Carlos Sainz, un hombre con suerte, aunque aquel Toyota no quisiera arrancar ni a tiros...

Estuvo 17 temporadas en el Mundial de Rallys, 97 podios, 26 victorias, 2 veces campeón del Mundo, ganador del Rally Dakar 2010. ¿Acaso esto se gana si tienes mala suerte? No

Foto: Carlos Sainz, en el Dakar 2016. (Reuters)
Carlos Sainz, en el Dakar 2016. (Reuters)

“¡Carlos, trata de arrancarlo! ¡Trata de arrancarlo, Carlos, por Dios, trata de arrancarlo1”. El grito desesperado de Luis Moya aquel 24 de noviembre de 1998 en el tramo final del Rally de Inglaterra está en la memoria de todos. Faltaban 500 metros para el final de la especial (aún faltaba el enlace y quien sabe lo que podría haber pasado después) y el Toyota Corolla de Carlos Sainz y Moya, se paró y dijo: 'hasta aquí he llegado, amigo'. A Tommi Mäkinen, que se había retirado el primer día del rally, le regalaron su tercer Mundial.

Aquel fue un episodio que entró con letras de oro en 'el salón de lo fatídico' del deporte español, junto al 'no gol' de Cardeñosa en Argentina 78, la caída de Blanca Fernández Ochoa en la segunda manga del gigante de Calgary en los Juegos del 88, el codazo de Tassotti a Luis Enrique en Estados Unidos 94 o el botellazo a Juanito en Belgrado de noviembre del 77. Por cierto que, este 'salón de lo fatal' es contiguo al 'salón de la fama' y comparten puerta de entrada. Solo les separa un pasillo ilógico e invisible y se entra con el mismo billete. Pides el de la fama y, sin saber cómo, apareces en el fatídico. Para siempre o casi. El “¡trata de arrancarlo!” es el suceso número uno en la leyenda fatalista de Carlos Sainz. Como profesional del periodismo deportivo, estas historias se instalan dentro de ti, como el Allien de James Cameron. Si no las sitúas en su ámbito exacto, puedes cometer un grave y tremendo error.

[Conexión Vintage: Carlos Sainz]

Carlos Sainz, en el Dakar 2016. (Reuters)
Carlos Sainz, en el Dakar 2016. (Reuters)

Con ese bagaje saludé a Carlos Sainz en Buenos Aires en enero, como enviado especial de 'TVE' al Rally Dakar. Asistí cada día al espectáculo en el box de Peugeot. Sainz líder y Sainz fuera por la rotura de la carcasa del cambio. Supongo que muchos pensarían aquello de “otra vez Sainz, al final la mala suerte de siempre”. Pero nada de esto oí en Argentina. Vi respeto y admiración hacia Carlos por parte de pilotos, mecánicos y aficionados. Noté cariño y preocupación de él con todo el mundo. Era normal encontrarse con Sainz en el comedor del campamento y que te preguntara por éste o aquel piloto, por si había llegado o no, Albert Llovera, por ejemplo. Un tío así, tiene que tener mucho dentro.

Acordamos una entrevista para 'TVE'. Cuando tienes delante de ti un personaje como Sainz, hay que prepararse a fondo. Ya con solo estudiar su historial deportivo, se me derritieron como mantequilla en la sartén, todas las leyendas fatalistas: 17 temporadas en el Mundial de Rallys, 97 podios, 26 victorias, 2 veces campeón del Mundo, ganador del Rally Dakar 2010. ¿Acaso esto se gana con mala suerte? No. Se gana con su talento deportivo. Con su inmensa capacidad de trabajo y exigencia. Hoy, como hace 30 años. Luis Moya cuenta sobre Carlos Sainz que “las cosas te pueden salir bien o mal, pero cuando te has entregado a fondo, cuando lo has dado todo en la preparación, como siempre hizo y sigue haciendo Carlos en cualquier carrera; cuando trabajas de manera incansable, no puedes arrepentirte de nada. Si luego no te salen las cosas, nunca te sentirás que has fracasado. Todo lo contrario”.

[Sainz tiró la toalla en el Dakar cuando le dijeron que no podía seguir]

Talento, esfuerzo, pasión; vale, pero al grano: ¿buena o mala suerte? Depende. Mala suerte es estar a punto de ser el primer español en ganar un rally del Mundial en el Rally de Inglaterra del 89 y que el coche te deje tirado. Buena es ganar el Montecarlo 91 porque Francois Delecour se sale cuando tenía el rally ganado. Mala suerte o despiste es perder la llave de la habitación del hotel del Rally de San Remo 88 y no pasar por la recepción para ver la nota que Ove Andersson le había dejado en el casillero para fichar por el equipo Toyota. Buena, es salir ileso del accidente del Rally de Australia de 1991: su coche salió disparado por una ligera elevación del terreno y dio más de veinte vueltas laterales en el aire, con la cabeza de Sainz fuera de la ventanilla, golpeándose una y otra vez el casco, hasta caer al suelo con el techo aplastado. 

