Pese a Maradona, Messi siempre acudirá a la llamada de Argentina

Messi acudirá a la llamada de Argentina hasta que dejen de llamarlo; nunca le dará la espalda a la albiceleste por más que los más fanáticos le lancen escupideras de detritus

Foto: Messi pasa delante del trofeo que se llevó Chile al proclamarse campeón de la Copa América (EFE)
Messi pasa delante del trofeo que se llevó Chile al proclamarse campeón de la Copa América (EFE)

Hay cosas que determinada gente no alterará nunca: el carácter y las formas. Leo Messi es el mejor jugador del mundo aunque haya salido por dos veces subcampeón con Argentina. Aunque el que fuera mejor jugador de la historia hasta que se retiró y salió Messi, o sea Diego Armando Maradona, piense lo contrario y suelte frases de hincha cabreado como latigazos de fuego, Leo acudirá a la llamada de Argentina hasta que dejen de llamarlo; nunca le dará la espalda a la albiceleste por más que los fanáticos le lancen escupideras de detritus.

“Me levanté, estiré la mano y le toqué el hombro. Fue como tocar una estatua”, escribió el chileno Roberto Bolaño, genial y malogrado escritor adelantándose a los tiempos, que murió sin conocer a Messi pero sabiendo quién era Maradona. Maradona es Maradona: el que hizo soñar a los niños y a los grandes, el que dibujó campanillas de oro en los sueños de mucha gente que no sabía que tenía sueños. El Peter Pan que nunca quiso ser otra cosa y la vida lo ajustició poniéndole kilos y arrugas.

Y Diego, ese D10s que aman los argentinos y sonroja a muchos, quiso romper el televisor aquella infausta tarde (gran tarde para los chilenos) del invierno austral, donde muchos se preguntaban, ¿dónde demonios se encontraba Messi? Porque Leo estaba pero no estaba, en realidad nunca estuvo en el Nacional por mucho que lo intentase, y mira que lo intentó.

Maradona abraza a Messi durante la época del primero como seleccionador de Argentina (EFE)
Maradona abraza a Messi durante la época del primero como seleccionador de Argentina (EFE)

El hijo de Lucifer tras la Copa América

La patada en el estómago de Medel (que con la roja no hace prisioneros) fue una especie de premonición. El cierre de la muralla chilena del argentino Sampaoli, un baño táctico que nunca debe olvidar su paisano Tata Martino, metió a la selección argentina en un desierto cuajado de arenas movedizas. Luego llegó el chaparrón y sobre las cabezas de Messi y sus amigos se paseó una nube negra, que volvió a mostrar esa trama fatalista que suele asomarse en los pobladores de la Pampa, con querencia a vivir en los extremos: o el cielo o el infierno, jamás café con leche. Esa noche, tres diablos rojos, incansables, implacables, borraron hasta la sombra del 10 de Argentina.

Y por ahí, Leo Messi, San Messi hace meses, el hijo de Lucifer después de la Copa América. Y esa bala con su nombre grabado justo en el corazón, en la parte que más le duele a Lionel, sus sentimientos. “Messi, eres español, 'vete pa España', no vengas a la Argentina”, gritaron muchos ingratos de recogida por la Avenida 9 de Julio. Después de la decepción ante Alemania, la humillación frente a Chile, una tragedia después de otra, un guiso demasiado indigesto para los que colocaron al dios fútbol en su máximo pedestal. Y el principito resultó pintado, humillado, masacrado, muerto y resucitado.

Messi se la tragó. Bajo la mantoleta que le tendieron sus compañeros, su familia en el fútbol, tanto en la Selección como en el Barça, Leo se guardó la sonrisa en un bolsillo y procuró no pensar. Supo que los tiempos, sobre todo en fútbol, tienen ventanas y las ventanas, siempre, se abren y dejan ver el mar. Ya le llegará el día de la revancha, le dijo el Tata Martino, que no fue campeón con el Barça y al que acompaña siempre un aura de fatalismo.

Imagen de Messi durante la final de la Copa América (Reuters)
Imagen de Messi durante la final de la Copa América (Reuters)

Eligió el barro

Se olvidan en Argentina que el niño Lionel Messi solo tenía 16 años cuando un alto ejecutivo de la RFEF se plantó en su casa brindándole la oportunidad de jugar con la camiseta de la Selección Española y Leo solo dijo cuatro palabras en toda la tarde: “Solo quiero ser argentino”. Y no escuchó más.

Tras la lluvia de agua fría de Chile, la artillería demagógica disparó balas de veneno contra Messi. Unos cuantos salieron en su defensa. Fernando Signorini, que fue preparador físico con Menotti, preparador físico de Diego Maradona y de la selección argentina durante el Mundial de Sudáfrica, es persona que siempre derrama sabiduría y fútbol, exclamó en twitter escandalizado ante tanta inmundicia: “Lio se equivocó, si hubiese elegido España, ya tendría 1 Mundial, 2 Eurocopas… Eligió el barro, nos eligió a nosotros. No te merecemos Lionel”.

Messi, para que sepan los que lo niegan: jamás abandonará Argentina, siempre vestirá orgulloso la camiseta albiceleste, siempre estará dispuesto a tomar el primer avión en cuanto el seleccionador lo llame y espera ansioso esa llamada. Siempre querrá ganar con uñas y fútbol la zamarra del país que lleva en el corazón. Aunque también lleve en el corazón a España. Y siempre lucirá la camiseta del Barça, siempre que quiera el Barça.

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