Claves para la ascensión de Rafa Nadal hacia la cima de la tierra batida

La gira de tierra batida llegará a su punto álgido. Con el margen ya justo para afrontar grandes cambios, la suerte está echada en el día a día en busca del gran objetivo del año

Foto: Con el torneo de Roma y Roland Garrós, llega la hora de la verdad para Rafa Nadal (EFE)
Con el torneo de Roma y Roland Garrós, llega la hora de la verdad para Rafa Nadal (EFE)

Dentro de 12 días comenzará Roland Garros. La gira de tierra batida llegará a su punto álgido y una de las grandes cuestiones volverá a girar sobre la figura de Rafael Nadal. Ocurra lo que ocurra durante esta semana en Roma, el mallorquín habrá probado una consistencia suficiente para volver a aspirar a lo más alto en la capital de Francia. Desde el torneo de Indian Wells, con 17 victorias en 19 partidos, la temporada del balear ha experimentado una aceleración donde las sensaciones de juego se han colocado a la par de los resultados. Con el margen ya justo para afrontar grandes cambios, la suerte está echada en el día a día en busca del gran objetivo del año. Y los rivales son conscientes de la situación.

“Doy más valor a esta victoria que a la de 2015”. La frase de Andy Murray, tras superar al mallorquín sobre la arcilla de la Caja Mágica en las semifinales, fue bastante significativa. Consciente de la dureza para batir al español en tierra batida y ante su afición, para ganarse un puesto en la final del torneo. Y colocó el triunfo por encima de la lograda doce meses atrás, a pesar de que en el curso anterior superar al balear significó la conquista de la copa, el mayor logro de su carrera en la superficie y un trampolín para rozar su primera final en Roland Garros. “Veo a un jugador más fuerte que el año pasado”, sentenció el de Dunblane, subrayando de primera mano la subida de temperatura del español.

La situación con que afronta el tramo de temporada más brillante a nivel histórico en su carrera profesional es muy distinta a la de 2015. La inestabilidad de resultados quedó aparcada en primavera, la acumulación de torneos con niveles de satisfacción sigue en marcha (“completo otra semana positiva para mí”, fue la frase de despedida en Madrid), y una opción de acudir a París entre los cuatro primeros del ranking y postergar así los cruces ante los grandes favoritos hasta las semifinales, algo negado en la temporada 2015, conforman un escenario de inercia, autoridad y ambición en el Foro Itálico.

La recuperación de Rafa Nadal esta temporada es incuestionable (EFE)
La recuperación de Rafa Nadal esta temporada es incuestionable (EFE)

Roma y París, reválidas definitivas

Dentro de la temporada de tierra batida quedarán los dos eventos con más significado. Por un lado, Roma, último evento previo al Bosque de Bolonia y enclave de enorme peso histórico dentro del circuito. La prueba de sensaciones más reciente antes de acudir a Roland Garros, donde todas las figuras buscarán el encuadre psicológico de cara al Grand Slam de tierra batida. Por otra parte, la cita de Roland Garros. Este año, y por segunda vez en su carrera, un terreno a reconquistar tras ceder en los cuartos de final de 2015 ante el serbio Novak Djokovic. Una misión destacada para el campeón de 15 grandes con múltiples consecuencias: la opción de volver a levantar un Grand Slam dos años después, reafirmando su respeto en el vestuario masculino; el reto de alzar diez coronas en la Philippe Chatrier, algo alejado de cualquier hombre en la historia del deporte; y la posibilidad de preservar la pieza más preciada en la colección del actual número 1. Un torneo que Djokovic, claro, ansiará como ningún otro.

La sucesión de ambos eventos será una prueba necesaria para demostrar el nivel actual. Primero, por figurar ambos al nivel del mar, un colchón de adaptación tras el paso por los más de 600 metros que presenta la Caja Mágica. Segundo, por situarse en el corazón de la tierra batida, con más de una decena de encuentros a la espalda para terminar de ajustar el cuerpo a los requisitos del suelo más lento del circuito. Y tercero, por la necesidad de lanzarse a por los mayores títulos de arcilla del curso, un objetivo marcado en rojo en el calendario del jugador más laureado de todos los tiempos en dicha superficie, con medio centenar de cetros a su nombre.

Así, y con la competición sobre tierra batida a toda velocidad, con la estela de grandes partidos disputados en Madrid y como último precedente un choque abierto ante Andy Murray, un jugador muy mejorado en la superficie, con tres finales en sus últimos seis eventos de barro, la ascensión hacia la cima de la tierra batida ya está en marcha.

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