Carlos Sainz, un hombre con suerte, aunque aquel Toyota no quisiera arrancar ni a tiros...

Cuenta Juanjo Lacalle que cuando llegó junto al coche Sainz, le dijo: “Juanjo, o me ponen el techo de este coche más duro, o no monto más”. “Este se ha quedado tonto del golpe”, pensó Juanjo aquel día. Mala suerte es perder un Mundial, por la rotura de la culata en la última prueba del año, en el Rally de Inglaterra 1991. ¡Otra vez Inglaterra! Y muy buena es ganar su segundo mundial donde había perdido el anterior: En el Rally de Inglaterra. Mala suerte es perder una etapa por atropellar una oveja y romper el cambio en Nueva Zelanda 97. Mala o quizá extraña táctica de equipo es encontrarse unos troncos en medio de la especial en el Rally de Inglaterra cuando se estaba jugando un Mundial en el 94. “La cagamos, Luis”, dijo Sainz cuando se salieron. “No, dale, dale, arrea, ¡push!”, gritó Moya. Nada, adiós al Mundial. 

[Yo me cambiaba ahora mismo (o la suerte de Carlos Sainz)]

Y por fin, lo del 98. El coche parado y humeando a 500 metros del final de la especial. “En un equipo oficial, donde trabajan más de 300 personas, en cuanto falle uno, ya está montado el lío”, apunta Juanjo Lacalle al recordar aquel día. Fallaron las bielas de los tres Toyota Corolla oficiales, no solo el de Sainz. Aunque Carlos intentó arrancarlo, como le pedía Luis Moya, solo pudieron dar rienda suelta a su rabia e impotencia. Para buena suerte, la del Rally de Argentina 2002, rally que ya había ganado en 1991. Una victoria de carambola por eliminación y descalificación de tres pilotos que iban por delante de Sainz. El Yin y Yang taoísta que le lleva a ganar el Dakar 2010 y al año siguiente perderlo cuando iba líder con casi media hora de ventaja, por caerse a un río seco que no estaba bien señalizado en el libro de ruta. Lo milagroso es que saliera ileso de aquel accidente.

 

Mientras Sainz me contaba estas aventuras, yo dudaba en preguntarle o no, sobre su mala suerte, pero no fue necesario. Él mismo ironizó un par de veces: “¿Qué mala suerte, no? Ganar el Montecarlo o un Mundial sin esperarlo. Te lo digo, por aquello que comenta la gente de mí, de la mala suerte y tal”. No hay más preguntas, señoría. Y buscaba la cascada de datos en mis folios. Sainz empeñado en ser un piloto rápido en cualquier superficie. “Pilota como si fuera un finlandés”, dijo de él Ari Vatanen en el Rally Mil Lagos del 88. Aquel 'mensaje' para el director deportivo de Lancia en 1988, Cesare Fiorio, que había dicho que no quería fichar a Sainz porque solo pilota bien en asfalto. Picado por aquello, Sainz dejó atrás a cinco Lancia oficiales en San Remo 88, después de una escalofriante conducción en niebla, con un Ford de solo dos ruedas motrices. En aquel rally le llamaron ojos de gato. “No sabe Fiorio el favor que me hizo despreciándome, apunta Sainz”. “Contigo empezó todo, Fiorio”, leí el otro día en Twitter. Con Sainz llegó el profesionalismo al Mundial de Rallys y pudo ganar tres mundiales más, fácil. “No, pudieron ser cinco al menos, pero no me quejo, estoy contento”, me corrigió. El madrileño fue el primer piloto no nórdico en ganar el Rally Mil Lagos, el primer latino en ganar el Rally de Inglaterra, el primer y único piloto español en ganar en 'Gran Slam' de los Rallys: "Nueva Zelanda, Acrópolis, Mil Lagos y RAC”.

Luis Moya y Carlos Sainz.
Luis Moya y Carlos Sainz.

Y aún se plantea más retos. Quiere ganar el Dakar 2017, porque siente que ha hecho del Peugeot un coche ganador en solo dos años. Y además está Carlos Sainz Junior a quien acompañará durante todo el mundial de Fórmula 1. No tenemos que esforzarnos mucho para notar que junto al talento del hijo, están las enseñanzas y la sabiduría del padre. Sainz, un piloto exigente y profesional, que siempre se planteó objetivos reales y bien definidos. Con una carrera como la suya, lo de la mala suerte se queda para las charletas de bar. “Hago lo que me gusta y es mi gran pasión, conducir, ir rápido y hacer coches ganadores”. Así valora Sainz su carrera. Hace lo que le gusta, gana y encima se divierte. Solo por eso, creo que es un hombre de suerte, aunque aquel Toyota no quisiera arrancar ni a tiros...  

Tras la pista
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