Kerber se lleva el número 1 que sería de Garbiñe Muguruza si se lo trabajase

La española parece dimitir después de Roland Garros. Encadena derrotas absurdas y no tiene el compromiso que requiere la lista mundial, que premia ser regular. Como Kerber

Foto: Kerber y Muguruza se saludan tras un partido (Reuters)
Kerber y Muguruza se saludan tras un partido (Reuters)

El ránking del tenis es pura aritmética. Los últimos números, que acumulan los 12 meses previos, aseguran que Angelique Kerber es la mejor jugadora del mundo. Finalista en Wimbledon, ganadora en Australia y también de su segundo grande del año en Nueva York en la final que le ganó a la checa Karolina Pliskova. ¿Es ella realmente la mejor jugadora del mundo? Probablemente no. Es, eso afirman los datos, la más regular. Lo otro, como todo en el deporte, es debatible.

Superará este lunes en la clasificación mundial a Serena Williams, que con problemas físicos ha estado menos suelta en los últimos meses. La estadounidense deja así un trono que en buena lógica le pertenece. Ella es la mejor y pocos se molestarían en dudarlo, no va más allá de un rato delante del televisor viéndola a pleno rendimiento para saber que ninguna otra está a su altura

Asumiendo eso, siguiente pregunta: ¿es Angelique Kerber entonces la mejor tenista que no se llama Serena? Pues, aunque sea algo más cercano a la realidad, también es improbable. De nuevo una comprobación visual lleva a esa conclusión. La mejor Kerber es una excelente jugadora, pero es peor que la mejor Garbiñe Muguruza. Y eso, que es debatible, tiene un dato que lo sustenta: las cuatro últimas veces en las que ambas se han cruzado la española se llevó la victoria. 

Es así, pero no vale de nada. Garbiñe tenía al comenzar el torneo opciones de ser ella quien asaltase el trono de Serena, pero estuvo realmente lejos de conseguirlo. Otro ridículo, uno más, hizo que su posición esté, una vez más, muy por debajo de su talento. La gente del tenis, todos los que están metidos en las pistas, miran a Muguruza como a un jeroglífico difícil de Ocón de Oro. No lo entienden. ¿Por qué pierde contra tenistas del montón una chica que, y de eso no hay duda, tiene herramientas para ser una estrella?

Si se echa la vista atrás se puede ver a Serena Williams en la final de Roland Garros de este año. Sobre la tierra de París, como lo sería en un paisaje lunar o en la cubierta de un transatlántico, ella es la favorita. En condiciones normales, imbatible. Sin embargo, un prodigio se dio en la pista Philippe Chatriere, Williams está bien pero su rival la está bailando. La mueve por la pista y no puede responder. Por primera vez en mucho tiempo, en años incluso, quizá desde la mejor época de Sharapova, Serena se queda sin respuestas. En un combate entre iguales está camino de perder. Garbiñe ha ganado Roland Garros y los cronistas se apresuran en contar su gesta. No es casualidad, no ha sido fortuna sino talento. Abran paso a la nueva reina. 

La madurez que no llega

Nadie dudaba que lo que venía después era la sostenida ascensión de Garbiñe al reino de los cielos. Sí, en su pasado tenía algunos episodios sospechosos, días malos y derrotas obscenas para alguien de su talento, pero se daba por hecho que con la copa de Roland Garros entregaban también un cheque de madurez acelerada, que la asunción de su grandeza le daría dos pasos más. Así solía ser, muchos deportistas encontraron todo su potencial cuando consiguieron su primera gran victoria.

No Garbiñe, todo lo contrario. Ella se contrajo de repente, pasó de ser una estrella a una tenista vulgar. El número 1, que por primera vez en años parecía estar encima de la mesa, podría haber sido un acicate. Ella, simplemente, no se lo tomó en serio. Después de Roland Garros Garbiñe Muguruza, la potencial número 1, ha hecho una alarmante dejación de funciones. Ha estado, dicen, mucho más preocupada por el entorno y los neones que por mantener el excelente nivel que se le ha llegado a ver de tenis.  

Si estuviese a un 50% de su potencial, aseguran los que más saben, ahora mismo estaría imprimiendo una férrea dictadura sobre el circuito. Pero no lo está, no llega ni al 30%. Sus golpes, bellísimos, potentísimos, durísimos, puro arte de tenis, salen ahora descontrolados e inestables. Lo que podía ser no es y en esa rendija se ha colado Angelique Kerber, que con 28 años nunca tuvo el potencial de la española pero mostró un reposo notable y una gran capacidad para ir haciendo poco a poco. Como una hormiguita hasta el número 1. 

Es falta de compromiso o exceso de vanidad, pensar que ya se ha logrado todo en un carrera cuando en el tenis, a su edad, quedan años por delante para terminar reinando. En la Villa Olímpica Garbiñe creía que iba a ser la reina absoluta, que toda su fama le iba a catapultar a las alturas y tendría que apartarse a la gente a su paso. Pero no, no fue así, Ella aún está en camino, en proceso. Hay cientos de selfies hechos de Rafa Nadal con deportistas de todo el mundo. Porque él sí que es una estrella, asentada, consistente, que se dilata en el tiempo. Las fugaces, en el deporte, valen mucho menos. No sirven ni para pedir un deseo. 

Tribuna
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