Eliminar a las azafatas del beso en el ciclismo, una victoria contra el machismo

El Tour Down Under sirve como ejemplo al resto de carreras del mundo al sustituir a las mujeres que promueven el estándar de belleza por jóvenes promesas que podrán conocer a sus ídolos

Foto: Esta imagen no se volverá a ver en el Tour Down Under (Dan Peled/EFE/EPA).
Esta imagen no se volverá a ver en el Tour Down Under (Dan Peled/EFE/EPA).

El director de la Vuelta a España me decía una cosa esta misma semana que bien se puede aplicar al asunto que envuelve este texto. "Llevamos instalados en el 'no' demasiado tiempo y no nos está trayendo nada bueno". Él lo decía en relación a la polémica reducción del número de corredores por equipo en las grandes vueltas y en las principales carreras menores. En España y en esas carreras se quiere evolucionar en un sentido que, como vimos, puede ser bueno o malo, pero es un paso. Sin embargo, en otro sentido, el pasado manda. El pasado más casposo y grasiento, como el pelo de Jack Sparrow. Hablando de ciclismo y de asuntos turbios de antaño podríamos pensar que vamos a hablar de dopaje, eso sería demasiado típico. Porque vamos a hablar de un tema mucho menos tratado, mucho menos criticado y que igualmente debe ser señalado: el machismo en el podio.

¿De verdad tan poca gente se pregunta por qué tienen que haber dos mujeres atractivas dando un beso al ganador de la etapa? Me explico: si hubiera una mayoría que se cuestionara la necesidad de ese acto sexista, dejaría de producirse inmediatamente, ya que no admite a razones su existencia. Hablamos de esa sencilla acción que vemos en prácticamente todas las carreras del mundo: dos mujeres jóvenes de gran belleza sonríen a cámara mientras entregan un ramo y otro detalle al ganador de la etapa, al líder de la general, al líder de la montaña... al que suba por allí, para después acabar dándole cada una un beso en la mejilla. Un hecho tan arraigado en el ciclismo mundial que chocaría enormemente que desapareciera de la foto final de cada etapa.

La Vuelta no ha dado muestras de querer cambiar su tradición (Javier Lizón/EFE).
La Vuelta no ha dado muestras de querer cambiar su tradición (Javier Lizón/EFE).

Sorprenderá primero donde primero amanece. Australia ha querido dar un paso adelante en este asunto y ha decidido prescindir de la histórica figura de las azafatas. En el próximo Tour Down Under, la primera gran competición de 2017, no habrá mujeres besando a los ganadores en el podio, sino jóvenes promesas ciclistas entregando los detalles a sus referencias, a sus ídolos, a esos corredores que les sirven de inspiración para subirse cada mañana a la bicicleta y entrenar mientras siguen en el colegio. ¿Qué les parece más apropiado, las azafatas o los niños?

Extrapolémoslo al deporte que sirve como ejemplo para todo, el fútbol. ¿Se imaginan a dos jóvenes atractivas entregando la Champions League al capitán del ganador y dándole un beso? No, lo entregan autoridades, ya sean de la competición o invitadas, lo cual podría pasar de la misma manera en el ciclismo. No es que quiera defender aquí la modernidad de un deporte también arcaico en muchas cosas como el fútbol, pero es un paradigma de lo ofensivo que resultaría para el sexo femenino llegar a tal extremo. Algunos dirán que sirve para dar trabajo a chicas jóvenes, lo cual es legítimo, pero hasta cierto punto. ¿Qué trabajo se le está ofreciendo? ¿Qué se quiere fomentar con ello? Eso es: se quiere fomentar el prototipo de belleza, el cuerpo 10, la imagen por encima de la inteligencia. ¿Qué hace esto sino decirle a las mujeres (jóvenes o no tan jóvenes, es irrelevante) que no tienen ese cuerpo que no son aceptables y que jamás van a llegar a nada? ¿Es eso de verdad lo que queremos enseñar a nuestras mujeres?

Eso parece. En este caso hablamos de ciclismo, pero no es su territorio exclusivo, ni muchísimo menos. Ocurre en los 'paddock' de los deportes de motor, en los tiempos muertos de baloncesto y fútbol americano, en los intervalos entre asaltos en deportes de lucha, las recogepelotas del Masters 1.000 de Madrid... Y eso hablando solo de deporte propiamente dicho. En las retransmisiones deportivas es complicado que una mujer que no encaje en el canon de belleza establecido tenga espacio. En fin, estamos hablando de una sociedad moderna en la que se siguen vendiendo miles de revistas eróticas, no le podemos pedir peras al olmo. Y luego está el típico lumbreras con aire 'cuñadil' que te habla de 'feminazis' y te recuerda que las mujeres ya son iguales a los hombres en todo. Soberano cenutrio, díganselo de mi parte si lo oyen.

Nibali, con dos azafatas el día que ganó el Giro 2016 (Alessandro di Meo/EFE).
Nibali, con dos azafatas el día que ganó el Giro 2016 (Alessandro di Meo/EFE).

Ese mismo gañán podrá contrarrestar esta visión diciendo que en algunas carreras femeninas hay azafatos, y que por tanto, se compensa. Como comenta Luis Román-Mendoza, de 'Ciclo21', eso es un "craso error, ya que estamos manteniendo el mismo estereotipo sexista, pero con instrumentos masculinos en vez de femeninos".

La medida viene de donde se supone que deben provenir este tipo de ideas de avance social, los estamentos públicos. Tal como cuenta 'Cyclingnews.com', el gobierno de Australia Meridional, uno de los estados del país oceánico, ha promovido esta idea para "mejorar la imagen del cuerpo femenino". "El gobierno —central— financia a las chicas del paddock al mismo tiempo que estamos aportando dinero en áreas de salud mental para ayudar a chicas que tienen problemas con su cuerpo", comenta Leon Bignell, ministro de deportes de Australia Meridional. "Lo que queremos realmente es inspirar a las chicas que vienen a las carreras de motor para que se conviertan pilotos, mecánicas o ingenieras", añade.

Es una idea esencial, un progreso en sí mismo. Fomentemos deportistas, trabajadoras, científicas, no estándares de belleza únicos y habremos dado otro pequeño paso hacia la igualdad, la cual, pese a lo que diga ese cuñado de turno, aún está lejísimos.

A rueda
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