Nadal, perdido en la tierra

El tenista balear se convirtió en una leyenda gracias, en buena parte, a sus éxitos en la arcilla, los mismos que ahora le han abandonado y le convierten en un jugador terrenal

Foto: Rafa Nadal atraviesa un momento de bloqueo en su carrera (Efe).
Rafa Nadal atraviesa un momento de bloqueo en su carrera (Efe).

"He perdido una oportunidad". Rafael Nadal no colocó un paño caliente para describir su paso por Río de Janeiro, en una expresión extensible también al papel jugado en Buenos Aires la semana anterior y descriptiva de lo desplegado en la gira. Las cuentas no cuadraron ni en tierra batida. El mallorquín acudió a Latinoamérica en busca de oxígeno y salió de la región exactamente igual que en su desembarco: con sensación de juego estancado, convirtiendo cada partido en una auténtica batalla de desgaste; incapaz de marcar diferencias pese a no encarar a ninguno de los 15 primeros del ránking y competir en torneos de la tercera y cuarta categoría en importancia del circuito sobre su superficie históricamente más favorable; y quedando siempre a dos pasos de las copas, un síntoma de retroceso para el jugador más laureado de siempre en esta superficie.

Una cabeza gacha ante la remontada de Pablo Cuevas, el número 45, fue el punto final en una gira de torneos que deja un reguero de síntomas grises tras la estela de Rafael Nadal. El campeón de 14 grandes volvió a caer por segunda vez en siete días sobre tierra batida, el suelo que le ha encumbrado a la leyenda; se inclinó por segunda semana consecutiva ante un rival con revés a una mano (Dominic Thiem ya le superó en Buenos Aires), un recurso técnico castigado sin piedad durante años que ahora parece inmune al empuje del español; y se despidió de la competición superado en un parcial decisivo, entregando la victoria por tercer torneo seguido en esa fase de los partidos donde, con el justo margen de error, los elegidos marcan una clara línea de autoridad en el suelo. Pestañeos pese a encontrarse con circunstancias que siempre contribuyeron a su esplendor.

"No he sabido aprovechar mis opciones" se descargó el español tras verse privado de alcanzar su final 100 en el circuito por Cuevas, autor de 48 golpes ganadores en una pista pesada por las lluvias caídas. Todo un síntoma de las puertas abiertas que encontró en el fondo de la cancha ante el mallorquín, que se consoló con el esfuerzo empleado tras verse abrazado por otra derrota. "He peleado hasta el final. Tengo que aceptarlo y seguir trabajando para intentar cambiar la dinámica. Ésa es la realidad de lo que está ocurriendo hoy y debo trabajar duro para cambiarlo". Modificar la marcha de un 2016 donde presenta siete victorias y cuatro derrotas, su peor inicio de temporada desde que compite como campeón de Grand Slam.

Para Nadal, capaz de ganar títulos en todas sus incursiones previas en la gira latinoamericana, toda una lanzadera incluso en tiempos de recuperación, le queda una sensación amarga y de aceptación al terminar la gira. "No he ganado un título, de manera que no han sido dos torneos positivos. He tenido mis opciones en ambos, he perdido la semifinal en ambos. Simplemente debo mirar hacia adelante y pensar en Indian Wells", apuntó, poniendo los ojos en un horizonte de pista dura, una superficie que le otorga resultados más favorables que la propia arcilla en el último año.

"Llevo tres partidos seguidos perdiendo a muy pocos puntos de ganar" se consoló el balear, recordando sus derrotas más recientes ante Fernando Verdasco en Melbourne, contra Dominic Thiem en Buenos Aires y ante Pablo Cuevas en Río de Janeiro, choques donde tuvo la victoria a cuatro, uno y dos puntos de distancia. "También un poquito de suerte viene bien, aunque no creo en ella. Normalmente tiene la suerte el que lo hace mejor y supongo que hoy no habré sido yo", cerró el español, incluyendo el factor azar en la decisión de partidos muy ajustados. Sobre suelo brasileño, sin embargo, la sensación de terminar el partido desfondado y totalmente vacío al resto, su histórico sello personal para desbrozar los partidos. Las cifras hablaron por sí mismas: siete de los 11 aces logrados por su rival tomaron forma en el parcial decisivo, donde Nadal fue incapaz de controlar ninguno de los 17 puntos que Cuevas disputó con primer servicio. Un registro negro para el español, incapaz de mantener el ritmo de su rival cuando el partido sobrepasó la barrera de la tercera hora, todo un aviso para un jugador que suple como ningún otro dificultad de juego con capacidad de sufrimiento.

Para Nadal, que completó una gira de partidos enfangados, auténticas peleas de fe ante jugadores siempre controlados hasta quedar fuera de la lucha por los títulos, hay una realidad clara: si la ruta de crecimiento más directa pasa por enfocarse en la superación personal, su figura apenas se encuentra en las faldas de la montaña.

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