Los Juegos no silencian la violencia de Río

De momento, no ha ocurrido nada especialmente grave, pero pequeños incidentes han empañado la imagen de credibilidad y tranquilidad que la ciudad intenta proyectar al exterior

Foto: Las medidas de seguridad son extremas, pero es imposible ocultar la violencia de Río de Janeiro (EFE)
Las medidas de seguridad son extremas, pero es imposible ocultar la violencia de Río de Janeiro (EFE)

Había aceptado una misión en Río de Janeiro porque quería comprar un coche con la diaria de 540 reales (155 euros) que iba a recibir por todo el período de los Juegos Olímpicos. Sin embargo, sus sueños han sido truncados por una muerte repentina. El soldado Hélio Vieira Andrade, de 35 años, es la última víctima de una guerra no declarada entre Estado y narcotráfico, que no se detiene ni siquiera durante el breve idilio olímpico.

Hélio había llegado a Río desde Roraima, un Estado del norte de Brasil muy próximo a Venezuela. Tenía miedo de la violencia que sacude a diario la ‘Cidade Maravilhosa’, pero enseguida se enamoró de esta ciudad fascinante, y al mismo tiempo complicada, que llegó a definir con estas palabras: “adrenalina siempre”.

Su culpa fue entrar por error en la favela Vila do João, ubicada en el peligroso Complejo de la Maré, donde fue recibido con disparos. Una bala impactó en su cabeza y le mató. Y mientras el presidente interino, Michel Temer, ha declarado el luto nacional, los miembros de la familia olímpica se preguntan qué pasa con la seguridad en Río de Janeiro, donde cada día 16 personas son asesinadas.

Imagen desde una favela el día de la inauguración de los Juegos de Río (Reuters)
Imagen desde una favela el día de la inauguración de los Juegos de Río (Reuters)

Dos balas perdidas

Mucho se ha escrito sobre el problema de la violencia en Río de Janeiro. Para el Comité Olímpico siempre fue uno de los puntos a mejorar en la candidatura. Por esta razón 85.000 efectivos de las fuerzas de seguridad del Estado brasileño han sido desplegados durante la celebración de los Juegos. De momento, no ha ocurrido nada especialmente grave. No obstante, pequeños accidentes han empañado la imagen de credibilidad y tranquilidad que la ciudad intenta proyectar hacia fuera.

En el parque de Deodoro, donde se disputan las pruebas de hípica, han sido encontradas dos balas perdidas. La primera impactó el 6 de agosto en la zona de prensa sin dejar heridos. La segunda ha sido hallada en el establo de los caballos que participan en las competiciones. El supuesto autor del primer disparo fue arrestado, aunque las pruebas balísticas aportadas no son concluyentes. Situado a 40 kilómetros de la playa de Copacabana, Deodoro está rodeado por un denso cinturón de favelas. Desde el inicio de las obras olímpicas, la elección de este barrio ha sido criticada por los riesgos que conlleva.

Imagen de varios policías desplegados en el estadio olímpico de Río de Janeiro (Reuters)
Imagen de varios policías desplegados en el estadio olímpico de Río de Janeiro (Reuters)

Periodistas atacados

Un autobús de prensa que viajaba del complejo de Deodoro al Parque Olímpico fue apedreado. Dos ventanilla estallaron y un voluntario turco resultó herido. Otra periodista que viajaba en el vehículo aseguró que alguien disparó contra el vehículo. El Ayuntamiento de Río negó que hubiese disparos y la investigación llevada a cabo parece excluir esta posibilidad.

El 6 de agosto el ministro da Educación de Portugal, Tiago Rodrigues Brandão, fue asaltado por dos hombres armados con cuchillos cuando volvía de la competición de ciclismo. Ocurrió en el exclusivo barrio de Ipanema, en teoría una de las zonas más seguras de la ciudad.

