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Una victoria contra el cainismo y el victimismo español
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Javier Rubio

Dentro del Paddock

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Una victoria contra el cainismo y el victimismo español

“Un piloto español ganador en Monza, la catedral del automovilismo, y a bordo de un Ferrari, sería para frotarse los ojos….”, terminaba nuestra columna del pasado

Foto: Una victoria contra el cainismo y el victimismo español
Una victoria contra el cainismo y el victimismo español

“Un piloto español ganador en Monza, la catedral del automovilismo, y a bordo de un Ferrari, sería para frotarse los ojos….”, terminaba nuestra columna del pasado viernes. “Una de las victorias más impactantes de mi vida…”,  reconocía Fernando Alonso tras la carrera italiana, “nunca imaginé que sería tan fantástico”. Su gran victoria en Monza y la decisión del Consejo Mundial del pasado miércoles  le han vuelto a encauzar por la senda del título. Pero quizás también sean capítulos que sirvan de contexto para situar su controvertida posición como deportista en España.

 

Porque  en torno a su persona, se están expresando dos curiosos rasgos del inconsciente colectivo ibérico: por una lado, nuestro secular maniqueísmo (plasmado en ese intenso debate entre anti y pro alonsistas) y, por otro, un cierto victimismo hispánico (“el mundo contra nosotros”) que también se ha visto proyectado sobre su figura en esta polémica temporada.

¿Los británicos contra Alonso?

Una corriente de opinión en España interpreta algunas discutibles decisiones de la FIA en relación a Lewis Hamilton como una señal de favoritismo hacia el piloto de McLaren por su condición de británico, entre otros factores, y en contra del piloto español cuando este ha sido tratado con otro rasero por los comisarios.

La semana pasada, quienes participan de este sentimiento de persecución harían bien en valorar que ni Ferrari ni Alonso pagaron  precio alguno en sus aspiraciones para el título (salvo cien mil dólares de multa) tras infringir una norma. Como Hamilton en Valencia, salvando las diferentes circunstancias. Para denunciarlo, el jueves pasado, algunos periodistas británicos se lanzaron contra Alonso con durísimas y hasta irrespetuosas preguntas. Curiosamente, fueron los mismos (Ian Gordon y Byron Young) que atacaron también y con igual dureza a Alonso en Alemania, el pasado mes de julio.

“Pobre Alonso, pilotó soberbiamente durante todo el fin de semana y aún tuvo que soportar preguntas imbéciles tales como si la victoria de Singapur fue igual a esta (de Alemania)” Esta frase en su defensa salió no de un español, sino de la pluma de uno de los más veteranos y expertos, Tony Dodgins, también británico para más señas, que dejó muy clara su opinión por la actitud de sus compatriotas en Alemania: “El periodista sabe que la pregunta es imbécil (la de su colega), pero es que trabaja para esa prensa amarilla que necesita prostituirse en busca de un titular. Alonso estuvo muy bien en dar una respuesta amable. Seguro que James Hunt o Mario Andretti no hubieran hecho lo mismo”.

Otros buenos conocedores de la Fórmula 1, como los periodistas James Allen o Andrew Benson, por poner algunos ejemplos, también comprendieron aquellos días la situación de Ferrari en Alemania respecto a las órdenes de equipo, y disculparon a Alonso. Sí, no toda la prensa británica apunta siempre al español con el láser en la frente. Porque en su seno hay de todo, incluso cierta arrogancia, pero también más ecuanimidad de lo que se cree en España respecto a Alonso, algo que sorprendería en nuestro país si se conociera el tipo de información que circula entre ellos respecto al español y su relación con McLaren en 2007.

Solo cinco en cuarenta años

Y en lo que respecta al maniqueísmo de nuestra afición, es obvio que Alonso se ha convertido en un objetivo en su punto de mira.  Sobre gustos, colores. A nadie se le puede obligar a que el español sea santo de su devoción. Pero se equivocan quienes discuten el privilegiado lugar que ya ocupa en la historia de la Fórmula 1. La victoria en Monza fue un paso más para cimentar semejante estatus. Como botón de muestra, recordemos que solo cinco pilotos habían ganado con la Scuderia en Monza en los últimos cuarenta años. Solo dos de ellos fueron campeones del mundo.

Alonso, además, igualó con su triunfo a Fangio en número de victorias. Niki Lauda caerá dentro de poco. Sin olvidar  que es, todavía, el doble campeón del mundo más joven de la historia de la Fórmula 1. En definitiva, en España podremos discutir su personalidad, sus actuaciones puntuales, pero no el privilegio que supone contar con un deportista de su enorme talento. Escuchar a algunos decir que el español es un piloto sobrevaluado produce sonrojo.

Además, si de inconsciente colectivo hispano hablamos, esa personalidad dura y rocosa que a algunos desagrada en Alonso también contribuye a reventar ese complejo de inferioridad que el deporte español ha arrastrado durante décadas. Un irreductible espíritu que se puso en evidencia como nunca en Monza, y tras los contratiempos de Silverstone o Alemania. Junto al fantástico trabajo de Ferrari este fin de semana, Alonso  tiene ahora el título a tiro, a pesar de la tremenda presión ambiental que afrontaba en Italia. No solo dio la talla, sino que, además, mostró una serenidad más nórdica que latina ante un ambiente indescriptible.

Y, por el camino, y gracias a este duro campeonato, Fernando Alonso  también está contribuyendo a que los españoles, a sus expensas, nos conozcamos un poco mejor a nosotros mismos. Como dirían los tifosi este fin de semana: “¡Grande Alonso!”.

“Un piloto español ganador en Monza, la catedral del automovilismo, y a bordo de un Ferrari, sería para frotarse los ojos….”, terminaba nuestra columna del pasado viernes. “Una de las victorias más impactantes de mi vida…”,  reconocía Fernando Alonso tras la carrera italiana, “nunca imaginé que sería tan fantástico”. Su gran victoria en Monza y la decisión del Consejo Mundial del pasado miércoles  le han vuelto a encauzar por la senda del título. Pero quizás también sean capítulos que sirvan de contexto para situar su controvertida posición como deportista en España.

Fernando Alonso