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Xavi, cuidado con las excusas: ni el sol, ni el césped, ni Deco tienen la culpa de tu Barça
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Rubén Rodríguez

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Xavi, cuidado con las excusas: ni el sol, ni el césped, ni Deco tienen la culpa de tu Barça

El entrenador azulgrana no consigue dar explicaciones que convenzan al aficionado de qué le pasa al equipo y, mientas tanto, la directiva empieza a meterse en sus propias funciones

Foto: Xavi no vive buenos momentos en el Barcelona. (EFE/EPA/Olivier Matthys)
Xavi no vive buenos momentos en el Barcelona. (EFE/EPA/Olivier Matthys)

Xavi Hernández está en el punto de mira. Uno de los grandes mitos culés, institución y leyenda del Barcelona sobre el césped, llegó al banquillo azulgrana el 5 de noviembre de 2021 como solución de emergencia al caos deportivo que había en Can Barça. Dos años más tarde, está bajo sospecha por sus resultados deportivos, que deben de ser despojados de excusas para analizar con certeza: este equipo tiene mucho más nivel de lo que está demostrando en el campo.

Cuando Joan Laporta se vio obligado, contra su voluntad, a traer a Xavi al banquillo, el Barcelona vivía un incendio difícil de controlar: en lo económico, la institución estaba al borde de la quiebra y, en lo deportivo, los resultados le ahogaban. Ronald Koeman era la pieza fácil de cambiar, especialmente tras la derrota en el Clásico (1-2) y ante el Rayo (1-0) que dinamitaron su salida. Sin dinero y con la necesidad de subir los ánimos de la afición, Xavi era el elegido.

Foto: El catalán está muy señalado. (EFE/Olivier Matthys)

Llegó la primera eliminación en fase de grupos de la Champions, algo que Xavi achacó a la herencia que le había dejado el neerlandés... pero la verdad es que fue incapaz de ganar ninguno de los dos partidos que él dirigió, Benfica y Bayern. En la Europa League no le fue mejor, firmando un ridículo histórico ante el Eintrach. En Copa, el Athletic le pintó la cara y, en la Supercopa de España, el Real Madrid, no le dio opciones. Lo mejor, acabar segundos en Liga... a 13 puntos de los blancos.

Y, ahí, se acabó el tiempo de las excusas para Xavi Hernández. Llegó el verano de las palancas, donde el Barça se deshizo de jugadores traídos en invierno como Adama Traoré o Aubameyang para incorporar a otros como Lewandowski, Koundé, Christensen, Marcos Alonso, Kessié, Pablo Torre o Raphinha. El Barça vendió e hipotecó ventas futuras de sus bienes para poder traer a los tipos de jugadores que el entrenador quería para hacer un equipo competitivo. ¿Habría brotes verdes?

Pese a ello, el Barcelona tiró de nuevo la Champions por la borda y, de nuevo, ridículo en la Europa League. Mismo fracaso dos años seguidos. Sin embargo, la victoria en la final de la Supercopa ante el Madrid le daba su primer título en algo más de un año y un balón de oxígeno que, a base de unocerismo y gracias a la desidia de los de Ancelotti, más centrados en la Champions, les valió para ganar la Liga. El gran Barça parecía haber vuelto... pero era un espejismo.

Han pasado dos años desde la llegada de Xavi y las dudas no se despejan. Al contrario, aumentan. Para empezar, en lo deportivo: acudiendo a los fríos datos, sus números son peores que los de aquel Koeman al que sustituyó, con una plantilla infinitamente mejor. De hecho, el neerlandés ganó 33 partidos, empató 7 y perdió 10 en sus primeros 50 en el banquillo culé; Xavi ha sumado 28 victorias, 11 empates y 11 derrotas. Y las sensaciones no son buenas.

El último drama se escenificó en Bélgica. El Barça no solo fue humillado por un equipo muy menor (3-2), sino que quedó demostrado que Xavi ha perdido todo el poder que un día pudo tener: Deco y Joan Laporta negaron tener nada que ver con las convocatorias del equipo, pero el entrenador reculó y llamó a Lewandowski, Gündogan y Araújo para jugar en Amberes... cuando horas antes se habían quedado fuera de la lista y después de una reunión exprés entre todas las partes.

Primero, el equipo no parece saber a qué juega. Después, hay muchos jugadores descontentos con su peso en la plantilla. Y, por último, directiva, dirección técnica y entrenador se intercambian reproches en público. Y, para colmo de males, Xavi se está montando un personaje en rueda de prensa difícil de defender: muchas excusas para explicar qué le pasa a su equipo, pocas explicaciones técnicas -al menos, de puertas para fuera- y muchos mensajes vacíos fáciles de desmontar.

"Esta derrota no es dolorosa", "nos hemos merecido más", "el césped estaba demasiado alto", "nos molesta jugar con sol" o "Lewandowski me pidió jugar" son algunas de las frases que Xavi ha utilizado como excusas -algunas en más de una ocasión- para no explicar lo que de verdad pasa. En demasiadas ocasiones, Xavi reduce al simplismo más absoluto la explicación de por qué un partido no sale bien, sin profundizar en su discurso y banalizándolo todo al simple cara o cruz.

Xavi ha empezado a perder el control de la situación y la sensación es que tiene mucha parte de responsabilidad. Su discurso de por qué los resultados no acompañan se han convertido más en un meme que en explicaciones reales que convenzan al aficionado y, mientras tanto, parece que la directiva empieza a tomar decisiones en una parcela que solo le compete a él. Para el técnico es básico que los resultados lleguen ya pero, más aún, que empiece a demostrar quién manda en el banquillo.

Xavi Hernández está en el punto de mira. Uno de los grandes mitos culés, institución y leyenda del Barcelona sobre el césped, llegó al banquillo azulgrana el 5 de noviembre de 2021 como solución de emergencia al caos deportivo que había en Can Barça. Dos años más tarde, está bajo sospecha por sus resultados deportivos, que deben de ser despojados de excusas para analizar con certeza: este equipo tiene mucho más nivel de lo que está demostrando en el campo.

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