El cholismo también necesita talentos
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Pedro Gómez Piqueras

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El cholismo también necesita talentos

Lamento informar a los fieles feligreses de Simeone que pensar que sólo con intensidad, sudor y testiculina pueden ganarse partidos es una idea tan romántica como ingenua

placeholder Foto: Entrenamiento del Atlético de Madrid en el Allianz Arena. (Reuters)
Entrenamiento del Atlético de Madrid en el Allianz Arena. (Reuters)

Inmersos todavía en un desenfocado debate sobre estilos de juego y formas de ganar, son muchos los que se convencen de que Simeone, por su meditado y concienzudo planteamiento, además de por sus recientes e incontestables logros, merece ser ascendido hasta el nivel de 'deidad atlética'. Cosas del fútbol, a 2.000 kilómetros del Manzanares, muchos otros, también condicionados por la guillotina del resultado, lo tienen claro: su entrenador -Pep Guardiola- también es culpable, pero en este caso de la eliminación bávara.

Más allá de preferencias por una manera de jugar u otra y en un intento de distanciarme de contextos que sobrevaloran únicamente el éxito, considero que para un entrenador ser señalado como culpable debería de ser, aunque su puesto en el banquillo corra peligro, una buena noticia. Sí, una buena noticia porque en el momento que un entrenador consigue arrebatar el protagonismo futbolístico a sus jugadores, ese entrenador pasa a ser, desde el humilde punto de vista del que aquí escribe, un entrenador con mayúsculas. Y es que con sus virtudes y defectos, estaremos de acuerdo en que tanto Simeone como Guardiola deberían de ser escritos con letra negrita, porque si hay entrenadores capaces de condicionar el comportamiento de un grupo de jugadores, plasmar su manera de entender el fútbol sobre un terreno de juego y brindar oportunidades para que el jugador exprese su mejor versión, estos son dos claros ejemplos.

Ahora bien, seamos justos con el jugador y evitemos que el opio de la religión cholista nos confunda. El Atlético de Madrid, a su manera, hace muchas cosas bien y por eso es merecido finalista, pero, como en todos los equipos, más ricos o más pobres, es el talento individual de alguno de sus jugadores el que termina decantando la balanza hacia un lado o hacia otro. ¿O es que Neptuno estaría engalanándose si Saúl en la ida y Oblak en la vuelta no hubieran sostenido al colectivo con su talento individual?

Llegó la hora de ver las cosas como son y no como a uno le gustaría que fueran. El jugador, como individuo, es el verdadero protagonista de todo, porque aunque el fútbol sea un deporte colectivo en el que uno no es nadie sin los que le rodean, estarán de acuerdo conmigo en que cuando la acción o disputa individual entra en juego, poco o nada tienen que ver los compañeros, el método de entrenamiento o el entrenador. Porque hay jugadores que por sí solos hacen mejor al colectivo, al entrenador ¡y hasta al utillero! Jugadores que gracias a su talento defensivo sostienen a sus equipos en el marcador por una disputa o una parada imposible. Jugadores que ven y crean soluciones en zonas donde el colectivo no alcanza a responder. Jugadores que con sus goles camuflan un sinfín de errores colectivos. Jugadores que por su personalidad y confianza modifican la realidad de su equipo haciéndoles creer a sus compañeros que con él en el campo, todo es posible.

Así con todo, lamento informar a los fieles feligreses de que Simeone, como todos, también necesita del talento de sus futbolistas. Pensar que sólo con intensidad, sudor y testiculina pueden ganarse partidos es una idea tan romántica como ingenua. El colectivo es muy importante, pero no me atrevería a asegurar que es lo más importante. Facilitar situaciones para que el engranaje colectivo funcione a la perfección es tarea del entrenador. Facilitar situaciones para que el talento individual pueda expresarse es función del colectivo. Por esto, y aunque mi manera de entender el fútbol sea distinta, me gusta el Cholo porque nadie como él ha conseguido que un grupo de futbolistas crea ciegamente en su entrenador. Nadie como él ha logrado rebuscar y extraer tanto talento a determinados jugadores. Nadie como él ha conseguido disputar la hegemonía futbolística a Real Madrid y FC Barcelona.

No caigamos por tanto en la trampa de una disyuntiva mal planteada. El individuo con su talento sostiene y mejora al colectivo, mientras que el colectivo facilita entornos donde el individuo pueda expresar su mejor versión. No se trata de decantarnos por uno u otro, pues ambas realidades son imprescindibles, sino de encontrar el camino más seguro para llegar a Milán, ese que el cholismo ya ha encontrado.

*Pedro Gómez Piqueras es preparador físico del Albacete Balompié. Autor de 'Fútbol Insatisfecho' (2015), 'El fútbol ¡No! es así' (2014) y 'La preparación física del fútbol contextualizada en el fútbol'.

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