Los calzoncillos del doctor O

El equipo de Luis Enrique no pudo emular la remontada que consiguió contra el PSG porque, más allá de las creencias y las supersticiones, al final el fútbol es de los jugadores

Foto: Messi cae en un lance del partido. (EFE)
Messi cae en un lance del partido. (EFE)

En la novela ‘Cuatro amigos’ de David Trueba, un personaje recuerda cómo en una taberna alguien les gritó un día: “Yo a mis amigos no les cuento mis penas; que los divierta su puta madre”. La pena que relataré a continuación viene a cuento; si no, de qué. Desde finales de noviembre sufro una hernia discal que me ha pinzado el nervio ciático y me ha amargado la existencia hasta límites que no creía posibles. Como obligarme a ir a urgencias cuatro veces en un mes para que, vía intravenosa, me inyectaran calmantes cuando los derivados de morfina en pastillas ya no hacían efecto.

En estas circunstancias, un médico, un traumatólogo, un especialista que diera con la tecla era lo más parecido a Dios para mí. Y así llegué hasta el doctor O, traumatólogo, que tras varias pruebas decidió que era mejor no operarme. Y si él lo decía, amén. Pues bien, ayer me encontré al doctor O por la calle a mediodía. ¿Y qué le preocupaba? No recordar si llevaba puestos los mismos calzoncillos que el día de la remontada ante el PSG.

La definición de milagro es: “Suceso extraordinario y maravilloso que no puede explicarse por las leyes regulares de la naturaleza y que se atribuye a la intervención de Dios o de un ser sobrenatural”. Con el 6-1 frente al PSG, el Barça se pulió la cuota de milagros del año, pero a pesar de todo, los culés pensaron hasta el último momento que si se había producido una vez, por qué no dos. Así, muchos repitieron paso por paso todo lo que hicieron hace 43 días antes de ir al Camp Nou.

Con quién comieron, cómo fueron al estadio, a qué hora y qué ropa llevaban puesta. Incluso el doctor O, un médico, un hombre de ciencia al que se le supone alejado de supersticiones. Es lo que tiene el fútbol, que apela al yo más primitivo e irracional. Ni ciencia, ni leches, esto lo puede arreglar Messi, debía pensar mi traumatólogo, que llevaba una chaqueta gris, una camisa blanca y unos pantalones grises bien planchados con la raya. Pero no recordaba exactamente qué gayumbos utilizó el día del PSG y se marchó con una nube negra rondándole la cabeza.

La sequía del tridente

“Si marcamos el primero, el segundo lo meterá el Camp Nou y el tercero caerá solo”, afirmó Luis Enrique en la previa. Pues ni el primero fueron capaces de marcar los azulgranas en un asedio sin frutos, enredándose en la primera parte en protestarle todo al árbitro, sin puntería y sin saber modular las emociones, sobreexcitados, desquiciados con los colegiados. Desde Busquets a Iniesta, Neymar y hasta Luis Enrique, que gritaba desaforado en su área. En la segunda, más de lo mismo, los jugadores de la Juve parecían tener un imán: cualquier balón al área les llegaba a la bota para despejarla patadón y tentetieso o sacarla jugadita buscando la contra definitiva que tampoco llegó.

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Si el Barcelona es un equipo diseñado para que el tridente aniquile, la sequía goleadora de ‘los tres pepinos’, como los definió Piqué, ha llegado en el momento más inoportuno. Luis Suárez lleva cuatro partidos consecutivos sin ver puerta, algo inédito en él desde sus primeros titubeantes meses en el Barça. Messi no fue capaz ni de falta y resultó intrascendente en Turín y en Barcelona, y Neymar, que terminó el encuentro llorando desconsoladamente, se hartó a desbordar por su banda, a presionar, a correr, a pelear, pero de cara a puerta estuvo tan negado como sus compañeros.

La intensidad con la que anoche jugó el equipo de Luis Enrique dista mucho de la que ofreció en Turín. Y ahí se perdió la eliminatoria. Remontar un 3-0 frente a una Juve que solo había concedido dos goles en nueve partidos de Champions sonaba a misión imposible. Y efectivamente lo fue. Al Barça le siguen faltando soluciones futbolísticas y le sobran obsesiones arbitrales. En el desquiciamiento de la primera parte, cuando desde el minuto 16 hasta el 21 hubo tres disparos a puerta y quedaba un mundo por delante, se esfumaron las posibilidades y quemaron sus fuerzas con sus quejas inútiles a Kuipers.

Y, pese a todo, los aficionados que llenaron el Camp Nou despidieron al Barça con aplausos y cánticos de ánimo, agradeciéndoles así el esfuerzo y el legado a un equipo legendario ya en la historia del club y del fútbol. “Me emociona ver algo así, no lo había visto nunca después de una derrota. La Juve ha sido mejor, ha merecido pasar y pueden llevarse el título. Hemos generado ocasiones, pero no concretamos y se nos hizo una montaña”, reconoció Piqué nada más concluir el encuentro en declaraciones a Bein Sports.

Y ahora queda el Bernabéu

Con el sopapo anímico de haber quedado eliminados en cuartos de la Champions y clasificados desde hace meses para una final de la Copa que ahora mismo sabe a poco, lo único que le queda al conjunto catalán es el partido del domingo en el Bernabéu. No se sabe aún si prosperarán las alegaciones del club y Neymar podrá jugar, Piqué anda tocado en su gemelo derecho y desde el partido ante el Sevilla el Barça no ha sido capaz de firmar un buen encuentro.

Una derrota en el clásico significaría decir prácticamente adiós a la Liga quedando un mes de competición, y eso para el Barcelona es lo más parecido a un cataclismo —sobre todo porque el archienemigo, el Real Madrid, sigue adelante en la Champions y se embocaría hacia el título nacional— y el final de temporada se haría, sencillamente, interminable. Quién será el entrenador. Qué jugadores se irán. Qué líneas deben reforzarse. Qué pasa con la renovación de Messi y de Iniesta, y así, de oca en oca y tiro porque me toca. Un suplicio.

Si me vuelvo a encontrar con el doctor O, le preguntaré si para el domingo seguirá llevando el ‘uniforme de la suerte’ aunque sea para plantarse delante de la televisión. Me ahorraré cuestionarle sobre los calzoncillos. Porque incluso un sabio, un hombre de ciencia, es al final tan solo un hombre que siente que la suerte de un partido depende de él y no del juego, del fútbol y del acierto de tres delanteros que se quedaron secos en el peor momento.

Tribuna

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