El absurdo 'hara-kiri' de Honda

Takeo Fukui, presidente de Honda, debe estar sufriendo escalofríos tras cada sesión de entrenamientos de Brawn GP, su equipo hasta diciembre. Porque  el monoplaza de Barrichello

Takeo Fukui, presidente de Honda, debe estar sufriendo escalofríos tras cada sesión de entrenamientos de Brawn GP, su equipo hasta diciembre. Porque  el monoplaza de Barrichello y Buttón es un 'pepino' que podría lograr victorias en 2009. Y la cosecha de los más de mil millones de euros invertidos por Honda durante estos últimos cuatro años será recogida por una plantilla que iba camino de la oficina del paro. Durante la presente temporada, Honda seguirá financiando a Brawn GP para, por el camino, dejarse en ridículo si se confirma la competitividad de su antiguo equipo. Genial, ¿no creen?.

 

Lo ha dicho Massa, también Kubica y otras voces que en privado se sorprenden ante lo que han visto en la pista: el Brawn es un disparo, un quick out of the box. En tan solo una semana el equipo-cenicienta de la Fórmula 1, al borde de la desaparición, 'se ha pasado por la piedra'  al sorprendido pelotón. ¿Se imaginan a Lance Armstrong llegar al Tour de Francia sin entrenar, y llevar a sus rivales con la lengua fuera?.

 

Un cúmulo de despropósitos

 

Será el sexto fabricante del mundo, el primero de motores, y el segundo de Japón. Pero una cúpula directiva de élite está ilustrando el Principio de Peter con enorme brillantez  en la Fórmula 1. Honda se hizo con el control en 2005 de un desastroso equipo BAR al que suministraba motores. Bajo su gestión directa, se tomaron decisiones desconcertantes durante estos años. A mitad de 2006 se  impuso un responsable técnico -Suhei Nakamoto- con mucha idea de moto y poca de Fórmula 1. Cuando a final de 2005 el equipo despidió al piloto japonés Takuma Sato, Honda tuvo que afrontar una brutal reacción en su país. Como respuesta, creó Super Aguri para que el japonés pudiera continuar su carrera en la Fórmula 1, lo que significó desdoblar los esfuerzos de su equipo técnico. En 2007, el modesto equipo nipón dejó en evidencia  a su rico pariente, que solo sacó dos puntos más en la clasificación final. En 2008, Honda se cargó a Super Aguri.

 

Mientras sus monoplazas eran auténticos 'hierros', algún genio del marketing engañó a la cúpula de Honda para presumir de una "imagen verde" global (Earthdreams) que, en el fondo, ocultaba una falta de patrocinadores insólita para un fabricante de su calibre. Son tan solo algunos ejemplos de los dislates y despropósitos de una gestión incomprensible. ¿Resultados? En los dos últimos años Honda sumó 20 puntos. Ferrari, con cifras ligeramente inferiores de inversión anual… 376.

 

A grandes males, peores remedios

 

Tirando de talonario, ficharon a finales de 2007 al Cristiano Ronaldo del momento: Ross Brawn, el 'crack' al que Schumacher se llevaba allá donde fuera. Brawn, bien apoyado por sus compañeros, garantiza goles. Recibió poderes absolutos. Durante 2008, el británico reorganizó y reestructuró el equipo y estableció nuevos sistemas de trabajo. Dirigió el diseño del nuevo monoplaza, sí, ese que ahora lleva su propio nombre y que con motores Mercedes a la espalda está ridiculizando al propio McLaren. E intentó a toda costa fichar a Fernando Alonso. Pero, inesperadamente, en lo que parecía más un ataque de pánico que una retirada ordenada, Honda dijo adiós. 

 

Y aquí empieza lo bueno. Honda quería ceder el equipo y sus instalaciones, quitarse de en medio de manera apresurada. Los pretendientes finales a la compra (Prodrive y Richard Branson) exigían 120 millones de dólares en garantías para la gestión. A Honda le entró la risa ante la propuesta. Pero lo pensó mejor y decidió ceder, en un gesto que honra a la marca japonesa, esa cantidad a Ross Brawn para 'tirar' durante un año. Después, Dios dirá. En términos de imagen, de indemnizaciones y de responsabilidades contractuales, el cierre salía por un pico semejante. Así que, antes que tirarles por la borda, el trasatlántico japonés dejó en un bote a los chicos de la Fórmula 1 con unas cajas de galletas y unas botellas de agua. Quién le iba a decir a Fukui que, mientras tanto, estaban preparando una máquina como la que Honda no había disfrutado en estos últimos años.

 

La retirada de Honda llegó, además, en la temporada de mayor reducción de costos en la historia de la Fórmula 1. Mario Theissen, de BMW, acaba de declarar que la marca alemana gasta ahora casi la mitad que en el 2000. Por poco más de esos ciento veinte millones de euros, tras haber fundido diez veces más en estos últimos años, Honda podría haber continuado en la Fórmula 1. Aquello de “el que resiste gana” no debe tener traducción al japonés. Si Brawn GP triunfa en 2009, no sería de extrañar que Fukui tenga la tentación de aplicarse el código de honor de los samuráis.

Dentro del Paddock
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