El circuito del Jarama y las arrugas de aquella dama elegante

Cuando en 1981 Gilles Villenueve logró su última y mejor victoria, cerró también la trayectoria del Circuito del Jarama en la Fórmula 1. El pasado 21 de

Foto: El circuito del Jarama y las arrugas de aquella dama elegante
El circuito del Jarama y las arrugas de aquella dama elegante

Cuando en 1981 Gilles Villenueve logró su última y mejor victoria, cerró también la trayectoria del Circuito del Jarama en la Fórmula 1. El pasado 21 de junio se cumplieron treinta años de aquella espléndida pero a la vez triste carrera. Ante la perspectiva del próximo Gran Premio de Europa en Valencia, quién hubiera dicho que el legado del ya modesto circuito madrileño contribuiría a que, tres décadas más tarde, España fuera el único país con dos carreras en el Campeonato del Mundo.

El Jarama nació en 1967 en un páramo físico, pero también en el automovilístico que era la España de entonces. Único circuito internacional en nuestro país durante décadas, fue arrinconado por las grandes infraestructuras impulsadas a través de dinero público -Jerez, Montmeló-,  deslizándose  por la nostálgica pendiente que le ha llevado a convertirse en un reliquia deportiva que se resiste a morir.

Una pista que abrió la puerta al automovilismo español

“El circuito fue desde sus inicios el creador de la verdadera afición en España” explica Emilio de Villota, el único piloto español que logró clasificarse para un Gran Premio en el Jarama. “España se restringía a los rallies, y los circuitos que había eran urbanos y peligrosos. El Jarama abrió una puerta, y el automovilismo español le debe todo lo que es hoy. Por eso hay que alabar la iniciativa del RACE (Real Automóvil Club de España) que fue quien apostó en su día e hizo posible que el automovilismo español esté donde ésta”.

El Jarama fue obra del famoso diseñador John Hugenholtz, autor de pistas como Zolder, Hockenheim o Suzuka. Franco, el actual Rey de España, Juan Antonio Samaranch y otras muchas autoridades estuvieron presentes en su inauguración. La primera prueba oficial de Fórmula 1 se celebró en 1968, fecha a partir de la cual  el Gran Premio de España se alternó con Monjuic. Desde el fatídico accidente de 1975 que canceló la pista de Barcelona, el Jarama quedó como único escenario de la Fórmula 1 en España.

Una pista prestigiosa y técnica

En su época era una pista prestigiosa, “es difícil verlo ahora con la perspectiva con la que lo veíamos en su tiempo”, explica Emilio de Villota, “pero recuerdo que cuando participé en el Gran Premio de España de 1977 era alabado por todos como un trazado muy selectivo y técnico por las diferencias de nivel que había, y porque las curvas de doble de radio lo hacían muy atractivo”. Desde 1968, y con la excepción de Gilles Villeneuve y el francés Patrick Depaillier (1979), todos los ganadores de las diferentes ediciones fueron campeones del mundo: Graham Hill (1968), Jackie Stewart (1970), Emerson Fittipaldi (1972), Niki Lauda (1974), James Hunt (1976) y Mario Andretti (1977 y 78).

Luis Pérez Sala fue otro de los muchos pilotos españoles que echó los dientes deportivos en la pista madrileña. “Para mí ha sido un circuito importantísimo, porque cuando  empecé solo se podía correr en el Jarama y en Calafat. La primera carrera que gané en mi vida fue aquí en 1980, el día del Gran Premio de España, cuando corría con la Renault 5 Copa el mismo fin de semana”.

“Qué recuerdos, hay cierta nostalgia…” reconoce Pérez Sala. “La pista es de trazado espectacular, tiene curvas rápidas, combinaciones de lentas, hay mucha técnica…. Pero con el tiempo las instalaciones se han quedado muy pequeñas, sobre todo para grandes carreras, aunque valga para nacionales y algunas europeas”.

Asfixiado por el sino de los tiempos

“El Jarama ha vivido muy buenos momentos siempre de acuerdo a los tiempos que nos han tocado vivir” explica Manuel Vidal, fiel director del circuito desde hace décadas. “Ahora, aunque tiene mucha actividad diaria, ya no pertenece al mundo de los grande premios. Tenemos un déficit de inversión, y el Jarama necesita que se lave la cara, creo que incluso con estropajo”.

El paddock y sus instalaciones, las escapatorias, el asfalto…, todo ha ido menguando con el paso del tiempo, sin que hubiera voluntad ni medios para evitarlo. Por su configuración e infraestructuras, el Jarama se quedó anticuado para las exigencias de la Fórmula 1. Además, el paso de los años no ha perdonado la falta de inversiones por parte de un RACE que, por otro lado, tampoco podía competir con otras instituciones públicas dispuestas a albergar a toda costa un Gran Premio de Fórmula 1. Con los años ha sufrido además una creciente presión urbanística que impide su crecimiento, cuyos usos también se han visto ahogados por las denuncias de contaminación acústica de las urbanizaciones que lo han rodean.

Desde hace años, el RACE, la Comunidad de Madrid y el Ayuntamiento de San Sebastián de los Reyes han estudiado trasladar su emplazamiento, con fuertes intereses urbanísticos como telón de fondo. No parece que, dada la situación económica actual, se vaya a producir permuta alguna, ni tampoco que existan proyectos  de inversión que  eviten  su lenta decadencia.

“El Jarama es como una dama elegante, digamos, que tiene cincuenta años y muestra las arrugas de todos y cada uno de ellos”, explica Manuel Vidal con una mezcla de cariño, nostalgia y tristeza. Son sentimientos con los que, a buen seguro, se identificaran todos y cada uno de los que, en las polvorientas “pelousses” de tierra,  en sus tribunas o en la pista, disfrutaron alguna vez del entrañable Circuito del Jarama.

Dentro del Paddock
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