Carolina Marín, la enésima demostración de que nunca hay que dejar de soñar

Era campeona del mundo, pero de eso a mandar en los Juegos Olímpicos hay un trecho. Demostró su fuerza en Río, como también lo hicieron el piragüismo español o Lidia Valentín

Foto: Carolina Marín celebra su oro en Huelva.
Carolina Marín celebra su oro en Huelva.

ORO / Carolina Marín

Es la gran historia de éxito del deporte español en los últimos años y también una anomalía en el bádminton mundial. Carolina Marín desafía cualquier lógica, en una disciplina que es pasión en Asia e irrelevancia en Europa ella se ha convertido en el referente absoluto. Su oro en Río, por más que pudiese esperarse -ella misma lo aguardaba y lo comentaba como único objetivo posible- no deja de ser una ruptura de las jerarquías de todo un deporte entero como pocas veces se recuerda. La victoria, además, se hizo con brillo, con poquísimas dudas en sus partidos y demostrando en todo momento que es una competidora arrolladora, de esas que solo con su mentalidad puede desarbolar cualquier argumento de sus rivales.

PLATA / Saúl Craviotto

Está en el olimpo de los mejores de siempre del deporte español y en Río lo volvió a demostrar. Tiene la cualidad única de llegar siempre a tope a la gran cita, una cuestión que otros muchos deportistas del país no saben logar. En Brasil no llegaba como favorito, pero demostró desde la primera palada que es un inconformista. Ganó el oro con Cristian Toro en el K-2 200, a pesar de llevar poco tiempo juntos. El joven palista confesaba que competir con Craviotto te pone a otro nivel. Luego también se hizo con un bronce en el K-1 200, mostrando su enorme talento y, como en tantas otras ocasiones, su capacidad para remontar al final. Sirva también el reconocimiento para los demás palistas españoles, pues Río para España fueron unos juegos de campo de regatas. Maialen Chourraut, Marcus Walz ganaron dos oros, y la delegación estuvo muy por encima de sus recursos. Nunca defraudan.

BRONCE / Lidia Valentín

En el año 2016 competía por una medalla olímpica y terminó ganando tres. La haltera española lleva ocho años en la élite de un deporte muy difícil y con escasa penetración en España. Es también una disciplina en la que el dopaje marca el paso, y nadie lo sabe mejor que Lidia Valentín. Ella había conseguido dos cuartos puestos en los últimos Juegos Olímpicos, Londres y Pekín. Hoy sabe que la amargura que vivió no le correspondía a ella. Las sucesivas suspensiones por dopaje le han dado un oro y una plata olímpica que, a estas alturas, ya no esperaba. No escuchó su himno, como hubiese correspondido, y aún le tienen que dar los premios que dejó de ganar por unas tramposas que se le adelantaron. Su mayor contacto con la gloria, uno más cercano y certero, llegó por fin en Río. Allí llegó al tercer cajón del podio, una plaza para lo que no tendrá que esperar.

HOJALATA / Mario Mola

El problema no es tanto perder como conformarse. En la delegación española hay un buen número de deportistas que por unas cosas o por otras no llegaron. Algunos porque no les dio el talento, o la preparación, otros porque el deporte solo da tres medallas y a veces uno queda cuarto por milésimas (Benavides, Castroviejo...). Mayor problema es el de Mario Mola, que acudía a los Juegos entre los favoritos y en ningún momento pareció darse por aludido. Es más, cuando terminó, octavo, muy lejos de las plazas que le esperaban -ha ganado la Copa del Mundo este año- articuló un discurso conformista en el que felicitaba a los Brownlee por su fiereza y se congratulaba de su actuación. Te pueden ganar por clase o por fuerza, pero nunca puedes ver como algo natural que tu derrota haya sido consecuencia de la falta de hambre. Eso, más que cualquier otra cosa, es un problema.

Lo que se espera de 2017

La visibilidad. En el deporte olímpico el sueño pasa tanto por las medallas como por conseguir un espacio entre el público. Cuando los Juegos terminan las voces se multiplican: "Por favor, no nos olvidéis". Esa es siempre la asignatura básica, que se logra también desde los buenos resultados. Si Javi Gómez Noya vuelve a tope de su lesión será una de las historias del año, como también lo será cualquier éxito de Carolina Marín, convertida de repente en icono del deporte español.

La financiación. Hay una parte, sin embargo, que no depende completamente del desempeño del deportista. Necesitan, por ejemplo, que el dinero vuelva a fluir en el deporte español para quitarse una preocupación de encima y poder rendir mejor. En esa línea van las aportaciones que la Liga de fútbol está haciendo a las federaciones deportivas, pero también es necesario ver por dónde irán cuestiones como la ley de mecenazgo o las aportaciones públicas del Consejo Superior de Deportes.

Despedidas. También será un año para estar atentos a las retiradas de los deportistas. Los próximos Juegos, los de Tokio, quedan lejos, y meses después de la última gran competición algunos deportistas, ya lejos de la adrenalina del momento, empiezan a plantearse si les quedan fuerzas para volverlo a intentar. Es ley de vida en el deporte, del mismo modo que muchos nuevos nombres irán apareciendo poco a poco por los titulares habrá otros que dirán adiós y solo serán recuerdos.

El sueño se renueva. Por último, hay una fecha marcada en el futuro cercano del olimpismo: el 11 de septiembre. Ese día en Lima se conocerá la sede de los Juegos Olímpicos de 2024, la trigesimotercera versión del sueño. Los Ángeles, Budapest y París son las tres ciudades candidatas.

Sueños olímpicos
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