Señor Marchionne, cámbienos algún día a Daniel Ricciardo por Sebastian Vettel

El australiano combina una personalidad exhuberante y divertida con un enorme talento al volante, mientras que pierde cada vez más brillo cuánto más gana como piloto de Ferrari

Foto: Vettel bromeando con Ricciardo. (EFE)
Vettel bromeando con Ricciardo. (EFE)

Como esta es una columna de opinión y, por ello, totalmente libre, vamos a irnos por las ramas para hacer un juego de ciencia ficción. ¿Se imaginan a Daniel Ricciardo en Ferrari en vez de Sebastian Vettel? Hablamos de ellos porque, claro, a Marchionne no le interesan ni Alonso ni Verstappen. No ha dicho nada de Hamilton, más adelante ya veremos…

Quien les escribe ha de reconocerse un afiliado más al pecado nacional de la envidia. Envidia de la inteligencia de otros. Nada como la agilidad mental instantánea combinada con la capacidad para relacionar múltiples focos de información apoyados por una gran memoria. Con un toque de humor la combinación es terrorífica. En este sentido, el piloto más tonto hace relojes en la Fórmula 1. Y el que anda un poco más flojo se le nota. Que nos perdone Kimi Raikkonen, con todo el talento natural que Dios le ha dado le incluimos en el pelotón de cola. De hecho su presidente le ha dado un buen toque estos días.

Dando por sentado que el talento a estos niveles ni se discute, entre esos pilotos de gran inteligencia están Sebastian Vettel y Daniel Ricciardo, aunque con estilos muy diferentes. Pero Vettel nos está ofreciendo a pasos agigantados un perfil más amplio de su personalidad estos dos últimos años en Ferrari. Y Daniel Ricciardo, también. Pero en Red Bull.

Hasta las milésimas discute

Ser líder de Ferrari es un trabajo de Hércules solo apto para espaldas muy anchas. Más, cuando el viento sopla en contra. Schumacher y Alonso los tenían bien puestos para soportar semejante olla a presión. Pero a Vettel le comenzaron a saltar las costuras el pasado año en momentos clave. Cuando la realidad no se ajusta a sus deseos le cuesta controlar sus emociones. El alemán ha protagonizado dos de los incidentes más singulares de la última década: mandar a 'tomar por' al Director de Carrera, Charlie Whiting, y embestir a un rival durante una interrupción. Ha salido indemne. Pero en Austria volvió a demostrar que cuando al niño no se le educa, se le malcría.

Era su obligación llamar la atención por radio sobre la arrancada de Bottas. Pero una vez investigada por la FIA, fue declarada legal. Sin embargo Vettel se permitió insistir y cuestionar el tema después de la carrera. El joven Lando Norris (protegido de McLaren) perdió hace poco una pole por dos milésimas en la Fórmula . “¿Cómo pueden existir 0.002?”, bromeaba en un tuit del que hasta Zak Brown se hizo eco. Pues bien, Vettel discutía tras la carrera hasta las milésimas. Pocos días después de su episodio con Hamilton y su encuentro con la FIA.

El alemán es un piloto extraordinario, como está demostrando su pelea en solitario contra Mercedes. Pero empieza a perder ese brillo de su inteligencia y del carisma de sus primeros tiempos con Red Bull, eso sí, cuando todo era más fácil con un buen 'pepino' en las manos. Ese carisma que convierte a un gran piloto a alguien muy querido, alguien especial más allá de su condición al volante. Porque guste o no, el componente emocional es parte del atractivo de un piloto.

No es fácil ser piloto de Red Bull

¿Hablamos de carisma? ¿Cómo se puede hacer parecer tan fácil lo más difícil? No solo en la pista, sino también fuera de ella. Respecto a lo primero, recordemos cuando Alonso llamó la atención sobre su enorme habilidad en el cuerpo a cuerpo. Para adelantar y defenderse es un auténtico maestro. El español lo sabrá por experiencia, porque pocos le han plantado cara como en aquel legendario duelo de Hockenheim 2014. O recordemos el triple adelantamiento de Baku este año, crucial para su victoria posterior. Tiene además una velocidad endiablada. Y con estilo muy diferente al de Vettel, también es extremadamente inteligente, aunque no lo parezca tras esa eterna sonrisa.

Fuera del asfalto, esa condición de 'killer' se funde con un glorioso temperamento de eterno 'showman' natural y espontáneo. Ricciardo derrocha disfrute permanente y sin que parezca afectarle la alta presión que se vive permanentemente de la F1. ¿Cuántas imágenes o momentos memorables no ofrece cada vez que abre esa enorme boca? En el corralito de la prensa, en los vídeos propios o de Red Bull, en el número que monta cada vez que sube al podio…. Y diremos algo más. No es fácil ser piloto hoy en Red Bull con Verstappen al lado y Marko en las alturas. Ahí lo dejamos.

Un título de rojo es otra cosa

¿Se imaginan algún día a Ricciardo en Ferrari? Primero, con la esperanza de que pudiera luchar por un título, poniendo a la vez a prueba la esencia de su personalidad en el difícil contexto de Maranello. Una prueba de fuego que a Vettel le está quemando, pero sería interesante constatar cómo la aguanta el australiano. Y sobre todo, sería fantástico comprobar la respuesta de los italianos al Ricciardo que vemos estos días, pero vestido de rojo y ganando con Ferrari. Esa forma de disfrutar la victoria de Bakú o el podio de Spielberg dentro de su coche...Los tifosi son realmente sensibles al carácter de sus pilotos. Schumacher no llegó a su corazón a pesar de sus éxitos, y Vettel parece que tampoco lo está logrando. La simbiosis de la pasión italiana con el temperamento de Ricciardo podría ser algo memorable.

A algunos románticos nos gustaría ver a un español lograr un título mundial con Ferrari. Que nos disculpe Alonso, pero lograrlo con la Scuderia está un escalón por encima que hacerlo con McLaren. Estuvo a punto de lograrlo en dos ocasiones, y la moneda cayó por la otra cara. Que Carlos Sainz algún día uniera el título de la Fórmula 1 vestido de rojo a los mundiales de su padre en los rallies ya sería soñar demasiado. Pero mientras tanto, ahora que Sergio Marchionne nos ha dicho que Alonso ya no le interesa y que tampoco le ofrecen a Verstappen (en F1 conviene no escupir hacia arriba), por lo menos, que algún día lo intente con Daniel Ricciardo.

Dentro del Paddock

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