"A mí el pelotón, que los arrollo": Fernando Alonso, camino de la leyenda en las carreras

Como en Le Mans, Alonso fue capaz de desequilibrar en Daytona la balanza en un mundo donde el colectivo es crucial. Y está más cerca de conseguir un palmarés único en la historia

Foto: Alonso jugó un papel destacado en la victoria del Wayne Taylor Racing y Cadillac en las 24 Horas de Daytona. (EFE)
Alonso jugó un papel destacado en la victoria del Wayne Taylor Racing y Cadillac en las 24 Horas de Daytona. (EFE)

“Quiero hacer algo espectacular que nadie haya hecho nunca”. Fernando Alonso lo repitió el pasado año, y pocas horas antes de comenzar las 24 Horas de Daytona. “La hoja de ruta sigue avanzando”, te dicen tras la épica victoria en la carrera

Hace un año por estas mismas fechas, Fernando Alonso hablaba de “salir de mi zona de confort” para entrar en las carreras de resistencia. Hoy, acumula las victorias en las 24 Horas de Le Mans y la cita americana. Quien conozca esta disciplina sabrá de la dificultad de ganar una al menos en tu vida de piloto. Pero Alonso ya tiene ambas, con dos prototipos de diferente tecnología, dos equipos y pilotos diferentes. En ocho meses. Aunque otros también han conseguido esta hazaña, ninguno era campeón del mundo de F1.

Y con el palmarés que acumula va camino de convertirse en leyenda. Objetivamente. Porque solo queda el Everest de las 500 Millas de Indianápolis. Si cayeran, Fernando Alonso habrá construido el historial más completo de la historia del automovilismo. Efectivamente, su hoja de ruta sigue cumpliendo etapas, ahora con ese Rolex grabado con la victoria de Daytona en la muñeca.

¿Mejor que en Le Mans?

En el mundo de la resistencia, el protagonista es el equipo. Sus carreras requieren la perfecta sincronización de cada uno de sus miembros para mantener la maquinaria perfectamente engrasada durante horas y horas en acción y en circunstancias cambiantes. Donde el fallo de uno de los pilotos es el del resto. Alonso se deshizo en elogios con el Wayne Taylor Racing tras la carrera, y con razón. Los compañeros no fallaron y Jordan Taylor, por ejemplo, salvó pelotas de partido en momentos críticos bajo la lluvia. Sin embargo, lo que singulariza a Alonso es que en una disciplina tan colectiva cogió el balón tanto en Daytona como en Le Mans y se echó el equipo a la espalda para marcar la diferencia. En la carrera americana la exhibición fue sublime. Quizá, superior a las 24 Horas de Le Mans.

En la carrera francesa se trataba de un duelo titánico, pero a dos pistolas. Con un equipo Toyota impecable en todas las áreas para ganar a la propia carrera, Alonso neutralizó durante la noche una diferencia que se antojaba casi insalvable. El español entró en trance, rompió la cintura al segundo Toyota y galvanizó a Buemi y Nakajima, que habían perdido fuelle a la caída de la tarde. Aquel “be brave my friend” al japonés cuando le entregó su coche parecía el equivalente de aquel mítico "a mí el pelotón, Sabino, que los arrollo". En Daytona, más si cabe.

Porque ahora se enfrentaban a un buen puñado de rivales con iguales o superiores opciones de victoria, con un prototipo diferente al híbrido de Toyota a bordo de una organización distinta. En asfalto seco, mojado o inundado, sin experiencia previa con ese coche en agua, Alonso agarró al Cadillac por el cuello y le llevó hasta la primera posición en sus tres relevos desde la novena, cuarta y tercera. Dos y tres segundos y medio llegó a endosar a sus rivales por la noche y bajo la lluvia hasta ampliar la ventaja a casi 50 segundos cuando se interrumpió la carrera. Hubo momentos en que Alonso parecía rodar solo, en otra dimensión.

Pocos lo han intentado

Como reconocía tras su victoria, para ganar en Daytona y Le Mans es imprescindible estar en el sitio y en el momento adecuados, en un equipo ganador y ante las circunstancias propicias. Su estatus le permite elegir el primero. Pero respecto a las segundas, resulta casi inverosímil que en las dos últimas grandes carreras internacionales de resistencia el denominador común sea el mismo nombre ganador con equipos y coches diferentes: un doble campeón del mundo al que solo le faltan las 500 Millas de Indianápolis para completar la Triple Corona y conseguir su meta: “Hacer algo espectacular que no se haya hecho nunca”.

La historia de este deporte está repleta de inmensos y polivalentes talentos. Pero resulta dificil imaginar que los planetas se alineen para cuajar objetivos tan diversificados como los que pretende Alonso, que ningún campeón de F1 se ha atrevido a afrontar desde Mario Andretti. Diecisiete años de Fórmula 1 dejan fundido a cualquiera pero no al español, de pasión y energía inagotables. Nigel Mansell (1992) ganó el IndyCar en 1993, aunque no las 500 Millas ni Le Mans que intentó una vez con sus hijos y acabó contra los raíles. Ni Piquet, Prost, Lauda, Hill, Hakkinen han intentado Le Mans, menos aún Daytona. Schumacher corrió una vez, pero antes de la F1 y sin victoria. Nada invita a pensar hoy que Vettel o Hamilton vayan a seguir ese camino. Aunque nunca ganó Mónaco, Jacques Villeneuve (1997) corrió en Le Mans, pero Marc Gené sabe por qué le bajaron de Peugeot tras una edición bajo la lluvia. Juan Pablo Montoya (tiene las 500 Millas y Mónaco) no fue campeón en F1, y está por ver que vuelva a Le Mans.

Una carrera diabólica

El campeonato americano IMSA recordaba que hasta este domingo solo Phil Hill y Mario Andretti eran los únicos campeones del mundo de F1 ganadores de las 24 Horas de Daytona. Pero Alonso también se desmarca de ellos. Primero, porque en su época las carreras no eran de 24 horas como en el presente. Segundo, porque Alonso no es americano y tampoco creció bajo la tradición de Daytona. Sin embargo, el asturiano está ya al nivel de Mario Andretti, uno de los pilotos más polivalentes de la historia, (que nunca ganó en Mónaco y fue segundo en Le Mans 95) ¿Podrá igualar Alonso a su tutor americano con las 500 Millas?

La prueba americana es diabólica. El propio Andretti participó durante tres décadas en ella y solo ganó una vez, allá por los sesenta. Para Alonso supondrá un desafío colosal. Pero recordemos 2017, en cabeza a pocos giros de debutar. En siete meses Alonso ha sumado Daytona y Le Mans a su historial. Aún puede ganar el título mundial del WEC este verano. Por ello, de triunfar en Indianápolis no solo habrá forjado el palmarés más completo y amplio de la historia del automovilismo. También sería ya una leyenda. Tic, tac, tic, tac…

Dentro del Paddock
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