Los primeros síntomas del asqueo de Hierro

En la zona mixta posterior al Irán-España descargó la parte de un Fernando Hierro que la opinión pública mantenía olvidada desde sus tiempos de jugador

Foto: Fernando Hierro se hizo cargo de la Selección tras la destitución de Julen Lopetegui. (Reuters)
Fernando Hierro se hizo cargo de la Selección tras la destitución de Julen Lopetegui. (Reuters)

Poco a poco vamos conociendo al Fernando Hierro entrenador. El paso de un curso por el Real Oviedo solo dejó pistas a quienes siguieron junto a él su día a día de trabajo. El conocimiento general de cómo es el malagueño como técnico arranca tras los dos primeros partidos dirigiendo a la Selección. Si en el apresurado debut frente a Portugal la imagen de la Roja resultó excelente, con varios toques personales impuestos por quien solo unas horas antes era el director deportivo, las severas críticas tras el juego desplegado ante Irán han importunado a quien no debe recuperar los tiempos de jugador, cuando resultó también blanco de las críticas. Unos minutos después de finalizar el choque ante los de Carlos Queiroz, el técnico se colocó frente a un nutrido grupo de periodistas para mostrar sus impresiones en caliente sobre el partido. En esa zona mixta descargó la parte de un Hierro que la opinión pública mantenía olvidado. En un tono entre sorprendido (por las preguntas), decepcionado (por las primeras críticas) y hosco (en sus respuestas finales) recuperamos a aquel defensa-centrocampista-atacante que tanto aportó al fútbol español.

Fernando Hierro vivió horas amargas cuando le contaron el cabreo monumental que llevaba Luis Rubiales tras enterarse del 'caso Lopetegui'. Pese a que intentó disuadir al presidente tratando de apartar de su cabeza la destitución, al entonces director deportivo le sentó especialmente mal cómo había manejado Julen la situación. Ni siquiera había tenido el gesto de avanzar el nuevo tiempo que se asomaba por Krasnodar. La reprimenda se hizo pública gracias a las cámaras de Mediaset, que grabaron en plena concentración el desencuentro entre las partes. Solo ellos dos saben en realidad el contenido de aquella conversación, pero diversas fuentes explican que desde ese encuentro existe un antes y un después en la conexión entre Hierro y Lopetegui. Trabajo arduo para el asesor deportivo —la pareja comparte abogado—, quien deberá colocar pegamento en la deteriorada relación, donde uno se siente decepcionado por la falta de transparencia y el otro comprende que tras el primer envite no se hizo todo lo posible por mantenerlo en el cargo.

Con Fernando Hierro vuelve parte del librillo de Del Bosque a la Selección. (EFE)
Con Fernando Hierro vuelve parte del librillo de Del Bosque a la Selección. (EFE)

Los primeros días resultaron de sosiego en la convivencia del grupo. Los jugadores son conscientes de que se encuentran ante una oportunidad única y aparcan cualquier recelo personal. Con Hierro y sin Lopetegui, apuntan a desarrollar un gran campeonato porque son conscientes de que en un torneo tan igualado España dispone de serias opciones para recuperar la copa. Otra cosa será lo que ocurra, pero el sentimiento general es de optimismo pese a todo lo sucedido. Lo que sí ha notado el grupo es que vuelve parte del librillo de Del Bosque. La metodología del que fuera entrenador de la campeona del mundo es un espejo en el que se mira Hierro y a los presentes les trae felicidad. Por ejemplo, se ha cambiado la sesión matinal por la vespertina, la figura del enlace —con Marchena copiando su rol en Sudáfrica— es vital para el buen comportamiento del grupo, movimientos tácticos pretéritos en los entrenamientos. En definitiva, aire conocido de buen paladar para la gran mayoría de los internacionales.

Hierro, sin embargo, debe copiar, algo difícil para él, la mano izquierda del técnico salmantino con los medios de comunicación. Tras lo de Irán, el rally de cuestiones acabó por crispar al seleccionador. Comenzó conciliador: "Los chicos se han pegado una paliza grande, me voy orgulloso de su esfuerzo. Lo hemos pasado como pensábamos". Continuó elevando el tono: "Esto es un Mundial y todos estamos sufriendo. Son poderosos físicamente y no regalan nada". Para terminar iracundo interrumpiendo más preguntas: "El que quiera confundirse, que se confunda, el que quiera ver lo contrario, que lo vea. Y el que no quiera ver la realidad que mire los otros grupos. No vamos a engañar a nadie. Por ser España esto no es un paseo", concluyó. Este síntoma de asqueo mantuvo su continuidad con las declaraciones al día siguiente de Jordi Alba. El lateral del Barça lanzó sus dardos contra los medios de comunicación. "Hay que ser positivos en la vida, sabiendo que hemos de mejorar cosas, como en todo en la vida, pero esperad un poco a darnos palos", concluyó con una sonrisa irónica y alineándose frente a un enemigo estéril.

No es fácil manejar bien el territorio mediático y a Fernando Hierro le cuesta. Arrancó con un talante idílico, cercano, próximo a todos, consciente de su nuevo cometido, incluso con encuentros con grupos de periodistas. Con el vestuario sus primeras decisiones fueron aplaudidas por todos: arropó, como no podía ser de otra forma, a De Gea, y mantuvo la mano tendida al grupo de veteranos que lidera el camerino tratando de buscar el mejor equilibrio. Pero las primeras críticas han mostrado la distancia existente entre unos y otros. Al seleccionador hay que darle tiempo y entender que en unas horas pasó de ser un apoyo a encontrarse con el poder del que todo lo decide. Hoy ocupa el centro de la diana. Además, también estamos descubriendo al Hierro entrenador, hasta ahora con casi todo virtudes. Con todo, nos encontramos ante demasiadas ecuaciones abiertas como para aguantar sin permitirle pisar un charco.

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