El teatro de Mourinho con Bale y por qué el galés no le da ni bola

Antes del primer partido de la pretemporada del Real Madrid, en el túnel de vestuarios, Mourinho saludó afectuosamente a Gareth Bale, incluyendo un mensaje cargado de intención

Foto: Gareth Bale en un entrenamiento blanco en Estados Unidos. (Reuters)
Gareth Bale en un entrenamiento blanco en Estados Unidos. (Reuters)

El mercado de verano de 2017 se ha calentado en una semana. Si anteriores fichajes levantaron revuelo por las connotaciones de abonar una cláusula incluida en el contrato, qué decir del nerviosismo culé ante la posible salida de Neymar de la Liga o la expectación madridista ante la llegada del que sería la adquisición más cara en la historia de la competición, Kylian Mbappé. El frenesí es absoluto en ambos reinos, aunque dispar: unos acogotados tirando del golpe del compañerismo para convencer a quien busca dinero y reconocimiento único; los otros, contemplando el enésimo movimiento de Florentino Pérez para hacerse con el mejor valor al alza del mercado. Mientras tanto, un técnico de postín no se rinde para reforzar el club en el que hoy desempeña labores. Se trata de un viejo conocido de ambas aficiones. José Mourinho ha vuelto a subir al escenario para teatralizar y exponer a la afición ‘devil’ que él trabaja todo lo que puede para contar con los mejores. Y sin duda, uno de ellos es Gareth Bale.

La escenificación se produjo en Santa Clara, en los pasillos de acceso al césped del Estadio Levi's en la previa del bolo veraniego que enfrentaba al Real Madrid y al Manchester United. ‘Mou’ esperó pacientemente a los jugadores adversarios. Con alguno cruzó hasta un abrazo y a cada uno le lanzó el mensaje que consideró. El que destinó a Bale se hizo público: No puedo comprarte porque no hablamos”. Mourinho y el galés no coincidieron en el mismo vestuario, pero el luso es un ferviente admirador del británico. Y es que Bale se ha convertido en fruta prohibida para el todopoderoso imperio del norte de Inglaterra. Desde hace muchos años, el ManU busca desaforadamente una estrella sobre la que construir el equipo tras la despedida de Cristiano Ronaldo. Desde entonces, las ha tenido -Rooney o Van Persie-, algunas bien recientes -Pogba o Ibrahimovic-, pero la persecución a Bale se mantiene. La obsesión es tal que han seducido a los mejores del momento. Desde el interés por recuperar a Cristiano -empeño de Sir Alex Ferguson-, a marear a Neymar con una oferta casi irrechazable, hasta provocar que salten por los aires las finanzas del Atleti para obligarse a retener a Griezmann. Entre medias, otras opciones como las de Morata que no cuajaron para firmar a Lukaku. Pero el belga no es una figura mundial.

La franqueza y cercanía de Mourinho

Mourinho es un entrenador que busca ser franco y cercano con el vestuario. Por eso, siempre deja heridas de guerra en las relaciones tras años de convivencia. A veces, la verdad no gusta a los empleados del jefe. O a veces, la tiranía del jefe agota a los empleados. Entre las tácticas del mejor hacer del luso se encuentra la del sms (antes) o whatsapp (hoy). Por ahí, arranca la buena sintonía que busca con los futbolistas. Los comentarios que conectan suelen ser afables y próximos para ganarse la confianza del jugador. Ahí, en la distancia corta, ‘Mou’ es un fenómeno. Pero el que no ha entrado en el juego ha sido Bale. Esta es la explicación a la frase californiana del entrenador portugués. Ese “no hablamos” es la negativa del galés a plantearse la opción de regresar a la Premier. Sabedor el británico de los largos tentáculos del club del noroeste inglés y de la habilidad en la persuasión del técnico, el galés decidió que mejor ni bola, ni una palabra, ni un ápice de esperanza a terceros. La resignación de Mourinho quedó patente con este reconocimiento público: “Tienes contactos y sentimientos, entiendes cosas, y te queda claro que a Bale le gusta Madrid”.

Efectivamente, Mourinho nunca sintió que el galés tuviera ganas de abandonar el Real Madrid. Por eso, ¿para qué perder el tiempo? Sin embargo, la tentación se debe mantener siempre presente. Por eso, el coqueteo permanente de quien es un genio en el arte de inducir a lo que él pretende. Pero con Bale no ha acusado efecto. ¿Por qué? Simplemente por el desafío que se ha marcado el futbolista: quiere ser protagonista vestido de blanco. Quiere triunfar. Además, es consciente de que para retornar a casa siempre tendrá tiempo. El caso es que Gareth afronta el curso con el reto de romper de una vez por todas. Con importantes destellos en su rendimiento, no ha conseguido la regularidad necesaria fundamentalmente porque las lesiones han sido el hándicap considerable. Durante la pasada campaña, las dolencias en el tobillo y en el sóleo resultaron claves para desnivelar la curva de su aportación al equipo. Como sería, que en Cardiff, su casa, empezó en el banquillo en la final de la Liga de Campeones.

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La (posible) llegada de Mbappé aportará un grado de competición mayor al ataque de Zidane. Si a Morata siempre se le vio como el chico de la casa -desventaja clara para cualquier canterano-, al joven galo se le mirará con otros ojos por el desembolso y por la expectación que existe sobre su irrupción en la élite. Todo esto lo sabe ‘Mou’, por eso no quita ojitos al galés. Si se confirma lo del francés, que nadie dude de que el técnico tratará de hacer posible lo que hoy es imposible. Bale, recientemente, dejó clara su postura en el diario 'Marca': “Voy a intentar hacer mi mejor temporada. Firmé un contrato largo y soy feliz en el Real Madrid. Mi plan está aquí”. La leyenda que arropa a los británicos de inadaptados al continente crece con el galés. Pero el chico se revela ante esta circunstancia. Gareth es consciente del respaldo presidencial y de la apuesta técnica por si figura. Si Zidane no lo remedia y no cambia de opinión, nada hace pensar un cambio de rumbo. Otra historia será el curso que viene.

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