Aston Martin, Red Bull y un 'superpepino' de 2,5 millones de dólares

Aston Martin se convierte en patrocinador titular de Red Bull, pero con esquemas diferentes al pasado. Un acuerdo que es también un aviso de navegantes para la futura F1

Foto: Max Verstappen a los mandos de su Red Bull, en el GP de Italia. (EFE)
Max Verstappen a los mandos de su Red Bull, en el GP de Italia. (EFE)

'Aston Martin Red Bull Racing'. El equipo austríaco cuenta con un nuevo ‘title sponsor’, se anunció ayer. El formato no es una novedad, pero sí una noticia que tiene varias derivadas para el futuro. También para el aficionado o seguidor de la Fórmula 1.

El acuerdo es lo que ambas partes denominan “innovative partnership”, lo que traducido del latín significa la creación de un centro tecnológico para ampliar el proyecto Aston Martin Valkyrie, el superdeportivo diseñado por Adrian Newey, 15 unidades a casi 2,5 millones cada una. ¿Y qué pinta aquí el aficionado? ¿Mezclamos churras con merinas?

Las redes a un caladero lleno de peces

Integrarse en el nombre oficial de un equipo recuerda aquellos días de 'Marlboro McLaren Honda' o 'Marlboro Scuderia Ferrari'. Pero ya no se trata de ese antiguo esquema “yo te pago una pasta y tú pones las pegatinas en el coche y paseas el nombre por todas partes”. En España, cuando la marca tabaquera insertaba una campaña en los medios de comunicación, incluso insinuaba primero y llegaba a exigir después al periodista que se nombrara al patrocinador al citar al equipo. Si les contáramos…

En el caso que nos ocupa el concepto de ‘title sponsor’ refleja que Aston Martin y Red Bull crean el ‘Advanced Performance Centre’ en Milton Keynes, un nuevo centro tecnológico que incorporará a 110 ingenieros. Ambas entidades han catado el fabuloso nicho de mercado de los superdeportivos de élite. En el mundo globalizado de hoy, los ricos son cada vez más ricos. El Aston Martin Valkiria les ha volado de las manos. El caladero rebosa y hay que echar las redes. Fenomenal para los accionistas.

"Solo si las circunstancias son correctas"

Pero, ¿qué tiene que ver con la Fórmula 1? se preguntarán. “Las discusiones sobre los motores nos interesan, pero solo si las circunstancias son las correctas”, explicaba Andy Palmer, CEO de la marca británica, sobre una futura presencia como motorista, “no vamos a entrar en una guerra de motores sin restricciones de costos u horas de dinamómetro, pero pensamos que si la FIA quiere crear el entorno adecuado, sería muy interesante poder involucrarnos”. Aquí, Palmer está metiendo el dedo en el ojo de la Federación.

La F1 es un mundo iniciático donde los protagonistas toman decisiones entre bastidores según complejos intereses, que configuran un concepto determinado de competición en la pista. Normalmente, con la certeza de que el aficionado o televidente se tragará lo que le echen, porque yo lo valgo. Los motores híbridos desde 2014 son uno de los mejores ejemplos. Liberty Media, mentalidad americana, le ha visto las orejas al lobo y está intentando modificar el rumbo de este petrolero como puede.

Un ejemplo de decisiones de espaldas al aficionado: el Reglamento Deportivo para 2018 la FIA ahogará la soga de la fiabilidad para los motores híbridos, persistiendo en mantener las penalizaciones de parrilla, uno de los mayores fiascos adosados a la tecnología híbrida. ¿Imaginan a miles de aficionados holandeses que viajaran hasta Spa para descubrir a Max Verstappen en la cola de parrilla, como ocurrió en la carrera siguiente de Monza? Ni siquiera los organizadores sabían como posicionar cada monoplaza antes de la carrera italiana por el desbarajuste de las sanciones.

Aston Martin, aviso para navegantes

El dominio de Mercedes con la tecnología híbrida, el sistema ‘político’ creado en torno a ella, la pérdida de sonido, el enorme costo económico… Son consecuencias de una decisión estratégica a espaldas de ese ‘cliente’ que solo busca disfrute y entretenimiento. Prueba del error es el esfuerzo político de Ross Brawn y Liberty para darle un tajo al tema con el nuevo reglamento que se estudia a partir de 2021.

El acuerdo de Aston Martin con Red Bull sirve también para llamar la atención ahora que se está definiendo el concepto de Fórmula 1 del futuro. Varios fabricantes de automóviles (Jaguar, Renault, Mahindra, DS) ya compiten en la Fórmula E. La industria alemana (BMW, Audi, Porsche, Mercedes) ha confirmado su presencia en el certamen eléctrico. En este contexto, la Fórmula 1 se encuentra en una encrucijada.

Las dudas de Aston Martin serán las mismas de otros posibles actores. ¿Qué esquema de F1 se quiere para el futuro? ¿Uno al servicio de intereses muy específicos, u otro que abra el abanico para más fabricantes, equipos con opciones y, por ende, mejor espectáculo? Este es un mundo con múltiples y complejos intereses en juego y dificultad para congeniar todos. Pero, por abreviar, señalemos hacia la FIA para la concrección técnica de los futuros motores, donde la Fórmula 1 parece estar tan condicionada por la agenda política de Jean Todt y su obsesión medioambiental y por la seguridad vial. Ya le dio el presidente un ‘toque’ a Ross Brown y Liberty en su día. “Los motores son competencia nuestra”. Y en este terreno también está la pugna. Quien ha invertido miles de millones tiene que lidiar con quien no lo hace.

La asociación de Aston Martin con Red Bull no solo es un excitante acuerdo tecnológico para las partes. También es un aviso para navegantes. Que no acabemos de nuevo contra las rocas.

Dentro del Paddock

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