"No puedo seguir": se cumplen 15 años del instante en que Pau Gasol nos dejó sin aliento
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Pablo Martínez-Arroyo

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"No puedo seguir": se cumplen 15 años del instante en que Pau Gasol nos dejó sin aliento

¿Se quedará un año más en las canchas Pau Gasol? Han pasado ya tres lustros de la inesperada lesión que dio lugar a la camiseta de calentamiento más recordada de la historia de nuestro deporte

placeholder Foto: Gasol es transportado por Garbajosa y su hermano tras la lesión. (REUTERS)
Gasol es transportado por Garbajosa y su hermano tras la lesión. (REUTERS)

Tras la retirada de Carlos Cabezas, honrada en Málaga como merece otro de los grandes jugadores de una generación irrepetible, ya solamente queda Pau Gasol por decidirse; ¿se quedará un año más? ¿Estará preparando una bonita fiesta de despedida?

En un momento así, nos apetecía acordarnos del partido que cambió para siempre la historia del equipo nacional, la semifinal del Mundial de Japón 2006 frente a Argentina, con aquel instante dramático protagonizado precisamente por el mayor de los Gasol.

Se cumplen 15 años del PAU TAMBIÉN JUEGA, la inesperada lesión que dio lugar a la camiseta de calentamiento más recordada de la historia de nuestro deporte.

El 1 de septiembre de 2006 las cosas estaban saliendo a pedir de boca para la selección española de baloncesto. La semifinal, dura como siempre ante un equipo argentino a la altura de su gran generación, se había logrado controlar. Los magníficos minutos del joven Sergio Rodríguez, con la capacidad que siempre tuvo para cambiar ritmos y animar a sus compañeros, habían permitido al grupo de Pepu Hernández ponerse por encima en el marcador. La clasificación para la final del Mundial estaba, por primera vez, a dos minutos vista, y un hombre centraba todas las miradas; por supuesto las de sus compañeros, pero también las de los millones de espectadores que nos citábamos esa sobremesa con un equipo tan sugerente.

Pau Gasol, con veintiséis años entonces, lucía la barba que le había dado una nueva personalidad en la NBA. El niño prodigio, que se fue a Estados Unidos apenas veinteañero, transformado en el hombre clave de una cordada española capaz de divisar la cima del baloncesto Fiba.

placeholder Foto de España campeona. (REUTERS)
Foto de España campeona. (REUTERS)

Desde el seleccionador, hasta el último de sus compañeros, todos eran conscientes de que el balón tenía que acabar en las manos de Pau. La comunicación no verbal (las miradas, los gestos, la elección de los movimientos ofensivos) así lo vaticinaba.

Un ligero empujón

España estaba solamente cuatro puntos por delante en el marcador, 71-67, y faltaban dos minutos para la conclusión. La bola llegó hasta sus dominios en el poste bajo y, con la capacidad para interpretar la jugada más adecuada, Pau buscó el contacto que lo proyectara a través de un reverso por la línea de fondo y le diera una clara opción de canasta. El defensor argentino, el pívot Fabrizio Oberto, se venció hacia el lado opuesto tras la finta del jugador español. Gasol sólo tenía que finalizar su belleza de movimiento, anotando él mismo, o cediendo el balón para que otro compañero completara la acción.

Y entonces ocurrió lo inesperado.

La cámara, situada debajo de la canasta, nos enseñaba el reverso de gran categoría cuando, de repente, el gesto facial de Gasol cambió por completo. El árbitro hacia sonar su silbato por el ligero empujón del jugador argentino, justo en el momento en que Pau se desplomaba sobre el parqué, al tiempo que trataba de enviar el balón en dirección de algún compañero. Algo se había estropeado. La mirada hacia el banquillo, mientras sus manos agarraban el pie izquierdo, nos dejó a todos sin aliento.

El breve silencio de los comentaristas, fue sucedido por unos planos directos sobre la estrella de la selección, mientras el partido se detenía con un tiempo muerto. La ayuda de los compañeros puso a Pau en pie, llevándolo hasta el corrillo del equipo, donde tomó asiento rápidamente y se puso en manos del doctor, que no perdía detalle de las explicaciones. Desde la posición de comentaristas, o desde nuestros hogares, sólo podíamos aventurar lo sucedido. El asunto parecía preocupante, pero nada más se podía saber.

Dos tiros libres

Finalizado el tiempo muerto, Pau se levantó y se dirigió hacia la línea de los tiros libres. La esperanza de que pudiera finalizar el partido, y de que todo hubiera sido solamente un susto, se hacía presente en todos los aficionados. Las cámaras volvieron hacia él. El partido de baloncesto, la expresión del trabajo de un equipo, eliminaba todo el resto de detalles, y sólo tenía en cuenta el protagonismo de un individuo. Era el momento de Pau. Y estaba en serios problemas. Su gesto de dolor era evidente. Tanto, como la necesidad que tenía el equipo de él. En la línea de tiros libres, a 4’60 m. del aro, podía elevar la ventaja de España a seis puntos, con 1’30 min. por delante, dejando casi sentenciado el pase a la final del Mundial. De todas las virtudes que han acompañado a Pau en el juego del baloncesto, los tiros libres no estuvieron nunca entre las más destacadas. Sin embargo, y con unos gestos evidentes de que no iba a poder seguir en la cancha después, logró encontrar la concentración necesaria, o la rabia adecuada, para embocar ambos y dirigirse inmediatamente, cojeando, al lugar del banquillo que ocupaban los doctores del equipo.

Lo relatado aquí, no debió durar más de 5 minutos de tiempo real, pero es uno de los momentos que todos los aficionados al equipo nacional de baloncesto masculino seríamos capaces de trasladar a las siguientes generaciones. El trabajo en equipo es una labor constante, de largo aliento, repartida en el tiempo. Pero, del mismo modo, también es la suma de un montón de detalles, algunos de los cuales puede aislarse de forma evidente.

¿Dónde estabas tú cuando Pau metió aquellos dos tiros libres y se fue cojeando hacia el banquillo casi con lágrimas en los ojos?

A veces, es difícil identificar el instante preciso en el cual un gran deportista inicia un camino diferente al resto, que lo proyecta a otra dimensión. Pero nos atrevemos a decir hoy, con quince años de perspectiva a nuestra espalda, que aquel inesperado traspié de Pau fue el interruptor necesario para la transformación de jugador especial, en un personaje deportivo de leyenda.

Pau Gasol
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