El "postre" Morata busca las cosquillas a Florentino Pérez (y al madridismo)

Morata espera a que el Atlético dé salida a algún jugador para firmar su cesión al club rojiblanco. desde Concha Espina, observan con recelo su desembarco en el Metropolitano

Foto: Álvaro Morata ha marcado nueve goles esta temporada con el Chelsea. (EFE)
Álvaro Morata ha marcado nueve goles esta temporada con el Chelsea. (EFE)

A falta de una salida para entrar a formar parte del Atlético de Madrid. Aguardando vive Morata las últimas jornadas como futbolista del Chelsea. Se reabre para él la puerta rojiblanca, tras un año y medio de sinsabores en Londres. No fue un tiempo soñado, como ahora sí se propone que lo sea. Pero para culminar, falta que la propiedad rojiblanca ajuste con LaLiga el techo de gasto. Para ello, necesita hacer ventas y dar salidas. Y claro, no todas las operaciones van a un ritmo de celeridad. Morata lo tiene todo arreglado para su cesión al Atleti, pero sigue esperando a poder vestirse con las rayas rojas y blancas, algo que hizo de adolescente. Entonces, terminó por rendirse ante la falta de oportunidades. Con escala de un curso en Getafe, alcanzó el Real Madrid. Hoy, desde Concha Espina, observan con recelo su desembarco en el Metropolitano.

Morata ya pudo ser jugador del Atleti hace dos años y medio. Los rojiblancos buscaban un buen recambio a Falcao, tras el fiasco de Jackson Martínez, y sondearon a los delanteros más apropiados del mercado. Así lo intentaron con Diego Costa, al que repatriarían un curso más tarde; Cavani, la redundante aspiración; o Higuaín, por el que se volvió loco la Juventus. Precisamente, la Juve acababa de recibir 30 millones de euros del Real Madrid, que decidió repescar al delantero madrileño tras su estancia de dos temporadas en Turín. Los italianos guardaban una plusvalía de diez ‘kilos’ en su caja, mientras que Zidane recibía un suplente con galones como alternativa a la entonces intocable BBC. Mientras, el Atleti trató de enfocar dudas en el goleador. Pero se encontró con dos situaciones: Morata quería darse una oportunidad de blanco y Florentino Pérez nunca vendería al vecino a un jugador prometedor.

Conte y Sarri empezaron confiando en Morata, pero terminaron enviándolo el banquillo. (Reuters)
Conte y Sarri empezaron confiando en Morata, pero terminaron enviándolo el banquillo. (Reuters)

Tras la Eurocopa 2016, Morata fue agasajado por Zidane con honores, no como un canterano más. Le recibió personalmente para que la puesta en escena demostrara que más que a un meritorio, el técnico francés confiaba en su aportación con mayúsculas a la causa madridista. El Atleti no era el único perseguidor, también el Chelsea trató de firmarlo, algo que lograría una campaña después. El propio Morata terminaría reconociendo posteriormente que ese verano había dialogado con varios entrenadores, pero que decidió apostar por el Real Madrid. El propio Florentino Pérez presumía aquellos días de verano de retener a un jugador tentado por cuantiosas ofertas. El club blanco rechazó propuestas de 70 millones de euros. Antonio Conte y el Cholo Simeone se quedarían sin Morata, para encontrarse el día de mañana.

Pero Zidane no cumplió con Morata y este, tras un año de suplente y consciente de que derribar a Benzema era una quimera, decidió aceptar la propuesta del Chelsea. Antes de marcharse dialogó con el técnico, que le dejó claras sus preferencias. "Karim es el titular", le dijo con honestidad Zizou. El Real Madrid decidió traspasar al madrileño por 80 millones de euros, según las cifras ofrecidas por los medios afines a la presidencia blanca. Por el contrario, la BBC, el ente público británico, informó que el club londinense pagó 60 millones de libras (unos 67 ‘kilos’ al cambio de moneda). Fuera la cantidad que fuera, Álvaro aterrizó como un tiro en la Premier para penetrar en una dolorosa sequía que el entorno ‘blue’ no ha perdonado. El primero en castigarlo resultó su gran valedor, Conte, quien solicitó otro delantero con urgencia (Giroud) e incluso colocó a Hazard de falso ‘9’ ante el arrebato del fichaje estrella. Tan frustrado se sintió el futuro jugador del Atleti que el pasado verano decidió cambiarse de dorsal —eligió el 29—, renunciando al clásico de los goleadores. El tiempo de Morata agonizaba en Stamford Bridge.

Álvaro Morata quiere dar un nuevo giro a su carrera aceptando el riesgo de pelear con Diego Costa por la titularidad en el Atleti. La realidad expone que no ha sido indiscutible con ninguno de los entrenadores profesionales con los que ha trabajado. En su primera etapa en el Real Madrid, se asomó con Mourinho y despegó con Ancelotti. Entonces su rol de canterano no permitía más alegrías. Con Allegri acabó peor de lo que empezó y no se terminó de entender. Zidane trabajó al servicio de Benzema y le dejó claro que en ese ecosistema sería suplente. Con Conte le duró el idilio medio curso y con Sarri ha buscado la salida. Le espera Simeone, el mismo que cenó con Diego Costa cuando el hispano-brasileño era aún delantero del Chelsea. El mismo que ha otorgado plena confianza al hoy delantero lesionado. Desde luego, Morata debe arrancar con un ciclón para meter presión y para ganarse la confianza de un graderío que lo espera con recelo por su pasado madridista.

La lesión de Costa le abre las puertas del once tras entender Simeone que Kalinic no aporta lo que él solicita. Morata se juega más en el presente que en el futuro. Es el momento de demostrar en LaLiga que está más que preparado para ser el ‘9’ de referencia de un gran club. Por eso, desde el ático del Bernabéu le observarán con sospecha y mantendrán desconfianza hacia quien no permitieron cambiar de acera. Los menos temerosos recuerdan su falta de ambición con aquellas viejas palabras con Isco, hoy también suplente. La escena, que captó la cámara de Movistar +, se produjo en el banquillo del estadio de La Cerámica en Villarreal. El malagueño aludía a su condición definiéndose como "segundo plato", al tiempo que Morata se calificó como "y yo, el postre". Es su momento, es la hora de demostrar a Florentino Pérez y al madridismo que está más que capacitado para ser un primer plato.

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