Dicen que Fernando Alonso tiene mala suerte. Yo se la cambiaba, ¿y tú?

Este fin de semana, Fernando Alonso me dejó con la boca abierta tras su 'carrerón' en las 500 Millas de Indianápolis, una sensación que no fue compartida por todos en España

Foto: Ilustración: Raúl Arias.
Ilustración: Raúl Arias.

Como piloto, debo confesar que hoy en día, si me ofreciesen un asiento en la Indy Car, me lo pensaría dos veces. Y digo esto a pesar de que en el año 2010 viajé a EEUU para intentarlo. Me ofrecieron cruzar el charco y hacer un test con Andretti en el bacheado circuito de Sebring. Tras mi paso por la Fórmula 1 y después de ganar la F2, quería probar suerte en una categoría que siempre me ha llamado la atención, pero ahora el riesgo que conlleva me dificulta llamar a su puerta.

Mi mánager de entonces, Julian Jakobi, gestionaba la carrera de Dario Franchitti y gracias a sus contactos conseguimos que Andretti se fijase en mí. Pasé 15 emocionantes días en EEUU, fui a ver al equipo para absorber la máxima información y aproveché para visitar el circuito de Indianápolis. Finalmente, el patrocinador no cumplió y mi sueño se desvaneció. Fue un jarro de agua fría porque era muy joven, tenía ganas de comerme el mundo y soñaba con conquistar las Américas.

Cuando llegué a Indy y el equipo me enseñó algunos vídeos 'on board' en el óvalo, tragué saliva… Me imponía mucho respeto eso de rodar a 372 km/h rozando el muro y rodeado de coches. Me dio la sensación de que estaría tentando a la suerte constantemente. Solo por eso, Alonso ya se merece todos mis respetos y admiración. En cambio, estas últimas horas he visto en España una reacción diferente: a mucha gente le encanta criticar, reírse de los demás y juzgar todo lo que ve, a pesar de no tener ni idea de la película.

Mi casco y mi volante para participar en la Indy.
Mi casco y mi volante para participar en la Indy.

Después de realizar un carrerón en las 500 Millas de Indianápolis, ¿cómo se ha llegado a este punto de crítica? Alonso irrumpió en la F1 de manera fulgurante y se proclamó campeón del mundo tan solo cuatro años después de su debut con Minardi. Provocó que todos los españoles tuviesen una cita ineludible los domingos de carreras, y hasta consiguió que el automovilismo se convirtiera en uno de los deportes más seguidos de este país. Cierto que eso fue hace más de una década y que la gente se acuerda más de lo reciente que de lo pasado, y que también existe cierto morbo en recordar lo malo, más que lo bueno.

Los españoles, cansados de esperar

En su etapa posterior a Renault, había puestas muchas expectativas en su paso por McLaren y Ferrari, pero se encontró con dos muros infranqueables: el del protegido de la escudería británica, Lewis Hamilton, y luego el de Red Bull de Sebastian Vettel. En Ferrari hizo temporadas memorables que aumentaron su prestigio, pero no ganó ningún título. Después apostó por el binomio McLaren-Honda, aquel que triunfó con Senna a finales de los ochenta y principios de los noventa. Otra decepción más, y los españoles, cansados de esperar.

Fernando Alonso, tras su abandono. (EFE)
Fernando Alonso, tras su abandono. (EFE)

Entiendo la frustración del español que desea verle ganar, pero no concibo la crítica sin respeto, la mofa, el desprecio y las bromas de aquellos que se ríen cuando se rompe el motor Honda en Indianápolis. Que está gafado y tiene mala suerte, dicen algunos…

¿Y Ryan Hunter Ray o Charlie Kimball, que rompieron también sus motores Honda en carrera? ¿Y el incidente del 'poleman', Scott Dixon, que sin quererlo ni beberlo se encontró con Jay Howard cruzado en mitad de la pista? ¿Y Oriol Serviá, que peleaba por la victoria y se tocó con un rival a 17 vueltas del final y provocó el abandono de otros tres coches que pasaban por allí?

La mala suerte es muy relativa. Fernando ha arriesgado mucho yendo a la Indy, ha supuesto un reto personal y profesional muy grande y dudo de que la mayoría de pilotos de F1 tengan las agallas de hacerlo.

Sin miedo a quedar en ridículo

Hay que tener mucha confianza en uno mismo para inscribirse en una competición totalmente desconocida, diferente y única en su planteamiento y pilotaje. Hay que tener coraje y honor para plantar cara a grandes pilotos que llevan años corriendo en óvalos, especialistas en este tipo de circuitos. Hay que tener sangre fría para asumir ese reto con la presión y seguimiento que supone.

No es nada fácil adaptarse a reglajes asimétricos, a girar siempre en un sentido, a un chasis y unos neumáticos diferentes (sin calentadores, entre otras cosas), a unas velocidades tan altas, a ir pegado al muro constantemente, a ahorrar gasolina con los rebufos, a saber rodar en tráfico, a escuchar al 'spotter' constantemente en la radio para decirte dónde están tus rivales, etc.

Alonso me dejó de piedra

Fernando llegó a Indianápolis hace menos de un mes, se subió al coche, hizo un test de familiarización, después los entrenamientos oficiales, entró en el 'Fast Nine' para pelear por la 'pole', clasificó quinto y lideró la prueba demostrando una adaptación que a mí me dejó de piedra.

Parecía que llevara toda la vida ahí, jugaba con los rebufos, ahorraba combustible, no cometió ningún error en las paradas, supo escuchar y reaccionar a las instrucciones del 'spotter' y se situó en puestos de cabeza durante mas de 150 vueltas. No olvidemos que abandonó cuando rodaba por detrás del vencedor de la prueba, el japonés Takuma Sato. Además, parecía que el motor ya no iba tan fino dos vueltas antes de romperse, le costaba algo más seguir el ritmo de sus rivales, pero aun así aguantó detrás del japonés hasta que su motor dijo basta.

A mí, sinceramente, se me ponen los pelos de punta cuando alguien me dice que está gafado o tiene mala suerte. Me recuerda a la misma cantinela de Carlos Sainz, un tipo que ha sido bicampeón del mundo de 'rallies', con récord de victorias en su época, campeón del Dakar, empresario de éxito, deportista consagrado, padre de tres hijos maravillosos y con una salud de hierro. ¿Mala suerte? Me parto…

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Fernando es campeón de casi todo lo que ha corrido en 'karting', campeón de la F-Nissan, cuarto en la F3000, bicampeón del Mundo de F1 (y subcampeón en tres ocasiones más), es el tercer piloto con más podios de la historia de la F1, ha sido valorado como el mejor piloto de la parrilla por equipos y pilotos durante cinco años seguidos y ha llegado a la Indy por primera vez esta temporada y ha luchado por ganar la prueba. Goza de salud, le gustan los deportes, es un profesional como la copa de un pino, tiene un talento innato, es reconocido y admirado a nivel mundial, gana 30 millones de euros al año y todavía tiene 35 años.

A mí que me perdonen, pero si eso es mala suerte, que me expliquen lo que es la buena.

Quemando Rueda
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