El fútbol (de Tebas y Villar) contra la libertad de expresión

Los mandamases del fútbol español han decidido que los jugadores solo pueden decir cosas banales en actos publicitarios. La crítica a un árbitro supone multa, aunque no medie insulto alguno

Foto: Tebas y Bartomeu, en la gala de La Liga (EFE)
Tebas y Bartomeu, en la gala de La Liga (EFE)

Salía Alexis caliente de Mendizorroza después de perder contra el Real Madrid y ver cómo a su equipo le señalaban dos penaltis que a él le parecían injustos. El zaguero se encontró por el camino el micrófono de 'BeIn Sports' de Ricardo Rosety y expresó lo que sentía: "El árbitro ha estado lamentable, muy mal, siempre es lo mismo, contra el pequeño es lo que sucede. Si eso pasa en su área no se lo pitan. Hay que decirlo claro. Estoy cabreado por el árbitro y porque en los últimos quince minutos nos hemos dejado ir y eso, contra el Real Madrid, es muy peligroso porque van muy bien en los contragolpes y nos han cazado atrás". 

El audio se reproduce en la radio nocturna y un especialista en asuntos federativos sale rápido a terciar: habrá sanción. A la mañana siguiente el Comité de Árbitros se apresura a denunciar a Alexis. Vuelvan a leer las frases del defensa. No hay un solo insulto, solo la opinión en caliente de un futbolista mortificado por una derrota. Nada que no puedan suscribir unos cuantos periodistas y aficionados que, como él, consideran que no hubo penalti alguno y que con el Real Madrid las cosas con el árbitro siempre son más complicadas. Lo más probable es que tenga multa, a la próxima optará por callarse. Ese es el objetivo de esa sanción, que el silencio reine.

El central, cuando venga la factura, no dirá nada, pero no porque no pueda hacerlo. Lo que hará el comité correspondiente será, una vez más, uno de esos actos que en el fútbol se tratan con normalidad pero que en realidad suponen un ataque a una ley fundamental. La Constitución Española lo deja claro en el artículo 20.1. "Se reconocen y protegen los derechos a expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mendiante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción". En ocasiones se confunden los términos y se piensa que este es un artículo solo para periodistas y, aunque sea la base de nuestro trabajo, eso no es cierto. Las palabras de Alexis están protegidas por la carta magna, no hay ley en el país, mucho menos un reglamento deportivo, que pueda descabalgarle de ello. Y, sin embargo, habrá multa. 

Si solo fuese un caso... Javier Tebas agarra un micrófono como solo él sabe hacerlo, con ganas de incendio. Está despechado porque los jugadores del Barcelona han hecho un desplante a la gala de LaLiga que él preside y aprovecha el botellazo de Mestalla para cargar contra el equipo catalán. "Parecía un juego de bolos. Igual sintieron el agua. Todos hemos visto esas imágenes, hay millones de niños que nos están viendo. Mis hijos si me ven haciendo una cosas de fingir o algo, a mí me daría vergüenza".

Son unas declaraciones impropias de un presidente de una patronal, del mismo que resulta incompresible el silencio sistemático de Ángel María Villar, presidente de la federación de la que dependen los comités. Tebas ha demostrado en estos tiempos que la función administrativa de su institución la lleva más o menos bien, alguno dirá que muy bien, pero en cuestiones representativas es un lenguaraz, capaz de crear incendios en los pastos más húmedos. Él es así, dicen los que le conocen, en una frase que se utiliza también con otros como Luis Enrique y que debe hacer saltar las alarmas a quien las escuche: "es así" suele querer decir que no hay quien le aguante.

Aceptado esto, que las declaraciones no son las propias de un representante de una institución, el problema viene en la reacción. Si Bartomeu se hubiese quedado en una admonición, una réplica, todo hubiese entrado en la más absoluta normalidad. La libre expresión también tiene eso, que te pueden responder. El problema es que unos días después, en la Asamblea de su club, apunta a que va a pedir que Tebas sea juzgado por el Tribunal Administrativo del Deporte. ¿Cómo? Sí, una vez más procesar a quien piensa diferente.

Para empezar, y lo más probable es que el presidente del Barcelona sepa esto, en la jurisdicción de dicho órgano no está la presidencia de La Liga. Pero no es esto un problema procedimental sino de fondo, Bartomeu quiere que haya consecuencias legales para una frase dura, que no le gusta, inapropiada incluso pero, a todas luces, legal. No hay insulto en ellas y si se consideran injuriados o calumniados pueden perfectamente acudir a los tribunales ordinarios. Ellos son, en último caso, los que realmente tienen la potestad de juzgar este tipo de delitos y dirimir los límites -amplios, ya aviso- de la libre expresión. Los que interpretan la Constitución y las normas derivadas, no un oscuro reglamento deportivo. 

