuters)
Kobe Bryan, en una fotografía de archivo. (Reuters)

Cuando se cumple un año de su trágico fallecimiento, vuelve Kobe Bryant a las páginas deportivas, y también a los ‘ecos de sociedad’. Su muerte fue muy lamentada por dos motivos fundamentales; el puramente humano -en el accidente de helicóptero fallecieron su hija y ocho personas más-, y por supuesto el del mito del deporte; “ha muerto el mejor de toda la Historia de la ‘Familia Lakers’”, como manifestó ‘Magic’ Johnson, con la terminología que los fans de baloncesto de Los Angeles suelen utilizar para demostrar un sentido de pertenencia a una de las 30 franquicias de la NBA, algo que desde la ‘Vieja Europa’ y sus centenarios clubes deportivos solemos contemplar con cierto escepticismo.

En esta Carta, queremos dejar un lamento adicional por el fallecimiento de Kobe, que nos estuvo rondando en la cabeza durante aquellos días. Dada su especial conexión con Italia, la estrella siempre manifestó su interés por el deporte europeo y sus profesionales. Debido a esto, teníamos la intuición de que Kobe hubiera sido la figura ideal para conectar de alguna manera los dos mercados más potentes de su deporte; la NBA y la Euroliga.

placeholder Rieti Pallacanestro, equipo italiano en el que el estadounidense Kobe Bryant jugó en su juventud, retiró su camiseta. (EFE)
Rieti Pallacanestro, equipo italiano en el que el estadounidense Kobe Bryant jugó en su juventud, retiró su camiseta. (EFE)

El padre de Kobe, como sabrán los aficionados al baloncesto, fue también un excepcional jugador. Joe Bryant, era un tipo elegante de más de dos metros de estatura, que tras jugar en la NBA fue fichado en el lustroso ‘pallacanestro’ italiano de mediados de los años 80 como la ‘estrella americana’ capaz de marcar diferencias. Desde los 6 hasta los 13 años, por tanto, una edad que determina y cimenta tantos aprendizajes, Kobe tuvo que vivir junto a sus padres en 4 ciudades italianas diferentes, al centro, sur y norte del país (recalaron en Rieti, cerca de Roma; estuvieron un año en Reggio Calabria, la punta de la ‘bota’, con vistas a Sicilia; posteriormente en Pistoia, al lado de Florencia, y acabaron su periplo en Reggio Emilia, a dos pasos de Bolonia).

Los apuntes que nos llegan del chaval de aquella época, están lógicamente marcados por su incipiente excelencia deportiva; por su facilidad para botar y tirar a canasta; por su necesidad de hacerlo a todas horas y la capacidad para atraer la atención (utilizaba los intermedios en los partidos de su padre para ir tentando el escenario de sus futuros éxitos). Y, sin embargo, muy por encima del baloncesto, esos años de Kobe en Italia lo empaparon sobre todo de un idioma que llegó a hablar “casi como su lengua materna”, y de unas costumbres de las cuales presumía a la menor ocasión.

En numerosas declaraciones, Kobe puso de manifiesto su conocimiento de lo que venía sucediendo en el baloncesto europeo, pero también de lo que pasaba alrededor de nuestro fútbol (se manifestaba como un seguidor incondicional del AC Milan, y un gran admirador del FC Barcelona), usándolo como un evidente signo de distinción. Una distinción que le hacía alguien más atractivo para los medios de comunicación, pero también lo convertía en un gran portavoz de los profesionales norteamericanos en los eventos fuera de sus fronteras. Si algo se ha echado en cara a los jugadores norteamericanos de la NBA, ha sido un habitual desinterés por el resto de ‘baloncestos’, si se nos permite la expresión. Un cierto aire de superioridad que podía resultar incluso molesto. Probablemente sintiéndose ‘superior’ a ellos, a Kobe le encantaba ejercer de profesor de cultura europea y de ‘educación para la chavalería’, siendo esta segunda asignatura muy valorada por los dirigentes, que siempre han entendido la buena educación como un importante activo en la búsqueda de nuevos clientes.

placeholder Kobe y Pau, juntos en el banquillo durante su etapa en los Lakers. (EFE)
Kobe y Pau, juntos en el banquillo durante su etapa en los Lakers. (EFE)

La mezcla del Kobe que en la pista había tenido que “humillar” deportivamente incluso a su “hermano” Pau Gasol, con ese “gentleman” recién jubilado que parecía un modelo de Armani, que respondía en las ruedas de prensa en un muy correcto italiano y se admiraba de la gran capacidad del jugador europeo para dominar los fundamentos del juego -tal vez "fruto de una mejor educación deportiva en las etapas de formación", según reflexionaba-, nos tenía muy atentos a sus proyectos futuros.

Tras este año de obligado paréntesis global en lo que concierne a la búsqueda de nuevos retos, a este que les escribe las cartas le dio por imaginar un baloncesto europeo con capacidad de seguir creciendo, y de acercarse a la NBA en estructura y vigor de sus mercados principales. Y la imagen que nos emocionaba era la de Kobe Bryant presidiendo la final del Campeonato del Mundo de Clubes entre sus Angeles Lakers y ‘su’ Olimpia Milan, para proclamar un verdadero ‘World Champion’ anual del baloncesto. Tal vez sea un bonito reto para su “hermano Pau”. Ahí lo dejamos, por si quieren seguir soñando conmigo.

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