Pedrosa sigue en Honda, Viñales se va a Yamaha... ¿De qué hablaremos este verano?

El anuncio de fichajes y renovaciones en MotoGP se han multiplicado esta semana. Con esta prisa por dejar cerrados los equipos para la próxima temporada, no habrá noticias que dar

Foto: Maverick Viñales y Jorge Lorenzo, durante la rueda de prensa oficial en el circuito de Jerez. (EFE)
Maverick Viñales y Jorge Lorenzo, durante la rueda de prensa oficial en el circuito de Jerez. (EFE)

¡Vamos, vamos, que me las quitan de las manos, que ya no me quedan motos oficiales!, parece vocearse desde una esquina del paddock de Mugello, a la vista de la cascada de anuncios de fichajes y renovaciones a la que hemos asistido esta semana: Pedrosa y Dovizioso se quedan donde están, en Honda y Ducati, respectivamente, mientras que Viñales y Iannone cambian de aires. El primero, como se esperaba, será el compañero de Valentino Rossi en Yamaha; y el italiano, sorprendentemente, ocupará el lugar de Viñales en Suzuki. 

A fecha de hoy quedan pocas plazas por cubrir en los equipos de fábrica: Honda –que cerrará en breve la renovación con Marc Márquez-, Aprilia, y la segunda moto de KTM. Aún hay mucha tela que cortar pensando en el futuro inmediato de MotoGP, porque solo se han ocupado hasta el momento ocho de las 23 motos que habrá en 2017, aunque las negociaciones que hay en curso no van a tener la trascendencia de los madrugadores movimientos a los que hemos asistido en este inicio de campeonato.

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Hay que preguntarse a qué se debe tanta urgencia en definir los equipos, porque lo normal es que la agitación de esta primavera se viviera en pleno verano, tres meses más adelante, al menos. Lin Jarvis, el director deportivo de Yamaha, ya anticipó durante la presentación de su equipo que esperaba que empezaran a resolverse los contratos antes de la cuarta carrera. Y resulta que antes de la sexta ya se han repartido prácticamente todas las motos de fábrica.

Semejante prisa tiene para mí una única explicación: ser lo más prematuro posible y así resolver esta cuestión muy pronto para apartarla de la cabeza del piloto. Porque esta es una temporada en la que los pilotos van a necesitar que toda su capacidad se vuelque única y exclusivamente en lo que suceda en la pista. 

Maverick Vinales, con Suzuki en el circuito de Le Mans. (EFE)
Maverick Vinales, con Suzuki en el circuito de Le Mans. (EFE)

Con tanto cambio de posición entre pilotos de fábrica surge un curioso dilema. Lorenzo, Viñales y Iannone saldrán a darlo todo por sus actuales marcas, como se espera de ellos. Y también se espera que sus actuales equipos pongan a su disposición el mejor material con el que cuentan, a pesar de que una vez que concluya el campeonato lucirán otros colores. Hacer lo contrario sería tirarse piedras contra su propio tejado. Pero no debe ser nada fácil gestionar esta situación. Además, teniendo en cuenta el limitado número de pruebas que impone el reglamento –solo cinco días de pruebas una vez iniciado el campeonato-, la información que se recoja en cada carrera será crucial para trabajar en la mejora y el desarrollo de la moto de cara al futuro, así que cada piloto que cambia de equipo en 2017 será un topo dentro de su actual marca. Incómodo, ¿verdadnbsp;

La actual reglamentación, que prohíbe la evolución de los motores durante la temporada, ayuda a rebajar esa tensión que se podría crear entre el piloto saliente y el equipo. Suzuki y Aprilia son las únicas que disfrutan del sistema de concesiones, que les permite utilizar nueve motores por temporada en vez de siete, realizar evoluciones, y entrenar sin límites. El sistema se basa en una serie de puntos que se acumulan en función de los resultados: ganar una carrera supone sumar tres puntos de concesión; un segundo puesto son dos puntos; y un tercero, uno. Si la fábrica suma seis puntos de concesión, los entrenamientos de temporada de sus pilotos mundialistas quedarán limitados a cinco días, y en caso de haberlos superado en ese momento, no podrán volver a entrenar durante el campeonato.