Quique Setién.
Quique Setién.

"Asumiré la sanción con humildad"

Otro caso más, Quique Setien. En su frase después del partido del Sevilla, el técnico de la UD Las Palmas tiene palabras gruesas, sí. Dice que no sabe si el árbitro "hubiese tenido huevos" de pitar un penalti en su contra si se hubiese dado en el área contraria. Rápidamente se dio por hecho que habría sanción en su contra. Una buena multa. Lo peor, quizá, es que él lo asumió con normalidad dos días después. "Me equivoqué, asumiré la sanción con humildad". Está tan metido en este mundo que acepta sin más lo que, en realidad, es escandaloso. 

El fútbol tiene un problema con la libre expresión, les parece algo que no se puede aplicar en su mundo. No es la primera vez que el deporte se plantea estar al margen de la realidad, lejos de lo que en el resto de las facetas de la vida es normal. Las expresiones de Setien, Alexis o Tebas pueden no ser acertadas, es posible que merezcan contestación, pero no la tienen porque habitamos en un lugar en el que pasan fenómenos curiosos. Por ejemplo, los árbitros, diana habitual, decidieron hace décadas que iban a rechazar la opción de defenderse. Es una decisión de comité, tan aceptable como si hablaran. Aquello, por muchos motivos, se prostituyó pensando que, como ellos no querían hablar, iba a ser delito opinar de su labor, al menos en lo que se refiere a los otros personajes de este negocio. Eso, que está aceptado y extendido, no deja de ser un atropello. 

Si, por cualquier cosa, los árbitros no pudieran responder es probable que la situación fuese otra, pues no tendrían el derecho a la defensa. Pero esto no es así, no es que no puedan, es que no quieren, y la voluntad es algo muy diferente a la incapacidad o la obligación. Si mañana Undiano Mallenco, o Mateu Lahoz, o Díaz Vega, que ejerce de jefe de todos, deciden contar su opinión no les faltarán micrófonos para hacerlo. 

El mundo del fútbol es un entorno cada día más artificial. Los clubes, especialmente los grandes, han decidido que sus jugadores no son lo suficientemente maduros para expresarse con normalidad y que, por lo tanto, lo mejor es meterles en una burbuja en la que nadie les pueda escuchar. Esto es, que quede claro, una percepción que tienen las instituciones, no una realidad. Los futbolistas, ciudadanos como ustedes y como yo, tienen todo el derecho del mundo a expresar lo que quieran. Incluso tienen el derecho al pataleo, a hacer como Alexis y contar que hay cosas que les parecen injustas.

Todo eso, antes habitual, se ha ido cortando con el tiempo. Se busca un fútbol aséptico en el que no existan las heridas ni los malos momentos, en el que todo pase por un responsable de prensa con el no siempre pegado en los labios. Se trata como niños a los que son hombres, se les invita a que su normalidad sea repartir tópicos en actos publicitarios. Algunos, como Ramos, Piqué o Mascherano, no aceptan con facilidad el proceso, de vez en cuando recuerdan que son seres humanos y, como tal, tiene opiniones que quieren expresar. La mayoría, sin embargo, prefieren no salir del ala y el patronaje que les ofrecen sus clubes. Fuera hace frío. 

Falta solo un detalle más. En el argumentario de los que abogan por suprimir la libre expresión, por sancionar a quien dice lo que piensa, siempre se esgrime la violencia. El fútbol ha tenido, no pocas veces lo sigue teniendo, un problema con esto, las gradas se incendiaban y los aficionados -llamemos así a los que en realidad son vándalos- cometían atropellos y se metían en altercados. Hay que tener cuidado con esto, no se debe enardecer a las masas, pero tampoco puede pasar este hecho por encima de todo lo demás. No hay frase, piensan los adláteres de la dictadura del silencio, que no sea motivo de formar un tumulto. No es para tanto, que Alexis diga que no le ha gustado el árbitro es eso y nada más que eso, una opinión personal. No está diciendo que le linchen, ni que los aficionados se tomen la justicia por su mano. Extender eso a la violencia es malinterpretarle a él y dar por hecho que hemos llegado a un punto en el que hablar es un conflicto. Territorio peligroso, no lo compren sin preguntar. 

Tribuna
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