El arte de Marc Márquez para convertir a la Honda en la mejor moto de MotoGP

Es un encendido debate que muchos aficionados sostienen: ¿quién debe llevarse el mérito de la victoria, el piloto o la moto? Es un trabajo coral, pero sin una moto que funcione no se gana

Foto: Marc Márquez, este domingo en Australia. (EFE)
Marc Márquez, este domingo en Australia. (EFE)

El nivel de calidad de una carrera de MotoGP se puede calibrar en función de la actividad existente en el intercambio de mensajes con los amigos una vez acabada la carrera. A juzgar por el volumen del buzón de mi grupo de amigos, la última carrera de MotoGP ha sido la mejor de la temporada. En general todos han coincidido en ese análisis, incluso los propios pilotos, a pesar de que el ritmo de carrera haya sido lento, propiciando que se llegara a formar un grupo de cabeza con ocho elementos más propio de las carreras de Moto3 que de MotoGP. Como en su día dijo Carmelo Ezpeleta, qué importa si en MotoGP se rueda dos segundos más lento, qué más dará si se bate el récord o no; lo importante es que podamos asistir a una carrera divertida y espectacular, y así ha sido.

El dominio de Marc Márquez, que encarrila completamente el título hasta el punto de que puede permitirse correr en Sepang sin la ambición de ganar –eso dijo en la rueda de prensa, pero veremos qué hace cuando llegue la hora de la verdad-, ha puesto sobre la mesa virtual un debate: ¿cuál es la mejor moto?

En otro tiempo, Yamaha habría sido la respuesta unánime, pero hoy ni siquiera está claro cual es la mejor Yamaha: ¿la moto actual que utilizan Viñales y Rossi, o la versión 2016 a la que tan buen partido le está sacando Zarco? Hay quien considera que la mejor moto es la Ducati, porque ha permitido a Andrea Dovizioso dar un paso adelante tan grande como para poder pelear por la corona. No es una mala consideración, lo reconozco.

Personalmente, creo que, sin lugar a dudas, la mejor moto del campeonato es la Honda. Porque si atendemos a las diferentes situaciones que se han dado a lo largo de la temporada, la Honda RC213V es una moto que responde en todo tipo de circuitos y en toda clase de condiciones. Es cierto que Dovizioso batió a Márquez sobre mojado en Motegi, pero la Honda permitió al piloto de Cervera pelear por la victoria hasta la última curva. Y ya haga frío o calor, la Honda responde. Hay que reconocer que, en buena medida, responde porque Márquez pone lo que le falta, pero si una moto no funciona no la salva ni el mejor Marc Márquez.

La moto perfecta en MotoGP

Es evidente que Honda ha realizado una extraordinaria evolución desde principio de temporada, tras unas pruebas invernales en las que la situación llegó a ser muy apurada, como ya había sucedido también en 2016. Pero esta situación no es exclusiva de Honda. Ducati ha pasado por una situación similar, ¿o es que ya nadie recuerda el aviso de Dovizioso antes de la carrera de Jerez? “Hay que discutirlo todo, replantearlo todo a 360 grados, dijo entonces. Y a partir de ese momento la situación empezó a cambiar.

También en Honda. Eran los días en que Yamaha dominaba a placer en el campeonato, en el que Maverick Viñales sumaba victorias y Valentino Rossi no se bajaba del podio. Después, Honda y Ducati iniciaron su evolución, progresando y mejorando carrera a carrera, mientras que en Yamaha involucionaban y perdían la perspectiva, iniciando un rosario de cambios en el bastidor y en la puesta a punto de la moto que les hizo, especialmente a Viñales, perder el tren del campeonato.

Ya no existe la moto perfecta. Eso que sucedía en el pasado, cuando una marca ponía en pista una moto y todo era perfecto, el rendimiento de la moto era lineal, y el piloto asistía carrera a carrera a un protocolo de trabajo casi ritual, eso es historia. Hoy en día los pilotos casi parten de cero en cada carrera, tienen una base sobre la que trabajar, pero la situación cambia radicalmente de un circuito a otro, y factores como la diferencia de temperatura tienen una gran importancia. Actualmente, en MotoGP no se puede dar nada por sentado, y el hecho de ganar una carrera hoy no quiere decir que el éxito pueda repetirse en la siguiente. Nada está escrito.

Pero es indudable que si una moto no es competitiva, no se puede ganar. No hay milagros en el deporte, y más en una competición de altísimo nivel como es MotoGP. Mucha gente dice que este título que Marc Márquez acaricia con la yema de sus dedos es más cosa del hombre que de la máquina, que si Marc está donde está es porque le ha hecho todas las ganas del mundo, poniendo él lo que le falta a la moto. No lo pongo en duda; al contrario, gracias a Márquez la Honda es competitiva siempre, pero al mismo tiempo tengo que decir es que si Márquez gana o pelea por ganar en todo tipo de condiciones es porque su moto se lo permite, cosa que Dovizioso, Viñales o Rossi no pueden decir.

Muchas veces hemos oído decir de un piloto que gana porque tiene la mejor moto. Y seguramente siempre es cierto. Porque el mejor siempre quiere tener lo mejor, porque es la única manera de ganar. No recuerdo a nadie que haya sido campeón con una moto inferior. Disponer del mejor material hace que uno también dé lo mejor de sí mismo, de lo contrario sería frustrante. Por tanto, no puedo pensar otra cosa: Márquez gana porque tiene la mejor moto, y Honda es la mejor moto porque permite ganar a Marc Márquez.

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