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Rory Byrne: vuelve el 'Adrian Newey' de Ferrari
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Javier Rubio

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Rory Byrne: vuelve el 'Adrian Newey' de Ferrari

En la década de los cincuenta, un adolescente Rory Byrne

Foto: Rory Byrne: vuelve el 'Adrian Newey' de Ferrari
Rory Byrne: vuelve el 'Adrian Newey' de Ferrari

En la década de los cincuenta, un adolescente Rory Byrne y su hermano competían con éxito en concursos de planeadores lanzados a mano, diseñados y fabricados por ellos mismos. Entonces, aquel joven sudafricano ya jugaba con la aerodinámica más básica, el coeficiente de fricción y la ligereza como secretos del éxito. Quizás nunca imaginó con que aquellos principios se convertiría en uno de los diseñadores más exitosos en la historia de la Fórmula 1.

Byrne fue el jinete que llevó con increíble éxito las riendas técnicas del ''Cavallino' durante sus años más gloriosos. “Los nuevos propulsores turbo representan una gran oportunidad para equipos como Mercedes y Ferrari para integrar el trabajo de los ingenieros de motores y sus colegas de chasis”, explicaba recientemente Ross Brawn, 'alma gemela' de Byrne en  Benetton y Ferrari. Ante semejante desafío, Ferrari hoy busca de nuevo la piedra filosofal de quien convirtió en oro lo que tocaba. Excepto las tres victorias de 1996, las ochenta y ocho restantes de Michael Schumacher se lograron a bordo de monoplazas con el sudafricano como máximo responsable.

El coche de Senna en Mónaco'84 era suyo

Los inicios fueron duros en Gran Bretaña para aquel joven emigrante que a primeros de los setenta buscó hacer fortuna en la cuna del automovilismo deportivo. Byrne era ingeniero químico de formación, pero la vocación le llevó por la vía técnica en el automovilismo. No tardó en destacar.

Como Newey en la época de Leyton House, Byrne dejó pronto su sello en Fórmula 1 en un equipo modesto.  En su caso fue Toleman, a primeros de los ochenta, con diseños que rompieron moldes. Por ejemplo, aquel TG1183B de 1983 que en manos de Dereck Warwick igualó los tiempos de Alain Prost en los entrenamientos del GP de Brasil. Los mecánicos aplaudieron su entrada en boxes mientras que Patrick Tambay, piloto de la 'Scuderia', había terminado a casi un segundo y medio. El monoplaza con el que Senna estuvo a punto de ganar en la mítica carrera de Mónaco 1984 también llevaba su sello.

Aquel quijotesco y valiente proyecto de Toleman sucumbió a los problemas económicos, y fue adquirido por la familia Benetton. Con Briatore, Ross Brawn y un tal Michael Schumacher, Byrne pudo desarrollar su talento. En 1995 llegó su primer título de Constructores con el B195, aunque un año antes Schumacher había logrado el primero de Pilotos. 

La llamada de Jean Todt

Cuando Brawn y el piloto alemán se marcharon a Ferrari en 1996, Byrne decidió emprender otra aventura. Su padre, profesor de escuela, siempre le enseñó a “encontrar el equilibrio en la vida”. Poco antes había conocido a Pornthip en un restaurante cercano Benetton, y la tailandesa se convirtió en su mujer. Apasionado del buceo, decidió establecer una escuela en Tailandia. Hasta que llegó la famosa llamada que interrumpió su retiro.

“Rory, solo alguien puede dar a Michael un coche ganador: tú”. Jean Todt fue directo. Costó llegar a un acuerdo, pero Byrne dejó las playas tailandesas. Llegó a finales de 1997 y dos años después ya había ganado su primer título con Ferrari. Schumacher tardaría un año más con el de Pilotos. Y desde entonces hasta 2004 no paró de repetir con el glorioso 'dream team' del ‘todos para uno y uno para todos’.

“Uno de los secretos del éxito es lo bien que me llevo con Ross (Brawn)”, explicaba respecto al hoy director técnico de Mercedes. “Nos miramos a los ojos en cada asunto y rara vez estamos en desacuerdo al tomar una decisión fundamental, parece que siempre vemos las cosas de la misma manera, y siempre acepta casi todo lo que le propongo”.  Por si fuera poco, ambos contaban con el sueño de un ingeniero, alguien “capaz de pilotar el coche más cerca de su límite de estabilidad que el resto de los pilotos” pero también un piloto “muy exigente, que presionaba mucho, esperaba el máximo de todo el mundo porque daba lo mejor, y la gente respondía”. 

“En 2004 habíamos ganado 15 de las 18 carreras, tenía una familia joven, y cuando cumplí los sesenta años decidí que me quería retirar a Phuket, no quería continuar con una ocupación tan estresante y tanta presión, no eres indestructible”. Cuando Schumacher se despidió en 2006 decidió levantar el pie. Pero Ferrari consiguió retenerle como “consultor durante cien días al año” para sus vehículos de calle, y para aportar su experiencia en la Fórmula 1. Ahora, asistirá a Nicolas Tombazis con mayor participación que en el pasado. Y ya nos ha avisado de que el coche que Alonso llevará en 2014 es algo distinto.

El tercer ingeniero de más éxito

No le rodeaba esa aureola de genialidad que envuelve a Adrian Newey, pero comparte algunos rasgos con el británico. Tras aquel y Colin Chapman, es el tercer ingeniero más exitoso de la Fórmula 1. Talento técnico al margen, siempre derrochó una competitividad personal extrema. "Me gusta ganar, pero no es tan importante como ser competitivo. No serlo es algo que no puedo soportar, perder una carrera por décimas no es tan malo, depende de los detalles, pero terminar una vuelta perdida es algo terrible”.

“No hay un día que no saltara de la cama con ganas como un loco de ir a la oficina”, explicaba de sus años más intensos. Con ese mismo espíritu ha luchado contra un reciente cáncer de próstata “nivel 6”, haciendo su propia investigación personal para someterse a un tratamiento especial en un centro de yoga tailandés. Ahora ha conseguido remitir la enfermedad, perder seis kilos -“tengo una nueva energía”-, e incluso curar su artritis de rodilla, “y puedo estirar el codo al lanzar” porque, como el buceo, también el cricket sigue siendo una de sus grandes pasiones.

“En un momento dado, vivíamos en un autobús, aparcados en una calle sin salida, en invierno…”.  Eran sus comienzos en Gran Bretaña. Casi cincuenta años después, Rory Byrne vive a caballo entre  Tailandia e Italia, tiene una casa delante de la playa en Phuket  (“lo más cercano al paraíso que puedes encontrar”) y un Honda City en la puerta (“una joya”), y otra cerca de Maranello con un Ferrari 430 en el garaje (“que solo utilizo en Italia"). 

Como su padre le aconsejó, Rory Byrne ha alcanzado el equilibrio en la vida. Fernando Alonso puede beneficiarse de ello en 2014. Vuelve un mito de la Fórmula 1