Las cervezas que esperan a Ferrari o el miedo que da el nuevo motor de Mercedes

Impactantes, sofisticados, evolución de las máquinas ganadoras de 2017, el W09 y el SF71H de Mercedes y Ferrari, respectivamente, deberían proporcionar una temporada 2018 de F1 apasionante

Foto: Valtteri Bottas sobre el nuevo W09 de Mercedes en el 'filming day'.
Valtteri Bottas sobre el nuevo W09 de Mercedes en el 'filming day'.

Han visto a la luz prácticamente a la vez. Mercedes incluso ha tenido el detalle de instalar en su presentación de Silverstone unas pantallas para que los periodistas presentes pudieran seguir la del nuevo monoplaza de Ferrari, el SF71H. Un símbolo de la relación que une a los dos grandes dominadores de la Fórmula 1 actual: grandes aliados fuera de la pista, los mayores enemigos en ella.

Ferrari y Mercedes han creado un frente común para defender su posición frente a Liberty. Toto Wolff lo resumía perfectamente acogiéndose a la analogía del rugby: “Me gusta, porque puede ser fiero y duro con tus rivales, intentas golpear duro durante el partido y ganar con todas las emociones necesarias, pero aún te puedes compartir una cerveza después”. Muy bonito, pero de momento es Ferrari quien se ha llevado los golpes.

A pesar de ser compañeros de cama como poderes fácticos, ambas estructuras exhiben dos filosofías diferentes desde el punto empresarial y mediático. Los dos nuevos monoplazas de 2018 también repiten esas diferencias, siguiendo la interpretación técnica con las que cada uno leyó el nuevo reglamento de 2017. Pero ahora, el SF71-H debería ser el instrumento para que Sergio Marchionne se tome esas cervezas con su rival por fin derrotado. Esa es la gran responsabilidad de los hombres de Maranello. Esta temporada sería la décima para Ferrari sin títulos. No es precisamente la hora de la cerveza para Marchionne.

"Una obra de arte". Tanto el W09 como el SF71H

De partida, cabe afirmar que ambos monoplazas compiten extraordinariamente en elegancia, cada uno con su estilo. Son los más atractivos vistos hasta el momento, y cualquiera de los dos podría ganar el concurso de belleza de la Fórmula 1 2018. El monoplaza italiano ha logrado hasta tragarse e integrar el desafortunado halo. Las virtudes del diseño italiano, que no soporta la vulgaridad… Hamilton decía de su nueva máquina que es una “obra de arte”. Tiene razón. Pero podría decirse otro tanto de su rival en rojo. No hay ninguna máquina de carreras en el mundo tan sofisticadamente atractiva como un F1. Mercedes y Ferrari lo confirman de nuevo.

Ciertamente, los equipos rivales han debido quedar impresionados por el escultural trabajo aerodinámico de ambos monoplazas, en los que se percibe el elaborado resultado del potencial técnico y financiero de cada equipo. En este sentido, ambos han refinado respecto a 2018 sus respectivos conceptos. Y, a pesar de la diferencia, un primer análisis apunta a que tanto Mercedes como Ferrari convergen uno hacia otro para afinar las aristas que les lastraban la pasada temporada.

Más agresivo todavía

Ciertamente, el equipo italiano ha cambiado respecto a los tiempos de Montezemolo. Hay que reconocer el mérito a Sergio Marchionne, quien pide riesgo técnico a los suyos, aunque luego corte la cabeza si no funcionan. Y Mattia Binotto, su responsable técnico, lo confirma al ver la planta del SF71-H: monoplaza agresivo de concepto el pasado año lo es más todavía en 2018. En Maranello apostaron por una filosofía que pudo dispararse como un tiro por la culata: la de un monoplaza corto, ligero, con una filosofía aerodinámica propia diferente al resto. Virtudes de los defectos y defectos de las virtudes, el SF70-H era homogéneo en la mayoría de los trazados, muy superior en los lentos, explotaba bien todos los compuestos, pero caía ante Mercedes en los circuitos de carga aerodinámica. En Silverstone, por ejemplo, donde cayeron humillados y con los neumáticos sin aire.

La plataforma más larga del monoplaza alemán proporcionaba mayor carga aerodinámica. En el SF71-H, como principal novedad e integración del halo aparte, Binnoto y compañía han alargado su nueva criatura para acercarse y responder a Mercedes allá donde más duro pegaba el W08. Ha exprimido más si cabe los pontones laterales, y ha empaquetado de forma más compacta todo el conjunto bajo una preciosa carrocería. Que las virtudes no se conviertan ahora en defectos.

Una carrocería que parece un silbido

El W09 tiene, aparentemente, menores diferencias con su predecesor que el monoplaza italiano. Decoración aparte, claro. Pero conviene coger la lupa. Al igual que Ferrari lima aristas, con las nuevas suspensiones en Mercedes buscarán evitar los problemas en pistas lentas y de diferencia de temperatura en el tren delantero y trasero. "Suspensiones, fondo, problemas de movimientos del chasis o de alturas, todo es nuevo", apuntaba Hamilton para explicar cómo se había buscado retocar los puntos débiles del W08.

Eso sí, se equivocaba quien apuntaba a que Mercedes imitaría el elevado ‘rake’ (diferencia de altura entre ambos ejes para proporcionar más carga aerodinámica con la parte inferior del monoplaza) de su rival Ferrari, o de McLaren y Red Bull. También mantiene su plataforma. En Mercedes es cuestión de ajuste muy fino en un concepto ganador. Tanto que, visto desde arriba, su carrocería ha sido afinada hasta parecer un silbido.

Del rendimiento comparativo entre ambos la pasada temporada y las lecciones recogidas y aplicadas en los monoplazas de 2018 caben grandes expectativas para un duelo más intenso si cabe entre ambos, y mientras no se confirmen esos rumores que circulan en los bastidores de la Fórmula 1 y sobre los que Christian Horner avisaba días atrás: el miedo que da un nuevo propulsor de Mercedes que recoge soluciones técnicas que no se podían implementar antes. Porque la ventaja que el fabricante alemán disfruta desde el arranque de la tecnología híbrida puede servir para mantenerse siempre un paso por delante de sus rivales.

Los distintos perfiles de Mercedes y Ferrari

Por lo demás, Mercedes sigue mostrándose equipo amable y abierto a los medios y la prensa. Ferrari, una estructura acogotada por las urgencias históricas y las estrategias empresariales de su presidente, siempre con el látigo dispuesto. Desde el exterior, el equipo alemán parece armónico y cómodo en su piel. Ferrari, hosco y distante con su cerrojazo a los medios de comunicación, imitando esa ‘testudo’ de las legiones romanas como forma de ir al combate. Diferentes formas de combatir la presión.

Cuando acabe la temporada 2018, ojalá Ferrari haya logrado acabar con el dominio alemán desde 2014. De lo contrario, no le resultará nada fácil a Sergio Marchionne tomarse las cervezas con Toto Wolff después de haber perdido el enésimo partido consecutivo. Sebastian Vettel lo sabe como nadie.

Dentro del Paddock
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