"Si eres capaz de pilotar sobre mojado, eres capaz de cualquier cosa"
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Javier Rubio

Dentro del Paddock

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"Si eres capaz de pilotar sobre mojado, eres capaz de cualquier cosa"

Lewis Hamilton enunció una gran verdad de las carreras tras su impresionante victoria en Silverstone hace dos años: “Ayrton Senna demostró que si eres capaz de

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"Si eres capaz de pilotar sobre mojado, eres capaz de cualquier cosa"

Lewis Hamilton enunció una gran verdad de las carreras tras su impresionante victoria en Silverstone hace dos años: “Ayrton Senna demostró que si eres capaz de pilotar sobre mojado, eres capaz de hacer cualquier cosa”. Porque sobre agua, el factor humano puede dar la verdadera dimensión del talento, además de marcar las diferencias.

Dos de las tres últimas ediciones del Gran Premio de China fueron pasadas por agua. Los pronósticos para el próximo domingo también anticipan lluvia. Por si acaso, y como ejemplo de excelencia, El Confidencial ha elegido algunas de las mejores victorias sobre mojado de las últimas décadas. Podríamos añadir más, pero las que aparecen -se admiten sugerencias, por supuesto- son suficientemente representativas del aserto de Hamilton.

Donington, 1993: cuando Senna rompió todos los moldes

El Williams FW15 de aquel año, en manos de Alain Prost, disfrutaba de una superioridad insultante. Cuarto en los entrenamientos, Senna se encontró quinto en la primera curva tras ser bloqueado por Schumacher. Pero después adelantó al alemán al salir de Redgate Corner, a Wedlinger en las Crane Curves, a Hill en Coppice Corner, y en Melbourne Hairpin ya era líder. Todo en la primera vuelta. En la segunda, sacó 4,2 segundos sobre Prost, y casi siete en la tercera...

Más tarde, Senna perdió veinte segundos por un incidente en boxes al cambiar gomas. Comenzó a llover de nuevo, pero mientras los Williams paraban para montar neumáticos de agua, el brasileño se quedó en la pista varias vueltas con gomas lisas, ofreciendo un espectáculo de talento insólito. Incluso llegó a doblar a Prost tras un trompo del francés. Hill, segundo, terminó casi un minuto y medio de Senna.

En la rueda de prensa posterior, ante las justificaciones de Prost por sus problemas, el brasileño le interrumpió con sorna: “¿Quieres que cambiemos de coche...?”. Era abril, y la tercera carrera de la temporada. En julio, Senna ya había firmado con Williams, en secreto, un contrato para 1994.

Barcelona, 1996: Schumacher corrió solo

De nuevo el Williams-Renault 018 de Damon Hill y Jacques Villeneuve era el monoplaza a batir. En los entrenamientos, el británico sacó un segundo al Ferrari de Schumacher quien, según propia confesión, había exprimido al máximo al coche. El domingo se abrieron los cielos en Montmeló. Todos, excepto Hill y Villeneuve, desaparecieron en la salida bajo una inmensa nube de agua pulverizada. Cinco pilotos abandonaron en la primera vuelta por accidente.

 

Schumacher, desde la séptima posición comenzó a atacar. En la duodécima era ya líder. A partir de aquí entró en otra dimensión: 2.9 segundos de ventaja en la vuelta 12, 6.6 en la 13, 10.5 en la 14, 14.9 en la 15... Schumacher corría solo. Su mejor registro en carrera fue 2.2 segundos más rápido que el siguiente. A pesar de perder un cilindro durante la parte final de la prueba, ganó con un minuto cuarenta y cinco segundos de ventaja. Solo dos pilotos se libraron de ser doblados. Al acabar la carrera, Jead Todt dijo haber sido testigo de algo “increíble”.

Estoril, 1985: La primera victoria de Senna

Era la segunda temporada del brasileño en la Fórmula 1, y también la segunda carrera con Lotus. Aquel Gran Premio de Portugal fue una de las carreras con más lluvia en la historia de la Fórmula 1. Senna salió a la pista tanteando un coche totalmente desconocido para él. El brasileño nunca antes había probado en agua su monoplaza, ni tampoco con depósitos llenos o con los neumáticos Good Year para mojado.

En la meta, había doblado a todos los pilotos (Lauda, Prost, Mansell y Piquet, entre ellos) menos al italiano Michele Alboreto, quien llegó a un minuto dos segundos por detrás. Rodó a una media de un segundo por vuelta por debajo de sus rivales. Fue la primera victoria de Senna en la Fórmula 1, para la que necesitó solo dieciocho carreras. Habría llegado antes de no mediar el famoso banderazo prematuro bajo la lluvia de Mónaco, en 1984.

 

Nurburgring, 1968: El orgullo de Jackie Stewart

Jackie Stewart no quería correr en “El Infierno Verde”. Todavía estaba reciente su dramático accidente un año antes en Spa, con el que pudo terminar abrasado por las aberrantes condiciones de seguridad de la época, Tanta era la niebla y la lluvia que incluso una sesión de entrenamientos tuvo que ser cancelada y otra retrasada. Jacky Ickx, autor de la pole, le había sacado al escocés cincuenta segundos en los entrenamientos. Ken Tyrrell, su patrón, tuvo incluso que obligarle a salir a la carrera.

Tercero en la primera curva, segundo a mitad del circuito, Stewart adelantó a Granham Hill en Schwalbenschwanz y terminó la primera vuelta con nueve segundos de ventaja. Aunque contaba con unas gomas Dunlop para agua especialmente competitivas, el escocés se sobrepuso a sus demonios. En la segunda vuelta sacaba treinta y cuatro segundos de ventaja. A mitad de carrera, minuto y medio. Llegó a meta con cuatro minutos y tres segundos por delante de sus rivales. Y eso que Stewart, además había corrido con la muñeca rota.

Silverstone, 2008: Hamilton, el joven maestro bajo la lluvia

 El británico llegó a su país con una gran presión tras varios errores consecutivos en pruebas anteriores. En los entrenamientos empeoró la situación al cometer un error y ser superado por su compañero Kovalainen. “Antes de la carrera hablé con mi hermano”, explicaría posteriormente Hamilton para ilustrar su estado de ánimo,“ le dije que solo quería ser capaz de mantener el coche en la pista”. “Me contestó: ni te preocupes, eres el maestro bajo la lluvia”.

En la carrera Hamilton destrozó a todos con un pilotaje prodigioso, y también escandaloso por las diferencias. Llegó a rodar hasta cinco segundos por vuelta más rápido que sus rivales. Sus ingenieros le pedían calma, “ni siquiera estaba atacando, iba a un ritmo confortable…” confesó sorprendido tras la carrera. Menos a Barrichello y Heidfeld, Hamilton dobló al resto. “Para mí es algo natural, soy muy sensible, me siento muy confortable en el agua, sé dónde atacar, dónde no hacerlo, y este es el resultado hoy”. Ojalá llueva en Shanghai…

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