El yudoca belga Dirk van Tichelt también sufrió el robo del celular y exhibió un ojo negro ante las cámaras. Sin embargo, la Policía brasileña sostiene que el atleta olímpico inventó el atraco para encubrir una historia más turbia: borracho hasta las trancas, habría intentado forzar la puerta de un hotel y habría recibido un puñetazo del guardia de seguridad.  

La ciudad olímpica está tomada por policías y militares (Reuters)
La ciudad olímpica está tomada por policías y militares (Reuters)

Tiroteos en varias favelas

Más plausible es la historia de un grupo de turistas alemanes, que fue asaltado por cuatro hombres armados en moto en la Floresta da Tijuca. Mientras, otros turistas sufrieron lo mismo mientras viajaban en el ‘bondinho’, el famoso tranvía amarillo que recorre las calles del barrio de Santa Teresa. Incluso en el Parque Olímpico y en la Villa de los Atletas se han registrado robos: una televisión japonesa denunció la desaparición de varias cámaras y la Policía ha anunciado la apertura de una investigación.

La violencia no ha dejado de hacer víctimas durante la primera semana de los Juegos. en muchas de las favelas de Río de Janeiro. En el Complejo del Alemão se han registrado enfrentamientos entre policías y bandidos casi todos los días. El pasado miércoles una moradora de esta favela fue alcanzada por una bala perdida. Este viernes, mientras, un policía resultó herido y un bus fue quemado en el enésimo enfrentamiento armado.

No ha sido el único caso. Joan Justribó, reportero del periódico español 'Mundo Deportivo', fue testigo directo de un tiroteo en frente a su hotel. El accidente se produjo cuando esperaba el autobús para el Parque Olímpico junto a unos colegas (un español, una finlandesa, un ruso y dos brasileños).

Los periodistas estaban hospedados en las inmediaciones de Jacaré, una favela complicada que ha necesitado repetidas operaciones especiales de la Policía en el último año. El grupo tuvo que esconderse hasta que el tiroteo acabase. “Resulta difícil entender este entorno para unos Juegos Olímpicos, la exaltación de la fraternidad. Aunque Río estos días está tomada por el Ejército y la Policía Armada, no son suficientes efectivos para cubrirlo todo en una ciudad descomunal”, escribió Justribó después de salir ileso del tiroteo.

Un grupo de policías se protege en una favela (AP)
Un grupo de policías se protege en una favela (AP)

Criminalidad

El día de la ceremonia de apertura de los JJ. OO., un policía mató a un supuesto ladrón de 22 años en las inmediaciones del Estadio Maracaná, tras sufrir un intento de atraco. Este mismo día, una arquitecta murió de un disparo en la nuca cerca del Boulevard Olímpico, en la zona portuaria, durante un asalto a mano armada.

En un reciente reportaje, el redactor del 'Tribune', el principal periódico de Chicago (EE UU), defendía que la preocupación con la violencia en Río de Janeiro es exagerada y que la “histeria de los medios de comunicación” es el único crimen que se ha cometido en esta ciudad. “Sí, los crímenes acontecen en Río. Esta es una ciudad de 6,3 millones de habitantes, donde lamentablemente el paro y la pobreza extrema existen (...). Pero ya basta de historias caza-clicks que pintan la ciudad como un Apocalipsis urbano”, escribió Teddy Greenstein.

Hace un par de meses, un tiroteo sacudió a las 20:00 horas el barrio de Glória, cerca del centro y de la bahía donde se disputan las competiciones olímpicas de vela. En la parada de autobús, varias personas esperaban como si nada hubiese acontecido. “La violencia en Río es como una ruleta rusa. Nunca sabes dónde y cuándo te puede pasar algo. Personalmente no me preocupa nada. Si algo malo tiene que ocurrir, va a ocurrir de cualquier forma. Por eso no he corrido cuando he oído los tiros”, contaba una mujer con actitud zen. 

Río por no llorar
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