Es inevitable pensar si Suzuki seguirá poniendo toda la carne en el asador con Viñales, o con Aleix Espargaró, que ahora parece que no es un piloto prioritario para la marca. Hay que confiar en el profesionalismo de todos, pero nadie regala nada en el mundo de las carreras.  Y luego está el tema de los primeros entrenamientos de pretemporada. Los contratos suelen tener vencimiento al 31 de diciembre. ¿Permitirá Yamaha que Lorenzo ruede con la Ducati el 14 de noviembre, al día siguiente del último Gran Premio del año? ¿Y Suzuki dejara que Viñales ruede con la Yamaha? ¿Y Ducati, que Iannone salga con la Suzuki?

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En Jerez, durante la rueda de prensa previa al Gran Premio, se le preguntó a Lin Jarvis sobre el tema, pero no dio una respuesta clara, aunque hay que recordar que cuando Rossi se fue de Yamaha no tuvo problemas para rodar con la Ducati al día siguiente de la última carrera de 2010. Siete años antes no corrió la misma suerte: Honda se negó a dejarle rodar con la Yamaha en 2003 y tuvo que esperar hasta febrero de 2004 para subirse por primera vez a la Yamaha YZR M1. ¡Al enemigo ni agua!

Rossi en su primera prueba con Ducati.  (Foto: Pep Pujol)
Rossi en su primera prueba con Ducati. (Foto: Pep Pujol)

Aquella sí que fue una situación tensa. En la rueda prensa de despedida, Rossi pidió públicamente al responsable de Honda (Carlo Fiorani) que le permitieran rodar ya en 2003 con la M1. Evidentemente, ya lo había pedido en privado y tenía la respuesta de Honda, un no como una casa, pero Rossi supo manejar la situación a su favor y dejó en evidencia a HRC. Se plantearon varias opciones pero nunca consiguió el visto bueno de la marca, que no estaba dispuesta a darle la más mínima ventaja a sus rivales. Veremos qué hacen ahora las marcas afectadas.

El caso es que con tantas prisas nos hemos quedado sin las serpientes de verano que tanto juego nos dan a los plumillas y que ponían un poco de chispa en mitad de la campaña. En ese sentido, el motociclismo ha cambiado mucho, porque ahora resulta impensable que un campeonato termine sin dejar todo atado. Si esta temporada ha sido prematura, el extremo opuesto lo encontramos en lo sucedido en 1988, cuando Eddie Lawson ganó su tercer título con el equipo Yamaha Agostini, y cerró el campeonato sin desvelar su futuro.

Valentino Rossi. (Foto: Yamaha Racing)
Valentino Rossi. (Foto: Yamaha Racing)

Se veía venir que sería difícil que Lawson siguiera con Ago, con quien tuvo continuas desavenencias por cuestiones económicas. Ya intentó dejarlo en 1987 para irse con el Team Roberts, pero no pudo ser. Pero en 1988, dio poderes a Gary Howard, su representante, para que negociara en secreto con Honda, y él se fue a Japón, a cumplir su último compromiso con Yamaha en Fuji, una carrera internacional que se disputaba en octubre, una vez finalizado el Mundial, donde su YZR 500 iba a lucir con orgullo el dorsal del campeón. Mientras volaba de Los Ángeles a Tokio se supo que había firmado con Honda, así que cuando llegó al aeropuerto de Narita, el equipo de relaciones públicas de Yamaha que tenía que recibirle le dio plantón. Él se tomó su tiempo, llegó a Fuji justo a tiempo para los entrenamientos, hizo la 'pole', dominó la carrera, y cuando la gente de Yamaha se frotaba las manos, con la victoria a la vista, Lawson bajó el ritmo y se dejó pasar por medio pelotón. La venganza es un plato que se sirve frío.

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