Mugello enmudece por Valentino y ladra contra los españoles

Durante la presentación de su museo en Andorra, Lorenzo dijo que si en Italia les pitaban a él y a Márquez es porque les temían. Así fue: Mugello enmudeció con Rossi y ladró contra ellos

Foto: Jorge Lorenzo, en el podio de Mugello. (EFE)
Jorge Lorenzo, en el podio de Mugello. (EFE)

“Como decía Cervantes en El Quijote: Si ladran es que estamos cabalgando. Si nos pitan a mí y a Márquez, que somos los principales rivales de Rossi y que somos los que le estamos quitando victorias y los títulos, es porque nos temen”, se atrevió a decir Jorge Lorenzo la semana pasada en Andorra, durante la presentación de su museo, que abrirá sus puertas este verano. A esto, algunos lo llaman provocación, y otros, valentía. Por cierto, la mítica frase atribuida al Quijote, no es de Cervantes, sino que procede de un poema de Goethe. Pero dejémonos de literatura.

Después de ganar de una forma espectacular, que ha devuelto a MotoGP la grandeza y el brillo que comenzaba a perder, Lorenzo incidía en el mismo argumento: “Cada año es más o menos igual, porque soy el rival quizás más fuerte que ha tenido Rossi en su equipo, el único que ha logrado batirle regularmente”, comentó. Lo dicho por Jorge es fiel reflejo de la realidad que se vive en MotoGP que, quizás, durante este fin de semana, se haya agudizado. El ingenio de Valentino Rossi y su tribu convirtió el Mugello en Mugiallo –giallo, quiere decir amarillo en italiano–, pero esa bruma amarilla que envolvía la pista y cegaba el graderío se disipó bajo la fumarola blanca del motor reventado por Rossi, una avería insólita en MotoGP.

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Esa espesa y cenicienta bruma, mezcla del amarillo del ambiente y el blanco del aceite quemado, no debe nublar nuestra perspectiva. El sábado se volvió a hablar de extrañas sociedades, de uniones antinaturales, de amaños, de biscotto, a la vista de cómo Viñales dio rueda a Rossi durante la clasificación. Hablar o no de biscotto no es la cuestión. Se puede decir que es un tema buscado por la prensa, y no falta razón, pero, ¿qué se debe hacer cuando el máximo responsable del equipo Movistar Yamaha, Lin Jarvis, ensalza a un piloto de la competencia antes de hablar de su propio piloto, que lidera el Mundial?: “Estupendo Valentino, ha logrado una pole fantástica, y muy bien Viñales, que ha sido segundo. Lástima que Lorenzo haya tenido problemas y solo acabase quinto”, dijo textualmente ante los micrófonos de Movistar+. Y, lógicamente, la prensa hizo su trabajo y habló del buen entendimiento entre los futuros compañeros y actuales rivales, Rossi y Viñales.

 

El domingo, seguramente, lo más evidente fue el silencio sepulcral del Mugiallo tras la rotura de motor de Rossi. Muchos tifosi abandonaron inmediatamente el circuito. Luego, muchos de los que invadieron la pista, como tradicionalmente se ha hecho en Mugello desde tiempos inmemorables, acompañaron sus esperados pitos con el lanzamiento de tomates contra el podio. De haber sido consecuentes con sus creencias deberían haber lanzado huevos. Lo digo por el amarillo de la yema.

Los tifosi aguardaron la salida de Rossi al podio, para saludar y agradecer a sus seguidores su apoyo, pero por primera vez Valentino no acudió a su cita. Nunca había faltado a ella. Ni siquiera en 2010, cuando se partió la pierna en Biondetti durante los entrenamientos. Aquel domingo, una voz debilitada pero inequívoca hizo rugir a la grada: “Hola, soy Valentino”. Pero esta vez, Valentino los dejó plantados. “Valentino se excusa; está destruido”, explicaba el locutor del circuito encaramado en lo alto del podio, mientras que la masa amarilla atendía con silencio glacial.

No sé si esta imagen es representativa o no de un momento clave en la temporada, porque Rossi está ahora a 37 puntos de Lorenzo. En 2006 llegó a estar a 53 de Nicky Hayden aunque le sacó 61 puntos en cinco carreras y recuperó la primera posición. Pero Lorenzo no es Hayden. Esta situación, que tanto ruido provoca, no debe hacer que pasemos por alto algo muy serio, como son dos roturas de motor en una misma jornada, dos averías letales en las Yamaha de Lorenzo y Rossi. En esta ocasión a Lorenzo le acompañó la suerte del campeón, porque su motor se rompió nada más terminar el “warm up”. ¿Alguien se imagina la humillación que habría supuesto tener dos roturas de motor ante las mismísimas narices del presidente de Yamaha Motor Company, Hiroyuki Yanagi?

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El motor de Lorenzo, el número 3 de 2016, estrenado en Jerez, es el mismo con el que corrió en Jerez y Le Mans, pero no estaba especialmente pasado de kilometraje. De hecho, el número 2 tiene más kilómetros encima. El caso es que Lorenzo iba a utilizarlo en la carrera de Mugello, pero nada más terminar el 'warm up' se rompió. Fue muy afortunado y salió a carrera con un motor nuevo a estrenar. Y el de Rossi, también el número 3 de su partida de motores, tenía aún menos kilómetros que el de Lorenzo. También lo estrenó en Jerez y lo usó en las dos anteriores carreras. Lo curioso es que Rossi no había tocado ese motor en ninguna sesión de entrenamientos de Le Mans y Mugello, solo en el 'warm up' y la carrera, pero sucumbió con muy poco uso, y eso es algo muy extraño.

Jorge Lorenzo, junto a Marc Márquez y Andrea Iannone, en el podio de Mugello. (EFE)
Jorge Lorenzo, junto a Marc Márquez y Andrea Iannone, en el podio de Mugello. (EFE)

Esta temporada estamos asistiendo a más averías de las que suelen producirse en MotoGP. Márquez ya rompió un motor en Jerez, y las Ducati han sufrido diversos fallos, aunque en su caso están relacionados con el nuevo diseño de la bomba del agua, de accionamiento independiente del motor. En Mugello la víctima fue Redding, que estaba haciendo una buena carrera hasta que se vio obligado a parar por un fallo en la presión del agua. Pero las dos roturas de las Yamaha y la avería sufrida por Márquez en Jerez, cuyo motor número 1 ha dejado de usar desde entonces, ponen en evidencia una serie de problemas que son poco frecuentes, sobre todo teniendo en cuenta que solo llevamos seis carreras, apenas un tercio del campeonato. 

Rossi no tiene explicación para entender qué ha sucedido: “Para mí, fue una serie, un lote de motores, que llegaron malos por la razón que sea, por un material, por un problema de montaje... Se han roto dos el mismo día cuando hacía ocho o diez años que no se rompía ninguno. Son dos que ya vinieron mal”. Y todo ha sucedido en las mismas narices del presidente. En la cadena de montaje de Iwata ya se echan a temblar…

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