Entre victimismo y mesianismo, a Lewis Hamilton ya le derrapa su monoplaza

Lewis Hamilton ha acentuado en los últimos tiempos una personalidad que cabalga entre el mesianismo y el victimismo, este último para reforzar sus posturas de chantaje mediático

Foto: Lewis Hamilton se quejó en Sochi de que la F1 intenta pararle
Lewis Hamilton se quejó en Sochi de que la F1 intenta pararle

“Creo que Lewis se ha enfrentado a muchas adversidades en su vida y, para todos nosotros, la penalización ha sido muy dura. Nunca antes una infracción de carrera o de reconocimiento ha sido penalizado con una sanción anti-carrera. Esto es nuevo. Las cosas van contra él de forma dura. Si eres el piloto con más éxito, tienes que asumirlo”. Tras el GP de Rusia, Toto Wolff intentaba justificar la reacción de Lewis Hamilton ante la sanción por realizar simulacros de salida fuera de la zona permitida para ello. El británico acusaba que “están intentando pararme”, como otro ejemplo de esa persecución personal a la suele acudir como arma de chantaje mediático. La vida dura de Hamilton...

Virtuosismo deportivo al margen, Hamilton ha entrado en una dimensión en la que mezcla victimismo y mesianismo en diferentes y crecientes dosis, con un sentido de omnipotencia cada vez más acusado. Las palabras de Wolff vuelven a delatar esa comprensión casi paternalista a la que el resto de la Fórmula 1 parece ceder, permitiendo al británico imponer su propia visión de la realidad y situarse como sujeto merecedor de todo tipo de derechos, abusando de ese poder mediático que otorgan sus éxitos deportivos. El GP de Rusia ofreció varios ejemplos de ese cada vez más acentuado comportamiento.

"Tenemos un piloto español..."

“Tenemos un piloto español que dice que esto no estaría bien visto en España”, explicaba el británico en un reciente video distribuido por Reuters sobre unas teóricas declaraciones de Carlos Sainz al respecto de la lucha contra el racismo. No era la primera vez que señalaba a un piloto este año. “A estos chicos tengo que intentar explicarles lo que ha pasado a esa gente”, declaraba en la misma pieza, con su concepción unilateral de lucha antirracista y una actitud conmiserativa hacia sus compañeros de parrilla. Son tan solo dos pequeños ejemplos de la presión que lleva ejerciendo directa o indirectamente sobre sus colegas en estos últimos meses. Pero también sobre la Fórmula 1.

Sainz fue uno de los dos primeros pilotos que no consideró necesario ponerse de rodillas, y otros siguieron el ejemplo cuando tuvieron conocimiento de su postura. No parece que Hamilton lo haya olvidado ni tampoco parece aceptar que varios de sus compañeros difieran en cómo manifestar su posición sobre la campaña contra el racismo impulsada inicialmente por el británico, apoyada por Mercedes, y en último termino asumida por la Fórmula 1, a la que sin embargo también ha cuestionado por no considerarla demasiado comprometida.

"Reglas que no me han parado"

En Mugello, el británico decidió romper la tradicional neutralidad de la Fórmula 1 en temas sociales, políticos o religiosos cuando fue más allá del compromiso formal adoptado por pilotos y equipos en la lucha contra el racismo. Porque para Hamilton nada es suficiente. En el podio lució la ya famosa camiseta con el lema “Arrestad a los policías que mataron a Breona Taylor”. Hamilton era consciente de traspasar una línea, aprovechando la inconcreción legal genérica de la FIA al respecto.

La FIA mantuvo inicialmente un perfil bajo para luego precisar en Sochi la etiqueta que un piloto debe cumplir en el podio con su presencia pública. “Pero muchas reglas se han escrito para mí en estos años y esto no me ha parado. Lo que haré es seguir trabajando con la Fórmula 1 y la FIA para asegurarme que el mensaje es adecuado. Siempre se puede mejorar, pero es parte de la curva de aprendizaje”. O lo que es lo mismo: “seguiré utilizando la Fórmula 1 como plataforma, a ver cómo nos arreglamos”. A fin de cuentas, Mercedes le secundó en su lucha, también la Fórmula 1 y el resto de los equipos. Pero se ha apostado sobre un elevado pedestal alto desde el que todos han de aceptar sus designios.

"Están intentando pararme"

En la carrera de Sochi, Hamilton recuperó ese perfil ‘quejica’ que le distingue cuando la vida no le marcha sobre raíles, delatando su recurrente frustración ante su derecho adquirido a que nada descarrile. Su desconocimiento de las directrices para realizar simulacros de salida no evitó sus adjetivos,"ridiculous" and "bullshit", y demás. "Cualquier cosa para pararme, pero vale, le recojo", comentaba por la radio con su ingeniero. Contrastaba, por ejemplo, con esa aceptación de Daniel Ricciardo ante una absurda salida de pista al superar a su compañero. “OK, culpa mía, iré más rápido”. Su actitud hacia la estrategia del equipo, revolviéndose ante sus instrucciones, repetía ese comportamiento quejumbroso y vulnerable que le acompaña cuando se le tuerce el aparejo. Incluso reprochó al equipo que cumpliera la sanción como indica el reglamento, es decir, durante la parada en boxes, y no sumada al final de la prueba, como pretendía.

Preguntando al final de la carrera si la sanción era excesiva, Hamilton volvió a tirar de la chequera del victimismo manipulador. “Por supuesto que lo es, y es lo que se espera, están intentando pararme”, declaraba entre otros argumentos de una larga exposición, elevando el tiro hacia una ya recurrente persecución a Mercedes y su piloto, con la sanción de Sochi como un nuevo capítulo. Eso sí, todo ello fruto del desconocimiento de las directrices incluidas en las Notas de Dirección de Carrera que le recordó elegantemente más tarde Michael Masi, quien llevó a cabo una cumplida explicación de los fundamentos de la sanción. “Tenemos comisarios y un órgano de enjuiciamiento independiente para adjudicar las sanciones, por tanto, si hubo una infracción no importa si era Lewis Hamilton o cualquiera de los otros 19 pilotos”. Posteriormente, se le retiraban los dos puntos de la sanción. Pero había persecución.

Amparado por sus éxitos en la pista, jaleado por quienes quieren convertirle en un mesias antirracista, embriagado por la proyecciòn de ese apostolado mesiánico, y presto para reprocharle al mundo el maltrato que le ha deparado la vida, Lewis Hamilton comienza a subvirar peligrosamente. O sobrevirar, tanto da. Como sentencia alguien que le ha conocido de cerca: "lo que Lewis necesita es.... cariño"

Dentro del Paddock
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