Salvar al soldado Isco

El centrocampista del Real Madrid volvió a demostrar que es el jugador más en forma del combinado nacional pero, para brillar, necesita que Hierro le rodee de la mejor compañía

Foto: Isco celebra su gol ante Marruecos. (Reuters)
Isco celebra su gol ante Marruecos. (Reuters)

El fútbol tiene el don de mostrarnos que el tiempo es diferente a cómo lo contamos. Vemos el reloj latiendo mecánicamente en la pantalla, pero sentimos que el ritmo varía, que se hace elástico y hasta caprichoso, ajeno a la física. Por un lado, hay trances que hacen volar a los minutos. Por el otro, hay segundos que se expanden en pequeñas eternidades.

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Vemos a Isco pisarla, conducir con la cabeza alta, girar sobre sí mismo, hacer un caño y notamos que el disfrute lo ralentiza todo. Tanto que casi podemos escuchar cómo nos crece la barba. Poco después, nos atacan a campo abierto, toman la espalda de la defensa, cabalgan hacia portería y notamos la fatalidad cayendo con la velocidad del rayo.

Vaya Mundial, el más trepidante que recuerdo, cada jornada con una película de acción en el descuento. Anoche estuvimos con un pie en el avión de vuelta. Ahora estamos por la parte menos terrible del cuadro. Demasiado sufrimiento para una fase de grupos que deja en todas las líneas razones para la preocupación.

La primera de ellas es la menos sorprendente: no da la impresión de que tengamos entrenador, alguien capaz de comprender lo que hace falta ante cada rival y en cada fase de juego. Cuesta entender lo de Hierro. Para empezar la alineación y, sobre todo, su gestión durante el segundo tiempo.

Quizá sea adecuado seguir confiando en De Gea, a veces basta con acumular partidos para que la levadura levante la confianza. Lo cierto es que el encuentro con Marruecos ha dejado más dudas y ninguna tranquilidad.

Quizá sea conveniente darle kilómetros a Carvajal. Viene de una lesión y la mejor manera de que agarre su forma es persiguiéndola por el campo. Sin embargo, jugábamos contra un equipo que no tenía nadie por el flanco izquierdo. La situación era idónea para que Odriozola aprovechase una banda que Silva dejó a oscuras de nuevo, sin aparecer en lo que va de competición.

Puede que falten en nuestro país centrocampistas de corte defensivo. Es una posición en la que no sembramos especialistas. Pero es que nadie sabe a estas alturas si Thiago está para destruir o para construir porque no se le ha visto hacer ninguna de las dos cosas. ¿Acaso no es más sólido y más fiable Koke?

Koke sustituye a Iniesta durante el partido Irán-España. (EFE)
Koke sustituye a Iniesta durante el partido Irán-España. (EFE)

Puede que Iniesta siga siendo un talismán y mucho más, un elegido para abrir trayectorias insospechadas. Por momentos lo sigue pareciendo, desde luego. La cuestión está en que hay muchos momentos en 90 minutos y nuestro icono ya no puede llegar a todo. La pregunta no es políticamente correcta pero… ¿Puede tener sentido reservarle para el último tramo, para que destape sus esencias cuando los adversarios están más cansados?

La Selección termina la fase de grupos con más preguntas de las que había al principio y esa no es la mejor noticia. Lo bueno es que contamos con un tipo que hace rodar la pelota sin perderla casi nunca. En modo mágico, a veces ingrávido. Todos los nuestros lo saben. Saben que maneja todos los registros, que el balón sale más feliz de sus pies. Y todo el mundo lo está viendo.

Es muy probable que Isco sea el único jugador de este Mundial que llegue a octavos después de haber bordado sus tres partidos, siendo el mejor. Nadie ha brillado a su nivel: ni Cristiano, ni Messi, ni Neymar. Ninguno ha mandado tanto sobre el terreno de juego, ni siquiera Modric. Sólo Kross está ejerciendo sobre sus compañeros un magnetismo parecido. Hay algo en esa clase de atracción que la estadística no sabe descifrar. Se aprende en el patio de la escuela, cuando la portería está hecha de dos mochilas: es la llamada de la naturaleza del juego. El reflejo de pasársela al bueno para que llegue cuanto antes lo mejor. Eso fue lo que ocurrió ayer, mil veces.

El primer tiempo del malacitano fue un prodigio de estética y de eficacia que no se veía en la Roja desde los tiempos del mejor Xavi. Y, además, ha supuesto su coronación como líder de la Selección, tan natural como el dominio del 10 argentino en la ciudad condal. Isco es hoy a España lo que Messi es al Barcelona. Por eso no hay manera de comprender la pasividad de Hierro en el segunda parte.

El partido pedía velocidad, paredes, desmarques de ruptura, diagonales. Velocidad. Pero los dos jugadores con más desborde seguían en el banquillo. Iniesta andaba en reserva, Silva seguía buscándose a sí mismo sin moverse, y… no llegaban cambios. Lucas Vázquez y Asensio eran la opción de cajón para ir a por el marcador. Los minutos pasaban. España jugaba en horizontal, acunaba su afán de victoria, invitaba al contragolpe marroquí en caso de pérdida. Mala cosa.

El primer tiempo del malacitano fue un prodigio de estética y de eficacia que no se veía en la Roja desde los tiempos del mejor Xavi

La lentitud, mala cosa para un equipo que no está hecho de atletas. Peor, cuando el plan del contrario pasa por llegar al final con algo de vida y poder así salvar la dignidad. Recibimos un gol y entraron las prisas porque no hubo plan. Por eso el milagro se hizo esperar, tanto, que hasta la catástrofe nos pareció inminente.

A pesar de todo, sonrió la fortuna. Apenas pudimos verlo porque fue una sonrisa de foto finish, impresa en papel milimetrado. Así que de seguido nos volvió a sonreír con el penal que encajó Irán a Portugal. Los dos instantes desembocados en el mismo minutero. El tiempo se comprimió en Rusia, el ánimo entero de dos países vecinos se contrajo y eclosionó expandido en direcciones opuestas. Increíble.

El futbol nos dejó ayer una pregunta y una respuesta. ¿Es este deporte la construcción humana más capaz de desafiar la lógica y las probabilidades? Parece empeñado en demostrarlo. Contamos al menos con algo seguro ante lo que viene. Para salvar a España hay que salvar al soldado Isco, y eso pasa por rodearle de la mejor compañía, por potenciarle la magia en cada fase de cada encuentro.

Esplendor en la hierba
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