se fue un personaje de una dimensión superior

El dios culé ha muerto

Se le conocía en el FC Barcelona con una palabra: Dios. Si a un culé le decías “Dios ha dicho” o “¿sabes la última de Dios?”, no había lugar a equívocos: se referían a Cruyff

A Johan Cruyff se le conocía en el FC Barcelona con una palabra: dios. Si a un culé le decías “Dios ha dicho” o “¿sabes la última de Dios?”, no había lugar a equívocos: se referían a Cruyff. Resulta difícil valorar en toda su complejidad lo que ha significado, la dimensión del holandés para el club azulgrana, porque si su ascendencia y legado en el mundo del fútbol es total, hay, simplemente, un antes y un después de él en el Barcelona.

Cruyff nació en Ámsterdam en 1947 y vivía muy cerca del campo del Ajax. Como tantos niños, él siempre se recordaba jugando desde crío con una pelota. Provenía de una familia modesta, sus padres tenían una frutería. A los 10 años el Ajax le admite en el club y a los 12 sufre el gran golpe de su vida cuando muere su padre; como consecuencia cierran la tienda y se cambian de casa. Su madre pasa a trabajar entonces como limpiadora del vestuario del Ajax y se casa de nuevo con el cuidador del césped, al que Johan considera su segundo padre.

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Muy delgado, pequeño, desde el principio Cruyff sabe que para triunfar, sus cualidades tienen que ser otras. Como siempre, él iba por delante de todos, pensaba antes y más rápido que el resto. No tenía físico para el cuerpo a cuerpo, lo suyo era la velocidad, el regate, imaginar sobre todo huecos imposibles donde colocar la pelota en espacios que nadie excepto él había visto antes.

Con 16 debutó en el primer equipo. Junto al extremo Keizer, Cruyff construyó una sociedad inolvidable que gobernaba los partidos de principio a fin. Tenía carisma, inteligencia y un cambio de ritmo increíble. El Ajax cambió la idea conservadora de su juego con un fútbol total, alegre, de ataque. Ganó nada menos que tres años seguidos la Copa de Europa y Cruyff dos Balones de Oro, en 1971 y 1973. El tercero, en 1974, ya lo consiguió siendo oficialmente jugador del Barcelona.

Cruyff y Franz Bekcenbauer durante la final de la Copa del Mundo de 1974 entre Alemania y Holanda (EFE)
Cruyff y Franz Bekcenbauer durante la final de la Copa del Mundo de 1974 entre Alemania y Holanda (EFE)
 

Su llegada al Barça

Cruyff aterrizó en Barcelona en 1973 y fue recibido como el Mesías. Era ya la mayor estrella del mundo del fútbol y el club catalán pagó 120 millones de pesetas por él, una cantidad desorbitada para la época. Era el fichaje más caro de la historia entonces. El directivo Armand Caraben fue uno de los artífices de su fichaje y la amistad de ambos y de sus familias ha perdurado toda la vida.

El Barça al que llegó Cruyff llevaba 14 años de travesía en el desierto sin ganar la Liga y el holandés simplemente le dio la vuelta al equipo como a un calcetín. Él cambió hasta el estado de ánimo desde el minuto uno: debutó en la octava jornada contra el Granada, con el Barça penúltimo en la tabla, y marcó dos goles. Fue aparecer él y el Barça encadenó una racha de 27 partidos sin perder y ganó el título. Es la temporada además del mítico 0-5 en el Bernabéu, un partido que va más allá de lo deportivo. El franquismo agonizaba y Cruyff simbolizaba la libertad, los nuevos aires. Él, tan moderno con sus greñas y su soberbia. Además, entiende enseguida que el Barça es más que un club y una semana antes del partido en el Bernabéu nace su hijo, al que inscribió, con dificultades, como Jordi. Con ese simple gesto se ganó no solo a la afición culé, sino a los catalanes para siempre.

Se le conocía en el club con una palabra; a un culé le decías “Dios ha dicho” o “¿sabes la última de Dios?”, y no había lugar a equívocos: se referían a Johan Cruyff

En el Barça jugó cinco temporadas y en 1978, tras tener problemas con la directiva, decide marcharse a Estados Unidos, donde fichó primero por los Los Angeles Aztecs y más tarde remató su gran aventura americana en los Washington Diplomats. También jugó un breve espacio de tiempo en el Levante antes de regresar a su país.

A punto de cumplir 34 años volvió al Ajax con un reto mayúsculo, pero la palabra imposible no estaba en su diccionario: triunfó de nuevo y ganaron la Liga dos años consecutivos. A los 37 vuelve a hacer gala de su carácter indómito y hace lo impensable: fichar por el Feyenoord, el gran rival del Ajax, porque se cabrea con el presidente, Tom Harmsen, que intentó humillarle afirmando que ya no tenía nivel para jugar en la primera división holandesa. Cruyff fue implacable en su venganza: el Feyenoord ganó aquel año la Copa y la Eredivise. Después, se retiró.

Cruyff saltó a la fama siendo jugador del Ajax (EFE)
Cruyff saltó a la fama siendo jugador del Ajax (EFE)

El Dream Team

Cruyff comenzó su carrera como entrenador en el Ajax, con jóvenes talentos como Rijkaard o Van Basten. Sus ideas siempre fueron claras desde el principio y no eran negociables: fútbol de ataque, vistoso, estético y un 3-4-3 intocable.

