Lecciones de la F1 para líderes y ejecutivos del mayor desastre de Mercedes en años

Mercedes demostró como se ha de lidiar un desastre mecánico y estratégico tan grande como el sufrido en el Gran Premio de Austria con Bottas y Hamilton

Foto: Mercedes sufrió una debacle mecánica y estratégica nunca antes vista en la escudería (REUTERS)
Mercedes sufrió una debacle mecánica y estratégica nunca antes vista en la escudería (REUTERS)

El deporte es como la vida, y más intensamente vivida al más alto nivel profesional. La alegría y la tristeza, la victoria y la derrota, la satisfacción por el trabajo bien hecho o la sensación de fracaso….Vivencias que se pueden experimentar a velocidad de vértigo y que suponen lecciones extrapolables a tantos órdenes de la vida. Como el caso de Mercedes en el Gran Premio de Austria de Fórmula 1.

“El día más doloroso que he tenido desde que estoy aquí”, confesaba después su máximo responsable, Toto Wolff. Porque en el árido terreno de su mayor fracaso desde 2014 brotó una planta a regar por cualquiera, sea un líder, o quien forme parte de una organización. El del Red Bull Ring fue un auténtico master concentrado en una hora y ofrecido en directo por la radio de Lewis Hamilton y su equipo.

Un mensaje inusual para los cánones de la F1

Mercedes tenía la carrera ganada. Sus dos monoplazas se marchaban a velocidad de vértigo en una pista propicia para el W09. Pero todo empezó a truncarse con el inesperado abandono por avería mecánica de Valtteri Bottas. Quedaba Lewis Hamilton en cabeza, hasta que un Coche de Seguridad Virtual interrumpió la prueba. El equipo dudó llamar a su piloto a boxes, a diferencia de sus rivales directos. Conscientes de su error, pidieron al británico que recuperara un margen de seguridad para poder entrar. Imposible.

Hamilton comenzó a mosquearse por la radio. Olía a quemado. Cuando paró en boxes sus estrategas le habían dejado al pie de los caballos. Volvió a la pista por detrás de Verstappen, Ricciardo y Raikkonen. “No lo entiendo chicos, no lo entiendo. No voy a poder pasar a estos, hemos tirado una victoria..”. En Mercedes ya conocen la naturaleza emocional de Hamilton. Fue entonces cuando llegó un mensaje inusual para los cánones de la Fórmula 1.

"Lewis, yo he tirado la victoria"

Peter Bonnington, su ingeniero de carrera, intentó tranquilizarle. Pero inesperadamente apareció en la radio una voz raramente escuchada : “Lewis, aquí James (Vowles, responsable de estrategia). Yo he tirado la victoria, pero tienes la oportunidad potencial de recuperarla. Deja que los neumáticos se enfríen, creemos en ti y confiamos en ti”. para empezar, fue gran gesto de honestidad profesional y personal. Vowles asumió públicamente la errónea decisión sobre la parada en boxes. Y con dicha asunción, consolaba a su desorientado piloto, le ayudó a asumir la situación de forma realista, e intentó transmitirle motivación y confianza cuando, para más inri, los neumáticos del W09 comenzaban a fundirse.

Hamilton empezó a descomponerse. “No tengo neumático izquierdo”. Vowles volvió a la carga: “Lewis, soy James. Te entiendo. Seguimos contigo, amigo. Es error mío”, volvió a insistir, “pero danos todo lo que tengas, habrá oportunidades más tarde”. Un equipo harto de ganar andaba noqueado, pero ofrecía tambien un gran ejemplo de gestión en momentos de crisis. “¿Estoy cuarto entonces?. “Afirmativo, sí…”, era ahora su ingeniero Bonnington quien contestaba. “El problema es enteramente responsabilidad nuestra”, insistía su ingeniero mientras Hamilton se despeñaba en la pista.

Pero luego Hamilton también abandonó por avería mecánica. Desde 2014, Mercedes nunca había perdido sus dos coches por esta razón. A ello se sumaba la conciencia de su fracaso en la gestión de la carrera. Hamilton cedía además la primera posición del campeonato a Vettel, en uno de los circuitos más propicios del campeonato para Mercedes.

"Este es el mejor equipo para el que he pilotado"

Desde el punto de vista humano, la reacción en el seno del equipo fue admirable. Empezando por un responsable de estrategia, James Vowles, cuya posición es similar a la de un portero de fútbol: sus paradas se dan por hecho, pero con solo un error destaca. “Hacen falta 'pelotas' para algo así, intentando salvar el mejor resultado posible. Decir eso, delante de millones de espectadores: “ha sido error mío, pero ahora puedes hacer esto con el coche que tienes” reconocía Wolff al final de la carrera. Sobre todo, porque como también reconocía el austriaco, Vowles supo reaccionar en pleno desconcierto y tomar conciencia de que el equipo había regalado la victoria a sus rivales.

Cuando las emociones golpean la nave y la serenidad se arroja por la borda, Volwes asumió el control emocional de toda una organización. Lideró al asumir su error, mientras ofrecía respuestas a un piloto desorientado y todo su equipo. Fue generoso, y concentró las energías colectivas en las pocas opciones disponibles. Hamilton reconocería posteriormente ese apoyo en su mensaje por radio a todo el equipo en Gran Bretaña, en la reunión después de la carrera: “No sé cuantos estáis escuchando en Brixworth y Brackley, pero no recuerdo cuando tuve un abandono por la mecánica la última vez (Malasia 2016). Este equipo ha tenido la mejor fiabilidad de los últimos años, y el coche más rápido hoy, con mucho. Este es el mejor equipo para el que he pilotado. Así que tenemos que recuperarnos de esto, no tengo la menor duda de que volveremos más fuertes”.

Crisis en momentos cruciales, necesidad de decisiones en segundos (los que tenia Mercedes con Hamilton) y una dolorosa derrota se transmutaron en una valiosa oportunidad para poner a prueba la capacidad de respuesta de una organización. Con la integridad por delante. Un episodio digno de considerar, especialmente por quienes afronta responsabilidad y obligación de liderazgo. Y para el resto, como vara para calibrar la fibra de quien te dirige en tu trabajo.

Dentro del Paddock

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