El 'cordón sanitario' o por qué Ferrari es un equipo cada vez más antipático

Sergio Marchionne decidió el año pasado cortar la comunicación con los medios para aislar a su equipo Ferrari de la presión. Pero a costa de alejarse poco a poco del público y aficionados

Foto: Sebastian Vettel durante esta pretemporada. (Reuters)
Sebastian Vettel durante esta pretemporada. (Reuters)

“Arrivederci”. “In boca di lupo”. Así despedía el siempre cachondo Daniel Ricciardo una entrevista televisiva en el 'Red Bull Station' instalado en el paddock de Montmeló estos días, mientras otros cámaras hacían cola. Toto Wolff hablaba en repetidas ocasiones para cámaras y periodistas, Zak Brown ya estaba el primer día frente a la prensa, Hamilton el último… Mientras, una conocida periodista del canal italiano que ha pagado sus buenos millones por la exclusividad de la Fórmula 1 se quejaba de que Ferrari ni siquiera había permitido unas palabras de Sebastian Vettel en la primera semana de pretemporada.

El equipo italiano parece que mantendrá en 2018 la misma política del pasado año: el silencio hacia los medios de comunicación. Tras sus optimistas pronósticos para 2016, Sergio Marchionne decidió que Ferrari reduciría a mínimos su contacto con los medios. Y así sigue la historia, hasta el punto de que la Scuderia, poco a poco, se está convirtiendo en un equipo antipático en la F1.

Las dos partes se necesitaban

“Este es un negocio de comunicación, tenemos que conectar con los medios y es importante dar acceso a los pilotos, acceso a los aficionados, si no, ¿cómo vamos a promocionar este deporte?”, apuntaba en una ocasión Christian Horner para definir la Fórmula 1 más allá de la competición en pista. Ferrari lleva ya dos años haciendo precisamente lo opuesto.

El carisma y la singular historia de Ferrari siempre le han mantenido en el ojo del huracán mediático. Ross Brawn contaba en su último libro el impacto que cada mañana tenía entre sus empleados el dossier de prensa cotidiano, especialmente el de la prensa en Italia. El equipo italiano ha sido un muñeco de feria para muchos medios con una presión atosigante que que provocaba realidades paralelas y un oleaje emocional muy tóxico. Pero también desde Ferrari se manipulaba los medios a su antojo. Una relación de amor y odio donde ambas partes se necesitaban desesperadamente.

El mismo Marchionne comenzó su gestión con una dinámica parecida. Hasta que, escarmentado, decidió crear un ‘cordón sanitario’ hacia su equipo. Reducir su presencia mediática, aislar a los suyos de la exposición pública, de las expectativas, de las polémicas. Para ello, Arribavene ha cortado el contacto con los medios de comunicación y, por ende, también con los aficionados. Solo mensajes controlados desde sus propias terminales. No hubo una sola rueda de prensa colectiva en Montmeló para medios nacionales e internacionales de los miembros de su equipo.

Una posición privilegiada

Ferrari restringe su presencia cuanto más intenta Liberty abrir unas compuertas mediáticas que Bernie Ecclestone dosificaba con cuentagotas y pasando generosamente por caja. Franz Tost, responsable de Toro Rosso, denunciaba estos días que algunos equipos recibieran cheques especiales que superan el presupuesto anual de varios de sus rivales, como el bono de antigüedad que recibe el equipo italiano. También ha disfrutado de un derecho de veto en la Fórmula 1 impensable en otros deportes, así como un poder político con el que amenaza para marcharse si Liberty toca sus privilegios o quiere imprimir un rumbo deportivo y técnico diferente a sus intereses.

Sin embargo, en el presente Ferrari no honra como debería ese carisma y perfil histórico que esgrime cuando se trata de defender sus intereses. Lo quiere todo, pero dando cada vez menos a cambio. El resto de los grandes equipos podrían adoptar la misma postura. Por ejemplo, el McLaren de estos últimos años, que ha sufrido un enorme desgaste mediátio. Incluso el sábado por la tarde el equipo organizaba el 'Meet the team', un plus adicional a las numerosas y obligadas comparecencias ante los medios. Allí estaban, Boullier, Hasegawa, Alonso, Button y Vandoorne aguantando un tiroteo tras otro. Dieron más, no menos, en semejantes momentos.

La pasión como parte de su atractivo

Vale que Ferrari es un caso singular en la Fórmula 1. Su historia es también el fruto de un carácter latino y mediterráneo. Podría afirmarse que la Scuderia ha llevado siempre en la mano su corazón deportivo y mediático. Luca Cordero de Montezemolo era un apasionado de una marca que dirigía con las emociones y cierta necesidad de aprobación colectiva, especialmente la italiana. Sin embargo, Sergio Marchionne gestiona la Scuderia con la racionalidad y eficacia quirúrgica propias del gestor implacable, a la caza de objetivos sujetos a una estrategia superior.

Matteo Renzi recibe un Ferrari a escala de manos de Marchionne. (Reuters)
Matteo Renzi recibe un Ferrari a escala de manos de Marchionne. (Reuters)

Pero todo ello, a costa de un precio. Porque la pasión que era parte intrínseca en el atractivo de la Scuderia poco a poco se está anestesiando. Hoy, su carisma se ahoga por mor de la cotización de la marca en el mercado. Puede que se trate del precio a pagar para lograr el éxito. Pero si Marchionne ejecutara algún día su amenaza de retirada, quizás la ausencia no sería tan lamentada como algunos piensan.

Puede que Ferrari logre el título este mismo año. Pero si lo consigue, deberían guardarlo de puertas para adentro de Maranello. Sería lo más coherente con estos nuevos tiempos.

Dentro del Paddock
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