Era cuestión de tiempo que regresara al Barcelona, que le contrató en 1988. En una entrevista en el programa ‘Informe Robinson’ explicaba así los motivos que llevaron a José Luis Núñez a ficharle: “Mi situación era ideal. El club era un desastre, todo el mundo estaba en contra de todo el mundo. ¿A quién pasaba el muerto? Y yo le dije: yo vengo, pero yo decido, y ellos encantados. El problema fue cuando empecé a trabajar y me decían ‘yo pienso…’ y les contestaba: tú no pienses, aquí decido yo”.

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El arranque con el Barcelona no fue bueno; en la segunda temporada los compromisarios llegaron a pedir su cabeza y Núñez se negó. Sus relaciones con el presidente fueron siempre explosivas, pero es que él tampoco tenía el mínimo interés en mantener la compostura. “Yo discutía de fútbol con mis ayudantes porque están al mismo nivel que yo, o con los jugadores. ¿Qué voy a discutir yo con la Junta? ¿Quién de la Junta sabe algo de fútbol? Entonces no”.

"Discutía de fútbol con mis ayudantes porque están al mismo nivel que yo. ¿Qué voy a discutir con la Junta? ¿Sabe algo de fútbol? Entonces no”, dijo en su día

En su tercera temporada (90/91) al frente del equipo gana la Liga con 10 puntos de ventaja, la primera de cuatro consecutivas y, sobre todo, la Copa de Europa en Wembley, la primera para el FC Barcelona. La frase, mítica, con la que arengó a sus jugadores antes de saltar al césped fue: “Salid y disfrutad”. Con su 3-4-3, sus ideas y su carácter. Cruyff llevaba a todo el mundo al límite, presionaba sin descanso, humillaba incluso a los jugadores. Michael Laudrup, por ejemplo, se marchó diciendo que no podía soportarle más. Para otros, sin embargo, su ascendencia les marca de por vida, como es el caso de Pep Guardiola, que siempre ha llevado a gala ser su jugador primero, su disciplinado alumno después y su amigo siempre. “Cruyff hizo la capilla sixtina del fútbol”, resumió Guardiola.

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En 1991, Cruyff fue operado del corazón, un doble 'bypass', por problemas derivados de su adicción al tabaco. “El fútbol me lo ha dado todo, el tabaco estuvo a punto de quitármelo”, afirmó en un anuncio comercial. Tras la operación, sustituyó los cigarrillos por los chupa-chups.

En 1994, el 4-0 del Milan en la final de la Copa de Europa de Atenas es el principio del fin, aunque muchos opinan que en medio del huracán se dedicó a dinamitar su propia obra demostrando que a él no le mandaba nadie. Núñez había tanteado a Bobby Robson, encuentro que se filtró intencionadamente a los periódicos. Joan Gaspart se reunió con el holandés para tranquilizarle, cosa que no logró. Cruyff montó en cólera y a falta de dos jornadas para que termine la Liga le cesan. La rueda de prensa posterior de Núñez es de las que han pasado a la historia. Es aquella en la que cuenta cómo “las sillas volaban” y que las peticiones del holandés sobre los fichajes las podía haber hecho la portera de su piso.

El Barcelona ganó su primera Copa de Europa bajo la batuta de Cruyff (EFE)
El Barcelona ganó su primera Copa de Europa bajo la batuta de Cruyff (EFE)

Los ‘pro’ y los ‘contra’

Su particular manera de expresarse -la broma era que cada vez se le entendía menos a pesar de los años vividos en Barcelona- dejó sentencias que se han utilizado desde entonces, como “un palomo no hace verano” o “gallina de piel”.

Joan Laporta rescató su figura para el club. Le nombró presidente de honor y le dio la Insignia de Oro y Brillantes. Cruyff, genio y figura de nuevo, renunció al cargo y fue al Camp Nou a devolver la insignia mientras Sandro Rosell está dando su primera rueda de Prensa como nuevo presidente del club después de que se pusiera en duda su nombramiento por parte de la nueva Junta. Desde entonces, las tiranteces entre los ‘pro’ y los ‘contra’, los 'laportistas' y los 'rosellistas', los guardiolistas y los antiguardiolistas, han sido una constante. El Barcelona es un club cainita como pocos.

Josep María Bartomeu tendió de nuevo el puente y, hace solo dos semanas, estaba previsto un acto en el estadio para presentar la firma de un convenio con la Fundación Cruyff. Se anuló, según el comunicado del club “por problemas de agenda”. Entonces, ya se barruntó que su muerte estaba cerca. Sus amigos contaban hasta hace bien poco que su carácter, su particular sentido del humor y su sentido lúdico de la vida seguían intactos pese a lo visible del avance del cáncer y los estragos del tratamiento. “Estoy fenomenal”, contestaba a todo aquel que le preguntara sobre su estado.

“Después de varias sesiones de tratamiento médico puedo decir que los resultados están siendo muy positivos. Tengo la sensación de ir ganando 2-0 en la primera parte de un partido que aún no ha terminado, pero que estoy seguro de que acabaré ganando”, escribió en su página web el pasado 13 de febrero, la misma que ayer anunció su fallecimiento a los 68 años de edad. Cruyff, Dios en y para el Barça, ha muerto.

Tribuna
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