¿Lo de Messi era solo una cuestión de plata?

¿Cómo se puede explicar que el, para muchos, mejor futbolista de la historia hiciera pública su decisión irrevocable, a través de burofax, de marcharse del club de su vida y luego reculara?

Foto: Leo Messi durante su entrevista en Goal.com. (Reuters)
Leo Messi durante su entrevista en Goal.com. (Reuters)

¿Cómo se puede explicar que el, para muchos, mejor futbolista de la historia hiciera pública su decisión irrevocable, a través de burofax, de marcharse del club de su vida y luego reculara? Al margen de pésimos asesores en asuntos jurídicos y de comunicación, para tirar hacia delante con el burofax sin tener atado ningún posible club de destino ni que pudiera salir, una decisión tan drástica debía obedecer a un enfado monumental por sentirse engañado, ninguneado o basureado por los dirigentes del FC Barcelona, concretamente por su presidente. Después del calentón iban pasando los días y se iba percatando de que no había manera de irse del Barça como era su deseo. Y tuvo que anunciar que se tenía que quedar y que lo hacía para no entrar en juicio con el equipo de su vida.

¿A qué se debió, de existir, ese enfado monumental de Messi con los dirigentes del Barcelona, o con su presidente Josep María Bartomeu, en concreto? Pues el mosqueo es multifactorial y originado, sobre todo, porque el presidente “no le daba bola” como manifestó en su intervención en exclusiva en Goal.com. Todo debería obedecer a sentirse engañado en el plano económico por no cumplir el presidente acuerdos suscritos de viva voz con el jugador argentino en los últimos tres años, acuerdos relacionados con su condena por defraudar a Hacienda, la relación del club con la Fundación Messi o el acuerdo para reducirse el salario por la crisis del COVID-19, entre otras promesas.

Leo Messi durante la entrevista en Goal.com. (Reuters)
Leo Messi durante la entrevista en Goal.com. (Reuters)

Mal asesorado

El asesoramiento jurídico que ha recibido Messi para su intento de marcharse del Barça gratis ha dejado mucho que desear. Si el bufete de abogados Cuatrecasas le aseguró que podía irse sin mayor problema al interpretar su contrato y luego se dieron cuenta los Messi que para macharse había que pleitear con el Barça, ese despacho le metió un follón que acabó en el principio: Messi enfadado y obligado a quedarse en el equipo culé. El comunicado que saca, firmado por el padre de Messi, un rato antes de hacer pública la decisión de quedarse entra dentro de intentar defender su prestigio. Fue como decir, que tenemos razón, pero se queda porque no quiere pleitear con el equipo de su vida.

¿Se podrá abstraer de su enfado Leo y rendir a su nivel habitual? Pues probablemente sí. El problema es que no alcance un acuerdo con el club a la hora de reducirse el salario de nuevo como pretende hacer con toda la plantilla y se vuelva a enfadar y quiera de nuevo buscar nuevos retos, nuevas ilusiones lejos del Barça. Igual de repente le apetece tomarse un año sabático o irse a jugar gratis a Newell’s Old Boys, el equipo de su Rosario natal donde insinuó alguna vez que se retiraría. Suena a descabellado, pero después de lo del burofax cualquier cosa podría suceder.

Las encuestas entre los aficionados culés sobre si le iban a perdonar si al final se quedaba son unas consultas en caliente, en la que salía un empate, pero que cuando vuelva a jugar la gran mayoría de hinchas del Barça le perdonarán si rinde a su nivel. Messi explicó en su intervención en Goal.com que necesitaba salir para buscar alicientes, que quería un proyecto deportivo ganador. No dijo nada de que le hubiera enfadado que Koeman mostrara la puerta de salida a su amigo Luis Suárez en una llamada teléfonica. Con sus palabras y lenguaje corporal, chanclas y escenografía mejorable aparte, dio toda la sensación de que tampoco considera ganador el proyecto de Koeman. Pero no ha tenido otra que quedarse. En sus manos, mejor dicho, en sus pies está la posibilidad de que el Barça siga teniendo opciones de ganar el próximo curso. Aunque el ínclito Bartomeu no le dé bola, Messi tiene el balón en su tejado.

Mata-dor
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