Los pitos a Koke, el 'puñal' a Diego Costa y los huevos de Simeone

Koke y Diego Costa son dos de los supuestos pilares del Atlético de Madrid que están en la picota de la afición rojiblanca y Simeone, el entrenador mejor pagado del mundo, debe lidiar con esta situación

Foto: Diego Costa y Simeone en la final de la Liga Europa de 2018. (Reuters)
Diego Costa y Simeone en la final de la Liga Europa de 2018. (Reuters)

Hubo un tiempo donde se buscaban, se entendían, se mascaba el peligro de gol cuando se encontraban sobre el césped. Hubo un tiempo donde eran referencia de ataque, se asociaban con la carestía del momento, crecían juntos y hasta pudieron volar juntos. Sin embargo, un lustro después, ese tiempo ha mutado y en Mendizorroza se dieron la mano para intercambiar un lugar en el campo. Koke, el capitán, atraviesa por su peor momento en el Atleti. Los injustos pitos que recibió en el Metropolitano, de una parte de la afición, han provocado un debate sobre su estilo de juego, que no el del equipo. Cada gol de Morata es un puñal en el vientre de Costa, cuya sequía y dejadez en la hierba ha irritado ya hasta a Simeone, que lo ha mandado al banquillo. Y del mesías rojiblanco, ¿qué? Parece olvidar aquella frase inmortal de hace sólo unos meses tras ganar 2-0 a la Juve: “Poner a Koke y a Costa, tras más de un mes que no jugaban… había que tener huevos”. No obstante, hoy la afición rojiblanca vive, después de Vitoria, más tranquila: su entrenador tiene cada vez más claras las cosas.

La conexión que aportó la última Liga para el Atleti de Simeone refrendó una pareja mágica. Cada asociación era sinónimo de peligro, cada movimiento era una amenaza, cada situación requería inquietud para la zaga adversaria. El Cholo creó una dupla señalada de la que terminó aprovechándose el fútbol español. Koke y Diego Costa concluyeron un 2014 que no resultó histórico, aunque sí épico, por un cabezazo al límite de la hora en Lisboa. Tanto destacaron que uno escuchó a su corazón en lugar de a su cabeza para quedarse, mientras el otro, tras querer romper el acuerdo, acabó emigrando a Inglaterra. La comunión que se creó en aquel Atleti de Simeone campeón registró un éxito del que hoy todavía se saca rédito. Pero tal y como se asegura en el fútbol, la memoria no es compañera de viaje para nadie. Quien más quien menos se agarra a ella, pero el presente y la pelota te terminan devorando si no hay rendimiento.

Koke celebra el triunfo frente al Athletic Club. (Reuters)
Koke celebra el triunfo frente al Athletic Club. (Reuters)

Pitar a Koke por su mal momento ha sido la excusa de una parte de la gente que acude al Metropolitano. Quizá era el aviso para uno de los suyos, que encontró sin dilación la respuesta de sus compañeros y la defensa enérgica de su entrenador. Simeone explicó futbolísticamente su versión: “Ocupa demasiados lugares. A veces hablo con él y hay que centrarse en lo que tiene que hacer. A veces quiere hacer más de lo que tiene que hacer y acaba desgastándose”. Tal vez Koke quiera ser Gabi, pero es que Gabi antes de llegar a leyenda, tras recorrer algunos de los escalones como meritorio que luego ascendería Koke, tuvo que purgar en Zaragoza. Después, regresó bien engrasado para dirigir la máquina rojiblanca. La diferencia sustancial entre ambos es que Koke sí triunfó en el Atleti sin la necesidad de crecer para volver.

Vender o no a Koke al Barcelona

Uno de los grandes dilemas que la propiedad rojiblanca vivió en el último lustro resultó si aceptar o no la oferta de 60 millones de euros que el FC Barcelona presentó por Koke tras ganar el campeonato doméstico el Atleti de Simeone. Años después, el protagonista, en 'Onda Cero', admitiría que “algo pasó, pero acabábamos de ganar una Liga. ¿Cómo me iba a ir?”. Y efectivamente, el club decidió declarar intransferible al jugador y éste optó por rechazar la oferta culé que pretendía convertirlo en el Xavi Hernández de la década. En aquel momento, nadie se imaginaba un equipo rojiblanco sin su timonel. El chico, al que tanto costó afianzarse en el club de sus amores, decidió renunciar a la tentación blaugrana, la misma a la que recientemente otro compañero sólo pudo esquivarla una temporada.

Costa en Vitoria. (EFE)
Costa en Vitoria. (EFE)

Costa no es feliz en el césped, o así lo expresa su rostro y la imagen corporal que destila en las dos únicas veces que ha anotado gol durante este curso. Para colmo, la suplencia frente al Athletic. Sin embargo, una vez más ha encontrado el auxilio del técnico sacrificando al goleador para no desesperar más a su jugador fetiche. El mal momento de Costa no coincide con tiempo en el banquillo, tal y como sucede con frecuencia en las decisiones de Simeone. Pero es que Diego es especial para él, es su mejor ‘9’, aquel por el que suspiró recuperar cuando se marchó al Chelsea. Lamentablemente para el Cholo, los números no casan con el goleador y su figura sigue diluyéndose pese al apoyo incondicional. Los registros disminuyen. Si aquellos 36 goles de la 2013/14 son hoy una quimera, también se aleja de la media de 20 tantos que promedió en la Premier. En casi dos años desde su retorno ha logrado 14, a siete por año. En la grada crece el escepticismo, mientras el Cholo profesa y declara su inquebrantable creencia en Costa. Quizá para evitarse terminar mal como ya le sucedió con Mandzukic, delantero de agrio carácter como el del hispano-brasileño.

Y es que a huevos nadie gana a Simeone. El técnico atraviesa el primer momento donde una parte de la afición no le demuestra el afecto que él considera debe recibir. Pero lo que quizá no entienda el técnico, o su grupo de aduladores no le sepa explicar, es que prácticamente ningún atlético crece en su contra, todo lo contrario. Lo que parte de la grada espera es un equipo con cierta agilidad ofensiva, que recupere alguno de los valores que lo han acompañado desde el banquillo… por ejemplo, aquellos del 2014. Al Cholo se le perdona todo, se le permite irse al rincón de pensar tras caer en Milán sin el más mínimo reproche, se acepta con orgullo que sea el técnico mejor pagado del planeta fútbol, se le agradece y reconoce que se haya convertido en el mesías del Metropolitano, incluso algunos permiten que se codee con el oso y el madroño. Eso sí Diego, permite libertad a la gente para que se alimente con el fútbol que a cada uno más le guste.

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