Ni Iker, ni Diego: el futuro de la portería del Real Madrid pasa por De Gea

No ha manejado con destreza Carlo Ancelotti la herencia envenenada que dejó en la portería del club su homólogo en el banquillo. Si Mourinho arrebató...

Foto: De Gea, con el Manchester United
De Gea, con el Manchester United

No ha manejado con destreza Carlo Ancelotti la herencia envenenada que dejó en la portería del club su homólogo en el banquillo. Si Mourinho arrebató por asuntos personales la titularidad a Iker Casillas, perseverante inquilino ganador del espacio durante casi un trío de lustros, el entrenador italiano se ha mostrado dubitativo en la elección y opaco en las señales transmitidas al exterior para remediar con una acción misericordiosa el reparto de papeles. El ‘así todos contentos’ implica que ninguno lo apruebe o lo esté y fraccionar los minutos en competiciones desiguales provoca que el sentimiento de la titularidad funcione en secuencias aleatorias. El caso es que ni sobre Iker ni sobre Diego se construye el futuro de la meta blanca. El gran objetivo de la entidad para el próximo curso, otra cosa es que lo consiga, cuenta con nombre y apellidos: David De Gea.

De Gea aterrizó en Old Trafford en el verano de 2011 tras un fichaje cacareado. Sin pudor, su valedor final, Ferguson, llegó a desplazarse a Valencia para seguir en directo la visita del Atlético de Madrid a Mestalla. Ni el ávido escocés era un habitual en tribunas ajenas ni sonaba bien dejar huérfano al equipo en competición oficial -esa misma noche disputaba un encuentro de Copa de la Liga ante el modesto Scunthorpe United-. Sir Alex, tan astuto como seductor, cautivó el ánimo del portero y se adornó justificándose ante la opinión pública. Se excusó aludiendo a que el Manchester United jugaría en ese mismo estadio unos días más tarde. El lazo estaba echado, De Gea honrado con tal visitante y la operación de compra en marcha.

El elegido para reemplazar a Van der Sar contaba con una fisonomía pareja y una altura de la misma naturaleza. Se escribía sobre el futuro de su rendimiento con tal optimismo que nadie debatió el fichaje en Inglaterra. El comienzo se vivió con sobresaltos. Discutido por los primeros errores, habitó siempre protegido bajo la coraza de Sir Alex. El técnico incluso reemplazó a los ‘titularísimos’ defensas centrales Ferdinand y Vidic en el descanso de la final de la Supercopa inglesa tras un error imputable al portero. Así despejó cualquier ensañamiento con el recién llegado señalando directamente a los dos veteranos capitanes. Así se las gastaba Ferguson. Y así se ocupó de cuidar a De Gea alternando la fortaleza de sentirse el ‘1’ con dosis de banquillo hasta volverlo indiscutible. Hoy se ha convertido en uno de los mejores de la Premier.

En el Real Madrid siempre gustó De Gea. Incluso cuando en el Atleti, su entonces director deportivo, García Pitarch, perdió la fe fichando a Sergio Asenjo. Con el discurrir de una temporada irregular en el filial, se generó la adquisición del portero del Valladolid en una operación que rondó los diez millones de euros. Sólo Wigan y U.D. Las Palmas se quisieron hacer con un portero que parecía desterrado en su propia casa. Ni a un sitio ni a otro y tercero en la lista de guardametas del primer equipo. Las circunstancias, lesiones y ausencias, lo devolvieron al protagonismo perdido. El enésimo cambio de agente condujo a la familia del futbolista a decidirse por Jorge Mendes con un compromiso pactado. Todos, la familia, el jugador y el representante, se marcaron un objetivo común: fichar por el Real Madrid. El Manchester United se opondrá con rotundidad a cualquier transacción, aunque eso no significa que el traspaso resulte inverosímil. La opción de realizar una operación con Casillas como parte integrante de la misma tampoco es descabellada.

A Diego López le parece mentira todo lo que ha ido viviendo durante los últimos meses. Elegido por ‘Mou’ para condenar a Iker, la suplencia en Nervión lo mantenía oscurecido tras unirse este episodio a la debacle sufrida en Villarreal. En una operación relámpago, se cerró un acuerdo sin ambages económicos que satisfizo a las partes. El Sevilla percibía lo mismo que había pagado seis meses antes tras la apuesta errada y el Madrid cubría el hueco con alguien que creció en la cantera. Después, presión mediática, debates eternos, ríanse ustedes del vivido con Joselito y Belmonte, y división popular en la grada entre quien llegó de puntillas y osó arrebatar el puesto a quien vivía como meta vitalicio -consideraciones portuguesas al margen-. Lo seguro es que en el Real Madrid están encantados con Diego por su trabajo y por su comportamiento, tan profesional como silencioso, que López se ha ganado un sitio en la plantilla y que será, al menos, hasta 2017 cuando dispute el puesto al que venga.

El destino de Casillas parece ajusticiado. Si en la diana sólo aparecía la figura de Mourinho como responsable de su ostracismo provocado por una mala relación personal, ahora se buscan otros culpables. Ancelotti ha situado paños calientes con una decisión salomónica: uno, para la Liga y el otro, para la Champions y la Copa. La realidad es que la entidad considera que el tiempo del portero llega al límite tras catorce años defendiendo la portería. Por eso, la contienda por la decisión del entrenador vive abierta. ¿No es la Décima el gran objetivo del curso? Se preguntan los aficionados. Por eso la juega Casillas, responden los que defienden la decisión del italiano. Entonces, si es el titular ¿por qué no participa también en la Liga? Cuestiones lanzadas al limbo en una locura llamada Fútbol que caprichosamente suma en Estambul y resta en diez minutos tras sufrir un involuntario golpe.

Iker ya no puede jugar la Liga de Campeones con otro club esta temporada. Sin embargo, esa ventana que le ha abierto Ancelotti le deja en tránsito la puerta de la Roja con vistas al Mundial de Brasil, su última gran estación. Quizá sea suficiente para aguantar con impaciencia el curso, pero como le ha pasado a otros clásicos de la entidad, el último Raúl González,  su tiempo en el Bernabéu invita a que se está escribiendo el epílogo definitivo. 

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