Rafael Nadal: la felicidad está en bajar al barro de los primeros días

Rafa Nadal vuelve a buscar acomodo en su mayor refugio. Buenos Aires será testigo de su vuelta a la competición. La superficie que lo ha encumbrado le acoge mientras evalúa su versión actual

Foto: Rafa Nadal en el último Roland Garros (Efe).
Rafa Nadal en el último Roland Garros (Efe).

Tomar la cinta que rodea la cabeza, agitar una melena empapada en sudor y caminar hacia la red con los calcetines calados. Una imagen que ha sido el tenis durante años. La figura de Rafael Nadal sobre tierra batida como referencia del tenis actual. El balear, en un punto competitivo en cuestión, con dificultades reconocidas para aplicar en pista lo probado en los entrenamientos, vuelve a buscar acomodo en su mayor refugio. La superficie que lo ha encumbrado en la historia del deporte moderno, estableciendo marcas a las que probablemente sobreviva, un honor nada frecuente para un atleta, le acoge en los próximos días mientras evalúa su versión actual. Como una búsqueda de bienestar interior para intentar soltar de nuevo el juego.

Buenos Aires contempla esta semana la vuelta a la competición de Rafael Nadal, número cinco del mundo pese a avanzar con tropiezos. El mallorquín, por medio de una invitación solicitada con las listas de inscripción ya cerradas, encabeza la nómina de jugadores en el torneo y optará a revalidar el título levantado en 2015 sobre suelo argentino. Su presencia en el evento, unido al torneo de Río de Janeiro a disputar la próxima semana, estira hasta la quincena su participación en la gira latinoamericana de polvo de ladrillo. La inclusión en el evento argentino, fuera del calendario original, y la acumulación de competición fuera de pista dura antes de los prestigiosos torneos de Indian Wells y Miami, denotan una voluntad por cargar el cuerpo de automatismos en el territorio más conocido: la tierra batida. Nadal buscando al primer Nadal. Un juego donde pueda tener un mayor volumen de aspectos bajo control.

Rafa Nadal en Australia (Reuters).
Rafa Nadal en Australia (Reuters).

Así, y tras caer en el Abierto de Australia a manos de Fernando Verdasco a las primeras de cambio, el balear hace clara su voluntad de cargar las piernas en un entorno cercano en lo deportivo. Unas latitudes, las latinoamericanas, a las que el mallorquín regresó en 2013 y ha dado continuidad cada año hasta 2016. Inéditas desde que las empleara como lanzadera de su primer Roland Garros allá por 2005. Lo que entonces servía como mecha para un jugador en plenitud de energía, con la ilusión de la juventud intacta y nervio para repartir, ahora opera como bálsamo para una leyenda en reconstrucción, con la búsqueda del ritmo y la confianza como objetivo de destino.

Sobre arcilla el mallorquín se aleja de ese tenis recto al que aspira, donde el primer tiro de fondo ha tomado un protagonismo demasiado alto para las tácticas de elaboración. Sobre arcilla conserva en mayor medida esa autoridad de jugador respetable adquirida durante años, mitigada recientemente sobre pista dura. Son pasos en un terreno conocido para una etapa donde cada triunfo lleva adherido un regusto de avance. Cada sensación como victoria. En una fase de recuperación, de aspiración al crecimiento, todo detalle positivo contribuye a la suma. Y en estos momentos, privado desde hace veinte meses del sabor de los Grand Slams, cercanos los dos años desde su último Masters 1.000, el mínimo detalle alimenta. ¿Alcanzar el récord de Vilas, 49 títulos en tierra batida por los 47 del balear, marca una diferencia? ¿Lo hace revalidar una corona en un torneo de la menor categoría? ¿Modifica el panorama entre la élite un fogonazo en tierra cuando el circuito discutirá todo en breve sobre pista dura? Seguramente no. Pero la actitud y las sensaciones internas quizá vayan por otro lado. Es el descenso al barro del que nada tiene que demostrar. La fuerza de voluntad del que todo ha dejado probado.

Nadal entrenando sobre tierra batida (Facebook: Rafa Nadal).
Nadal entrenando sobre tierra batida (Facebook: Rafa Nadal).

Hay unas palabras pronunciadas por Roger Federer que ilustran a la perfección esta circunstancia. Realizadas cuando su dinámica de leyenda, tan memorable como añorada, perdió el brío natural ante el paso del tiempo. Evidencian el punto común del inicio, una llama de ambición presente en todo individuo, con independencia de la maestría del actor. Un disfrute lejos del clímax competitivo. Algo que parece contradictorio en un gran campeón, pero quizá la llave para lograr ese estatus: relativizar la importancia del resultado. Alejarse del puro ganar, del hambre de victoria parece, irónicamente, la vía más directa para acercarse a ello. “En ocasiones simplemente eres feliz jugando. Algunas personas, desafortunadamente, nunca entienden que está bien jugar a tenis y limitarse a disfrutar. Piensan que debes ganarlo todo, siempre hay la necesidad de que sea una historia de éxito. Esto no funciona así, obviamente. ¿Qué sentido tiene entonces? Quizá uno deba echar la vista atrás y pensar: ¿Por qué comencé a jugar a tenis? Simplemente porque me gusta. De hecho, es una especie de hobby convertido en un trabajo. Algunas personas nunca llegan a comprenderlo”.

En un momento donde el número uno parece una quimera, donde incluso pelear por los grandes títulos es una tarea a recuperar, es de valorar la insistencia sin tapujos en la búsqueda de uno mismo. Bajando al barro de los primeros días al otro lado del Atlántico. Si ganar copas marca la diferencia, para Nadal, un campeón de campeones, en volver a disfrutar puede estar la clave para dar la mejor versión de sí mismo.

On Court
Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
1comentario
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios