el francés sigue con muchas dudas

La aplazada firma de Griezmann: líder en el Atlético o apóstol de Messi

Las personas más cercanas a Griezmann manejan dudas sobre si su marchar al Barcelona es lo más conveniente para su figura. Prefieren que sea el líder de un proyecto

Foto: Antoine Griezmann durante un partido del Atlético de Madrid con mirada concentrada. (Efe)
Antoine Griezmann durante un partido del Atlético de Madrid con mirada concentrada. (Efe)

Lo que hace dos meses se consumaba como adiós definitivo, el destino gira, reconsidera el futuro y se transforma en un quizá continúo. ¿O no? Con varios actores secundarios en la historia y un único principal, la realidad solo habita en la cabeza de Griezmann. El resto estamos invitados a observar como una estrella duda demasiado. La pelea que mantienen para convencerlo con euros y con cariño desde hace semanas el Atleti y el Barça no parece concluir. En mitad del río, un chico, con cierta inmadurez, que tan pronto se ilusiona cuando le cuentan que le reservan el ‘7’ culé, como cuando medita que es mejor seguir donde habita. Así que se generan dudas cuando piensa que todo ha transcurrido relativamente bien en Madrid, que comparte podio con los más grandes y que el riesgo del cambio podría volverse en su contra. ¡Cuántos futbolistas se han estrellado con un mal paso! La cuestión sigue abierta, con un Bartomeu cuya firmeza ha descendido para lograr el sí del delantero y con un Atleti que tampoco recibe respuesta a la última oferta propuesta.

Varios han sido los órdagos lanzados desde el club rojiblanco en las últimas semanas. Se han implicado todos. El primero, el presidente Cerezo que provocó un almuerzo de cercanía para corresponder con cariño frente al amago de huída. Después son continuas las conversaciones de Griezmann con la propiedad, con la dirección deportiva o con el entrenador… por separado o juntos, tal y como adelantó el diario As el pasado sábado 20 de mayo. Tras la euforia por el título en Lyon y previo a los actos de celebración del trofeo, el futbolista francés se reunió con la cúpula para escuchar el enésimo mensaje de “quédate porque como aquí, en ningún sitio”. Pero a Antoine se le observó poco radiante, pese a ser el héroe del partido en su patria, y más que ausente, ni un guiño a la afición, en la fiesta por las calles de Madrid. Con este paisaje, parte de la afición rojiblanca se significó silbando al galo en su primer contacto con el balón en la despedida liguera ante el Eibar.


A partir de aquí movimientos y fábulas. Lo que vimos en el Metropolitano fue a Godín corriendo al fondo sur para modificar el criterio de los seguidores de esa zona: “no le silben que se queda”. A Simeone agitando los brazos al aire exigiendo apoyo para la estrella. A Costa midiendo fuerzas con la grada reprochando la crítica hacia un compañero. A Torres consolando a quien se sentía frustrado por tanta ambigüedad pública. Pero de Griezmann, sólo pucheros, ojos húmedos y poco más. Las fabulaciones llegaron al día siguiente. Al sempiterno silencio del francés daban luz las palabras, antes mencionadas, de Godín. Se las da credibilidad absoluta porque el uruguayo es, en el camerino, el hombre más cercano al delantero. Entonces se especuló con la información de que los silbidos habían modificado una decisión ya tomada. Nada más lejos. Griezmann no había comunicado nada ni en el vestuario ni en la caseta del cuerpo técnico, ni tampoco entre los que habitan el palco. Todos se guiaban por sensaciones. La pitada hizo mella, pero el francés abandonó la instalación rojiblanca a toda velocidad y sin mediar palabra.

Griezmann, serio, en el Wanda Metropolitano. (Reuters)
Griezmann, serio, en el Wanda Metropolitano. (Reuters)


El club ve afectado a Griezmann

La dirigencia atlética se puso manos a la obra para restar trascendencia a lo sucedido. En el ático rojiblanco nadie se explica cómo en lo que era una fiesta se aprovechó para afear a Griezmann su comportamiento, sobre todo hasta que no quedara claro si se va o se queda. Los altos directivos contaban con la seguridad de que esta semana sería definitiva para firmar la renovación, pese a la presión del Barça. Un alto ejecutivo apuntaba que “estaba todo muy bien y él casi convencido de que lo mejor era seguir en el Atleti… pero ahora está muy afectado”. Pero la especulación y la ambigüedad, unido al carácter introvertido del chico han hecho el resto. ¿Habrá marcha atrás? Solo él lo sabe porque en el club mantienen que aún no han recibido una indicación en un sentido u otro. Quizá por eso lo han dejado fuera de la promoción de la nueva camiseta.

En Barcelona, mientras tanto, se ha rebajado el optimismo. Desde hace meses, Luis Suárez se ha convertido en la persona del vestuario más cercana al galo. La obsesión del jugador rojiblanco es conocer cómo encajaría en esa caseta. Por eso, la unión con el delantero titular del equipo para orientarse y darse cuenta de que tendrá todo el respaldo de quien podría ser su principal competidor. En este sentido, recientemente se publicaba que se había producido una conversación entre Griezmann y Messi. Unas fuentes aclaran que quien tecleó el número fue el francés, mientras que otras apuntan a que se trató del argentino. En cualquier caso, en esa charla, el ‘7’ recibió la bendición del ‘10’. Como la de otros jugadores culés que públicamente han lanzado mensajes fraternales a quien todavía viste otra camiseta. Algo de resquemor guardaba el Barça que hasta el mandamás de la entidad ha modificado el guión establecido inicialmente. Bartomeu ha optado por darse punto en boca y esperar al mes de julio.

El francés alarga la agonía

Sin embargo, en las últimas fechas, las personas más cercanas a Antoine manejan dudas sobre si la estancia en Barcelona es lo más conveniente para su figura. No terminan de verlo como uno más de los apóstoles de Messi. Prefieren una imagen más como líder de un proyecto, cuya obsesión es rubricar la primera Champions en el que es su nuevo estadio. Por ahí, la meditación del protagonista, quien por otra parte se ha quedado sorprendido con la elevada propuesta económica presentada por el Atleti (la cifras bailen pero se especula entre 20 y 25 millones brutos por temporada). Lo que cuesta creer es que unos pitos separen tanto la rúbrica en el nuevo contrato, dispuesto o cantado para esta semana, al menos esa era la esperanza de la propiedad. Con Griezmann ya en Francia, falta saber si el galo alargará más la agonía y vivirá el Mundial sin decir esta boca es mía. Bien es verdad que cuando habló se equivocó, mientras que la elección de guardar ahora silencio tampoco le ha ayudado en la contienda.

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