La decisión de Zidane que mantiene en vilo a Pochettino

Pochettino está de moda. Consciente del trato favorable que le dispensa Florentino, se deja querer, con discreción. Los guiños son parte del guion, pero públicamente admite que no piensa en el futuro

Foto: Zinedine Zidane aplaude a su equipo durante el Madrid-PSG. (Reuters)
Zinedine Zidane aplaude a su equipo durante el Madrid-PSG. (Reuters)

Con la tranquilidad del deber cumplido, tras un brillante empate en Turín a falta de rematar la clasificación en Wembley, Pochettino observó como un aficionado más el duelo de Champions entre el Real Madrid y el Paris Saint Germain. ¿Con quién iba Mauricio? ¿Con el club que le seduce entrenar o con la entidad a la que sirvió en el pasado como jugador parisino? Probablemente, como hombre de fútbol que es, se dejó llevar y se deleitó con 90 minutos plenos de pasión y de disputa. Con el asunto pendiente para certificar el paso a la siguiente ronda, la ida nos dejó un equipo local poderoso, con estímulos para lograr la remontada y con suficiente poderío para tomar ventaja. Por el contrario, los visitantes se diluyeron, se mostraron incapaces de aportar el golpe de gracia que necesitaban para probarse en una vuelta más cómoda. Además, el cambio de rumbo que Zidane aportó al partido con los cambios lo vuelve a situar en la cresta de la ola. Una vez más, la falta de memoria en el fútbol engrandece a uno para hundir a otro. Y si Zizou sale reforzado, Emery abandona la cita tocado, muy tocado. Eso sí, que nadie entierre a nadie.

En el ático del Bernabéu, así lo han reflejado diferentes medios de comunicación próximos a la entidad, crece la sensación de que Zidane cumplimenta sus últimos meses al frente del banquillo del Real Madrid. Lo que se expone es que al final de curso pondrá punto y final a su relación con el club tras dos años y medio en que los títulos han refrendado el trabajo realizado. Pero el entrenador galo no solo se ha ganado el respeto del público, también se percibe la entrega incondicional de los pesos pesados del vestuario, de aquellos que durante esta etapa se han manejado apoyando sin fisuras al técnico. Sin embargo, durante esta temporada se ha dejado demasiados jirones en el camino. A distancia en la Liga, sorprendentemente eliminado de la Copa, queda lejano y para la historia lo sucedido en agosto, cuando el arranque resultó idílico. El paso de los meses no ha hecho más que acrecentar un discurso cambiante, nunca interno, pero sí externo. Por primera vez hemos observado a un Zidane enojado, molesto, desazonado. Hasta se ha mostrado distante aplicando para sí un guion diferente al establecido por el poder.

No obstante, Florentino Pérez no quiere cambios, y menos abruptos. El máximo dirigente considera que no hay motivos para arrebatar el banquillo a Zidane. Todo lo contrario. Se siente dichoso de la apuesta realizada en su momento, cuando para reemplazar a Benítez pocos consideraban que el galo estuviera más que preparado para dirigir al Real Madrid. Y es que los tiempos del Castilla habían conseguido que parte de la dirigencia y buena parte de los aficionados estimaran arriesgada la decisión de entregar el poder al entonces imberbe técnico. Por eso, el mandamás no afloja y mantiene como único objetivo la continuidad de quien, en su opinión, es su entrenador ideal. Aunque lo parezca, no hay fisuras. No se encuentran sensibles diferencias. Lo que Florentino asume es que este verano toca tirar de chequera y mover el árbol de fichajes. Se trata de adquirir a dos o tres estrellas emergentes para reforzar la plantilla. Pero sin prisa. Como ya ha ocurrido otras veces, en año de Mundial se buscará pescar a quienes asombren al mundo del balompié durante el torneo.

Año de Mundial, fichaje de Florentino

La táctica de Florentino no es novedosa. Tras Brasil’14 llegaron Kroos —aunque su fichaje fue previo—, James y Keylor. Tras Sudáfrica’10, se hizo con Di María, Khedira y Ozil. Pero lo que es evidente es que a la espera de la decisión de Zidane, el club blanco va a aprovechar el mercado para volver a dominarlo. El convencimiento general es que el Real Madrid no tiene problema de entrenador… y sí debe reconducir la política de fichajes con la vuelta a los llamados ‘galácticos’ o jugadores que sean estrellas. Pese a todo, y como pender de un hilo no gusta en Chamartín, los ejecutivos blancos se preparan ante una hipotética renuncia de Zizou. El club se encuentra en la obligación de anticiparse a una decisión personal. El presunto agotamiento del actual entrenador pone en guardia a la entidad. Y por aquí es por donde aparece Pochettino. El argentino es del agrado de Florentino Pérez. Pero hasta hoy la realidad no trasciende de este punto.

El entrenador del Tottenham, Mauricio Pochettino. (Reuters)
El entrenador del Tottenham, Mauricio Pochettino. (Reuters)

Mauricio Pochettino está de moda. Por varias razones: ha trabajado bien la cantera de los Spurs, cuenta con un modelo de juego atractivo, ha ponderado el fútbol ofensivo, ha logrado que anónimos jugadores sean hoy estrellas mundiales… En resumen, ha conseguido sacar de la mediocridad a una entidad relevante en Inglaterra pero difamada por su papel secundario y anodino. La tarjeta de visita del técnico es eficiente. Consciente del trato favorable que le dispensa Florentino, se deja querer, con discreción. Los guiños son parte del guion, pero públicamente admite que no piensa en el futuro. Normal. Todo le parece bien. Hasta el ruido mediático le beneficia, ya que tampoco le faltan aduladores en el oficio periodístico. Lo que hay, es decir, lo que dice el contrato renovado con los Spurs, es que su vinculación se extiende hasta junio de 2021 y son 20 millones de euros lo que se propone para volver papel mojado al documento.

Con todo lo dicho, Daniel Levy, el poderoso ejecutivo inglés del Tottenham, se siente acosado porque es consciente del poder de seducción del Real Madrid. Que le pregunten por Modric o Bale. O que le cuestionen si está tranquilo con Harry Kane. Por eso, se moviliza y trata de mantener la calma ofreciendo contenido concreto. Las señales son evidentes: el esfuerzo económico del club se encuentra en el nuevo estadio, pero tampoco renuncia a firmar futbolistas de primer orden. El ejemplo, Lucas Moura. Además, Levy deja claro que para sacar de la entidad a Kane o a Dele Alli, el club que ose hacerlo, debe dejar tocada su economía. Hasta ahora, prácticamente todo lo que ha pedido Pochettino ha sido concedido. Con este escenario, Zidane es quien debe renunciar porque Pérez tiene claro que no lo va a empujar a salir. Con voluntad, pero con decoro, aguarda el argentino. Sabe que antes o después vive destinado a entrenar al Real Madrid. Hoy tampoco tiene prisa.

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