Luis Salom, el niño que se aficionó a las motos en la tienda de su abuelo

Se fue al suelo violentamente en la curva número 12 del Circuito de Cataluña y fue evacuado en ambulancia al Hospital General, donde se certificó la muerte del piloto de 24 años

Las carreras nos han vuelto a mostrar su cara amarga este viernes en el Circuit de Catalunya. Luis Salom nos ha dejado tras sufrir un accidente aparentemente simplón, una caída deslizando sobre la escapatoria de asfalto, que ha terminado en un choque brutal contra su propia moto que había rebotado en las protecciones. Nadie está preparado para un trago así.

Luis Salom, el niño que se aficionó a las motos en la tienda de su abuelo

Salom solo tenía 24 años y había desarrollado su carrera deportiva desde muy pequeño en su Mallorca natal. Desde niño sintió muy de cerca el ambiente de las motos, pues su abuelo regentaba una de las tiendas de motos más populares de la isla, al frente de la cual ahora se encuentra su padre, razón por la que rara vez podía acompañarle en las carreras y era su madre, María Horrach, que estuvo permanentemente alentándole desde el box, sufriendo y pasándolo mal, pero orgullosa de su hijo. Pero esta vez, su padre sí estaba en el Circuit.

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Comenzó a correr con solo ocho años, en Supermotard, en el activo campeonato balear, y con él también empezó a correr su primo David, que en paralelo ha desarrollado su carrera deportiva en el Mundial de Superbikes. Con 13 años, ya fue campeón de 125, y dos años después debutó en el CEV, y además fue seleccionado para la Red Bull Rookies Cup, el campeonato promocional que se desarrolla como complemento del Campeonato del Mundo. Aquellos años, Luis se multiplicó, disputó ambos campeonatos en 2007 y 2008. En esa segunda temporada internacional optó a los dos títulos, pero terminó batido por Efrén Vázquez en el CEV 125 y por el norteamericano JD Beach en la Rookies.

Al año siguiente, se hizo un hueco en el Mundial de 125. Esos primeros años fueron difíciles e ingratos, bregando con material poco competitivo en una etapa donde si no tenías una Aprilia 'pata negra' no eras nadie. Hasta corrió con Lambretta, con más pena que gloria, pero tuvo los reflejos de cambiar de aires, y así consiguió dar un impulso a su carrera.

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Creció en el campeonato desde la humildad. Con la modesta estructura holandesa RW Racing se aupó al subcampeonato del mundo de Moto3 en 2012, con una Kalex-KTM claramente inferior a las Honda KTM de la categoría. Sumó sus primeros podios y victorias, ratificando su calidad con el subcampeonato del mundo. Eso le abrió las puertas de KTM, y en 2013 firmó con el equipo oficial, el Team Ajo.

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Ese año tuvo la corona a su alcance. Dominó con autoridad en la primera mitad del año, pero una inoportuna lesión le hizo perder su ventaja y al final terminó jugándose el título a una carta en la última e inolvidable carrera del año, ofreciéndonos junto a Maverick Viñales y Alex Rins una de las carreras más vibrantes que se recuerdan. Pero la fortuna le dio la espalda, porque se cayó antes del desenlace de la carrera y ya no tuvo opción a la corona.

Luis Salom, en los entrenamientos de Montmeló (EFE Toni Albir).
Luis Salom, en los entrenamientos de Montmeló (EFE Toni Albir).

En 2014 dio el salto a Moto2 con el equipo de Sito Pons, pero ese paso no fue sencillo. A pesar de ello, Luis logró sumar varios podios y se convirtió en uno de los pilotos fuertes de la categoría. Pero sufrió mucho, peleó su garra da siempre, sin rendirse ni desistir. Estuvo dos años bajo el paraguas del Team Pons, pero esta temporada recaló en SAG, una modesta y laboriosa estructura, donde se encontró a gusto. Disfrutaba de una gran comunión con su equipo, al que premió con el mejor resultado en la carrera deportiva del equipo con el segundo puesto logrado en el pasado Gran Premio de Qatar, la primera carrera del año.

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Salom luchaba por mantenerse entre los diez mejores del campeonato. Ahora, desgraciadamente, nos ha dejado de forma violenta y cruel. A veces olvidamos que las carreras tienen este lado amargo, que en ocasiones son un ser abominable, un monstruo que devora a sus hijos.

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