la necesidad de un producto atractivo

¿Qué debe cambiar en la F1 después de Ecclestone? "Son las emociones, estúpido"

Llegan cambios tras la marcha de Ecclestone. Pero cualquier cambio debe tener en cuenta al protagonista clave y olvidado en los últimos tiempos: el espectador y aficionado

Foto: Chase Carey junto a Bernie Ecclestone.
Chase Carey junto a Bernie Ecclestone.

Hubo en la Fórmula 1 una era 'preEcclestone', y comienza ahora la 'postEcclestone'. Porque ha dejado de ser 'The Boss'. A partir de ahora, con su marcha, la F1 será diferente. Pero ¿Qué debería cambiar en el futuro? ¿Hacia dónde debería ir un negocio multimillonario y global, que tantos desafíos afronta tras la marcha de Bernie Ecclestone?

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El formato y la acción que actualmente vemos en la pista es el producto de una intrincada malla con diferentes actores e intereses en tensión. Un negocio cuyo modelo de gestión tenía como objetivo prioritario ordeñar la vaca que compró un fondo inversor, y todo acababa supedidato a tal fin. Incluso el espectáculo que vemos en pista. En semejante dinámica, el producto en sí y el espectador era simples instrumentos para ello.

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Liberty Media tampoco invertirá ocho mil millones de dólares sin retorno a su inversión. No seremos tan audaces para dar lecciones a los gestores del primer conglomerado mediático a nivel mundial. Sin embargo, desde la perspectiva del aficionado, sí cabría recordar la brújula que debería guiar la estrategia y futuras decisiones: producto y usuario, carreras y espectadores, el cogollo de la cebolla.

Consumimos deporte para salir de la rutina

¿Cuál es la esencia de un deporte, qué le hace popular? La capacidad para suscitar emociones. Así de básico. Incertidumbre, intensidad, riesgo, valor y el talento del deportista... Consumimos deporte para salir de la rutina, para suspendernos en el vacío durante unos instantes de nuestras vidas, para identificarnos con otros seres humanos en pugna consigo mismo y sus rivales… Pero si la Fórmula 1 pierde su capacidad para generar esas sensaciones, pierde su atractivo. Está ocurriendo. El pasado Gran Premio de Brasil y otros momentos puntuales de la pasada temporada, por ejemplo, nos recordaban lo apasionante que puede ser en este sentido.

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Pero el mismo equipo y sus dos pilotos han ganado 51 de las últimas 59 carreras. El factor tecnológico ha invadido progresivamente el terreno del factor humano. Motores que no suenan, pilotos que ruedan a velocidad de crucero preocupados por el consumo y otros factores limitantes, comisarios que penalizan a los pilotos con tan solo soplarse a la cara, circuitos que se domestican…A la postre, consecuencia todo ello de esa estructura de gobierno y gestión.

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Que si disparatadas inversiones en tecnología, que unos pocos equipos controlan el Strategic Group y se benefican del reparto económico con ekl consiguiente reflejo en la pista, que una FIA burocratizada para gestionar de la vertiente técnica, que los circuitos sufren “fees” altísimos…. Cuando encendemos el ordenador, nos dan igual sus tripas. Solo queremos que funcione y disfrutar con la experiencia. Con la F1 ocurre algo parecido. Liberty necesita mejorar el producto, y para ello tendrá que entrar a saco en frentes de diferente naturaleza. Será su trabajo. Los aficionados solo quieren sentarse ante un televisor, disfrutar y sentir.

“¿Y se pide pagar a la gente por esto?”

En este sentido, Liberty tendrá que estudiar hasta qué punto es una opción viable la creciente política de esconder a la Fórmula 1 en 'pago por visión' . Un famoso piloto que competía en Estados Unidos le preguntaba a un periodista europeo que veía una carrera en su tableta: “¿Y se pide a la gente pagar por esto?” . Por ello, hay que cuidar el producto, que no es otro que esa carrera que elegimos ver el domingo por televisión por delante de decenas de alternativas.

Nico Rosberg haciendo unos donuts en sus últimos acelerones a un F1.
Nico Rosberg haciendo unos donuts en sus últimos acelerones a un F1.

España es un buen ejemplo de ese dilema actual. Las audiencias son una sombra del pasado, al margen de que Fernando Alonso aspire o no a la victoria y Carlos Sainz se este forjando su sitio en la cumbre. El afán por ordeñar la vaca ha llevado a cerrar paulatinamente al gran público - no solo en España- un producto audiencias millonarias incluso cuando no ganaba el piloto asturiano. Pero si sus responsables deciden que esta es la tendencia, insistimos, el producto es la clave. Hoy, no pasa por sus mejores momentos.

Una fórmula sencilla para recordar

La realidad mediática y sociológica ha evolucionado extraordinariamente en la última década. ¿Cómo buscará Liberty ampliar audiencias en diferentes culturas y continentes con los nuevos y diferentes canales de información y ocio que consumen? ¿Cómo se va a posicionar la F1 desde el punto de vista tecnológico frente a la futura cultura del coche eléctrico y de hidrógeno?

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La Fórmula 1 está inmersa en una fase de transición para evolucionar desde ese “modelo Ecclestone” que necesita ser ampliado y adaptado a los nuevos tiempos. Bernie tuvo su brújula: “sexo, dinero y poder guían al ser humano” ha reconocido más de una vez. Bajo su liderazgo, Ecclestone modeló genialmente la Fórmula 1 acorde a esas fuerzas vitales básicas del ser humano. Por algo Liberty ha pagado ocho mil millones de dólares.

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A la postre, es la perspectiva del aficionado y espectador la que verdaderamente importa. Para potenciar el producto que le seduzca, la fórmula mágica es sencilla. Los responsables de Liberty deberían colocarla encima de su mesa y tenerla presente permanentemente a la hora de tomar sus decisiones: “Son las emociones, estúpido, las emociones”. Cómo esa fórmula se haga realidad es problema de sus gestores. Pero si te olvidas de ellas, despídete.

Pd: Tras terminar esta columna de opinión, se hacía público el nuevo cargo de Ross Brawn en la Fórmula 1. Sus primeras palabras terminaban así: "tenemos una oportunidad sin precedentes para trabajar junto con los equipos y pilotos para una mejor F1 y, por encima de todo, para los aficionados". Pues ya lo saben...

Dentro del Paddock
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