El psicólogo de Luis Suárez o por qué los árbitros no lo expulsan (y a Diego Costa, sí)

Tras la sanción de ocho partidos a Diego Costa se reabre el debate con la permisividad arbitral con Luis Suárez. La conclusión es que la camiseta importa demasiado

Foto: Luis Suárez se lleva las manos a la cabeza en el partido contra el Manchester United. (Efe)
Luis Suárez se lleva las manos a la cabeza en el partido contra el Manchester United. (Efe)

Luis Suárez no jugará ante la SD Huesca por sanción: se quitó la camiseta al marcar el primer gol ante el Atleti, resultó amonestado y deberá cumplir ciclo de cinco tarjetas amarillas. En el mismo partido, Diego Costa fue expulsado por insultar al colegiado, según el testimonio de Jesús Gil Manzano. La sanción se eleva hasta ocho partidos. Dos jugadores que bordean en el terreno de juego el límite del reglamento, que son seguidos con lupa por las aficiones, que cuentan con la misma legión de seguidores que de detractores, pero que para cierta parte de la opinión pública son tratados de diferente manera por quienes importen justicia en la hierba. La conclusión es que la camiseta importa demasiado.

Sin nombrar a Suárez, Simeone se expresó con crudeza respecto al favoritismo con el que cuentan algunos jugadores del FC Barcelona frente a las decisiones arbitrales. El entrenador argentino evitó justificar la expulsión -un insulto es un insulto aquí y en Buenos Aires-, pero centró el debate en denunciar la doble vara de medir con la que actúan algunos colegiados cuando arbitrar al rival de esa noche en el Camp Nou. Al mismo tiempo, las redes sociales hirvieron contra el delantero uruguayo por no ser sancionado cuando en diversas ocasiones las cámaras de televisión le han pillado faltando el respeto al equipo arbitral. ¿Ven o escuchan a Suárez y miran para otro lado? Solo ellos pueden responder a esta pregunta. Pero la opinión general, obviamente al margen de los culés, es que el color de la camiseta del charrúa es la clave para la posición a tomar.

Diego Costa no atraviesa por su mejor momento, más bien todo lo contrario. La segunda etapa en rojiblanco está resultando infructuosa para él y para la entidad. Se ha perdido nada menos que 30 partidos oficiales entre sanciones, lesiones musculares y la operación para recolocar el tornillo que bailaba en su quinto metatarsiano del pie. Sin embargo, para el entrenador rojiblanco su presencia es fundamental y necesaria. Antes del Camp Nou, Simeone aclaró que desea y quiere que Costa se quede, tratando de atenuar los rumores que lo colocan en el mercado chino a partir del próximo mes de julio. El técnico habla de jerarquía, la misma que no mostró en un partido tan importante donde estaba la Liga en juego para el Atleti. Esta confianza ciega (o “a muerte” como dice textualmente el Cholo) del mesías del ‘colchonerismo’ no se dibuja tan contundente entre la dirigencia. La alta inversión efectuada unida al rendimiento provoca un debate sobre si lo mejor para todos es venderlo a fin de curso.

El control de la agresividad

Más allá de la determinación que se tome, que va cosida a la decisión 2.0 de Griezmann, a Costa no le vendría mal atemperar algunos de sus comportamientos sobre el terreno de juego. Aunque la cabra tira al monte, Luis Suárez decidió ponerse en manos de un psicólogo para tratar de moderarse sobre la hierba. El propio Luis explicaba que la presión que se autoimponía volcaba en él un sentimiento de culpabilidad que provocaba una intranquilidad que le incitaba a comportarse con una agresividad impropia de un deportista. Precisamente, el trabajo del psicólogo, que arrancó en Liverpool y continuó en Barcelona, consiguió un mayor poder de autocontrol, a evitar discusiones y hacerse entender cómo vivir cada situación. Otra cosa es la intensidad que se vive en un partido y que en ocasiones mutila cualquier terapia previa.

Suárez siempre pensó que no tenía calidad para jugar en el Barça. Su manera de entender el juego, especialmente en Inglaterra, lo había colocado como un delantero de espacios largos. Poco a poco, la humildad que demostró ante Messi le hizo ganarse el corazón del astro argentino. Este se convirtió en su mejor aliado dentro y fuera del terreno de juego y Luis fue capaz de revertir la situación. Se adaptó al juego corto, al fútbol de espacios reducidos, al movimiento de control de la pelota y asociativo que impera en el ADN culé. Esa conexión con Messi, la cantidad de goles que no decrece y su carisma -se convirtió junto al ‘10’ en los dos jugadores que más insistieron a Griezmann para cambiar de camiseta- han provocado que su agencia de representación sondee a Bartomeu para conocer qué planes afronta el club para su futuro, tal y como adelantó Mundo Deportivo. La última visita de Suárez a las oficinas para renovar contrato se produjo pocos días antes de la Navidad de 2016. A dos años y medio para finiquitar ese vínculo, Luis desea saber.

No es un secreto que el Barça peina el mercado para encontrar un delantero que dispute la plaza del ‘9’ al inabordable Suárez. En la dirección deportiva culé comprenden que los 32 años del uruguayo merecen competencia. Se considera que él y el fichaje pueden convivir una o dos temporadas: la primera a la sombra y la segunda a quien se gane el puesto o decida el entrenador. Con este panorama, Luis busca seguir en el Barça por varios motivos: se siente dichoso en el club, su familia es feliz en la ciudad y él es consciente de que no va a encontrar nada mejor en lo profesional y familiar. Sin embargo, el club considera que primero cerrar la adquisición y después completar el análisis para ofrecer o no una temporada más (hasta 2022). Todo bien diferente a lo que pretende Diego Costa, a quien la aventura asiática podría hacerle abandonar el Atleti. Dos nueves enérgicos y dos pensamientos distintos. Así también los ven los árbitros.

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