Dos opuestos en liga

El Real Madrid y el Atlético, tan cerca y tan lejos...

Ambos equipos madrileños son a día de hoy dos polos opuestos a la hora de entender el fútbol. Los de Zidane no encuentran la motivación y la mentalidad es clave en los rojiblancos

Foto: Casemiro se queja en el suelo de una acción frente al Alavés. (Reuters)
Casemiro se queja en el suelo de una acción frente al Alavés. (Reuters)

El Real Madrid ha convertido el oficio de jugar en algo vago, inocuo, carente de entusiasmo. Si la voluntad para iniciar los partidos no da, cualquier pensamiento o esfuerzo posterior viene mal parido y lo que es peor, muy forzado. Los partidos del Madrid son divertidos. Ahora que el negacionismo roza la moda, es difícil encontrar una opinión contraria a la parte recreativa en la que el Madrid ha convertido cada encuentro, más allá de la competición que dispute.

Hazard, abatido tras una jugada frente al Alavés. (Reuters)
Hazard, abatido tras una jugada frente al Alavés. (Reuters)

Transiciones abiertas, juego de lado a lado, defensas desprotegidas, jugadas sin finalizar y un intento agónico por recuperar el resultado desde la proeza y el desorden que suelen ir de la mano. Ese titubeo atrae los miedos y la cantidad de factores que un partido sin control es capaz de provocar. Mientras el Madrid se acomoda en el inicio, el rival lo desafía sin piedad. Lo corre, lo mueve, lo arroja a jugar al uno contra uno frente a su portero, le descubre la contra al espacio y lo aleja de un escenario al que nunca llego a encumbrarse. Nada que ver con los dibujos tácticos, con la idea de si el doble pivote o los tres al medio, o cualquier otra divinidad preceptiva del juego.....y es que los partidos por más cambios que proponga el futbol, comienzan en el minuto uno, antes y ahora.

La concentración, el camino de Simeone

Simeone, durante el minuto de silencio por Maradona. (Reuters)
Simeone, durante el minuto de silencio por Maradona. (Reuters)

El Atleti esta emocionalmente justo en la otra dimensión. El nivel de concentración es innegociable y por ahí, las virtudes se refuerzan. Frente al Valencia salió sin los jugadores que provocaron esa especie de revolución neolítica donde se produjo el asentamiento del futbol más deseado. Sin Herrera, Joao Félix ni Luis Suárez (baja por covid 19), precursores de la nueva pausa, el equipo también baja la pelota al suelo y la piensa con calma. El gol llegó de un contrario, sí, principalmente porque el área no era un espacio suficientemente cargado de jugadores con hábito de gol. Koke, Saúl, Llorente, Lemar o Lodi son tipos que en la diversión por tocar la pelota esconden su instinto de golear por sorpresa. Una más, la defensa, donde nada es casual. Atención, proactividad colectiva y ambición por la custodia impecable al mejor portero de la liga, Jan Oblak.
La volea de QSF